Engendro de poeta maldito,
cursi monigote de espuma y felpa,
te siguen las noches oscuras,
las nubes gigantes
y las mujeres faciles
de bocas grandes,
bocas rojas.
Te ronda la histeria y la perfección.
No le temes a la soledad,
o al menos eso dices
cuando te lo preguntan
en la calle esos bastardos
que dicen admirarte.
Tendrías que haberla visto
con esa criatura en los brazos,
estaba dispuesta a pagar el aborto
y cancelar la boda,
pero tus ojos se lo prohibieron,
fue como una bofetada en la cara,
un puntapie en el culo.
Desde que te conocí
supe que serías un dolor de cabeza,
un dolor de huevos.
Sabía que las noches
con parasitos fantasmales
que se esconden tras la cortina
regresarían con olor a bebe.
Me dejaste un beso hundido
en la boca
y te marchaste para siempre.
|