La única luz era la de tus ojos
bordeando los mios
bajo tu oscura habitación.
Tu mirada revelaba un nuevo latir
difícil de explicar.
Mágicamente juntos,
rozando inocentemente nuestra piel,
anhelando juntar nuestros labios.
Eróticos pensamientos lidiaban con nuestros cuerpos.
Usando todos los sentidos
explorábamos nuestros deseos.
Sonrisas inexplicables
que surgían por momentos.
El silencio invadía
y lo único que lo cortaba
era música lenta
que ambos adoramos.
Juntos, distanciados solamente por centímetros,
compartíamos la misma almohada.
Cerrabas los ojos y yo disimuladamente
soñaba despierta.
Los abrías, nos mirábamos.
Jugábamos con el momento.
Y, por consiguiente,
dábamos el final
marcándolo con un profundo beso.
El resto... Es cosa del tiempo. |