Me preocupaba desde hacía tiempo su cambio de conducta, más alejado de mí, su huidiza mirada, sus prolongados silencios. Creo que todo empezó por culpa mía; yo le enseñé aquel programa de internet de donde bajarse música, o tal vez cuando le regalé el Mp4...
Primero se embulló en eso, y más tarde su cambio de indumentaria, aquella gorra de los Newyork no se qué, sus camisetas holgadas y los jeans que parecían cagados hasta el corvejón, con esa cadena larga que le salía de la trasera del pantalón para llevar las llaves y que podría servir para pasear un perro sabueso...
Lo más fuerte fue cuando abrí aquel día la puerta del aseo y lo vi empuñando el bote de espuma de afeitar y con la otra mano daba bandazos cantando este rap:
¡ Eh tío, de qué vas,
te tiene consumida
la puta sociedad!
¡ Rompe cadenas,
mata el capital,
que no te corroa
el puto tío Sam!
Y sin poderlo evitar le dije:
- Papá, esto es muy fuerte, me avergüenzas ante los vecinos...
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