Dos plateados e insolentes destellos, son los que tejen la trama del alucinante recorrido entre los dos…
Nada más existe en aquel momento, solo aquellos diminutos resplandores que decidieron hacer tope en mi retina, en mis inútiles ojos que se esfuerzan por no bajar la vista, por no sacar a luz el inevitable miedo que albergan, tan oculto y evidente…
Y no quito la mirada, no suelo hacerlo; me seduce seguir viendo aquel milagro, aquel resultado de mi experiencia más peligrosa y reconfortante.
Un maldito cruce de miradas con el más allá…una arrugada y extendida mano que me empuja y me atrae hacia la oscuridad que revela los misterios que nadie desea revelar, oscuridad donde todo, comienza a verse más claro…
¿Cuál será su nombre? ¿Tendrá alguno o seré yo quien deba bautizarlo?
Prefiero no identificarlo, prefiero dejar en el anonimato al cruel experimento de esta noche, a esta nueva formula que me lleva ante la presencia de un poder superior, un poder que me convierte en un ser despreciable para aquellos ojos que derraman inútiles lagrimas de locura…
Fui yo quién levanto el teléfono, fui yo quien arregló esta estupida cita con Satanás, y con mil demonios más…Y él, siempre tan complaciente, me obsequió un lugar en su maldita y complicada agenda; acudió veloz y sonriente a mi desesperada llamada, a mi suplica por tenerlo cara a cara…
Y después de tan arduo y sinuoso camino, después de tanta magia, de tanto equilibrio en la cornisa para llegar hasta él, he decidido cerrar los ojos…y despertar al fin… |