CAPITULO XVII
Después del zafarrancho; fuera de la iglesia pos quien iba a tener ánimos de fiesta, toda aquella comida y bebida se fue al carajo, mucha comida y mucho trago para nada, algunos desvergonzados la quisieron aprovechar, pero pos de donde, como quiera los dueños de las tabernas, cantinas, pulquerías; pudieron aprovechar el alcohol, y ya sabrán en las cantinas se bebía güisqui y coñac por cualquier hijo de vecino, ¡hay!, que cosas; hubo muchos que les salio sarpullido, pos el cambio de mezcal a esas bebidas tan curras, les hizo reacción, la comida se distribuyo en el pueblo por ordenes de Meliton quien en sus ultimas acciones cuerdas tuvo algo de su buena forma de ser, pero después se fue caminando como si se le hubiera salido el alma del cuerpo…
A Doña Juanita lo único que le importaba era su muchacho; lo conocía y sabia que aquello lo iba a acabar se fue tras de él diciéndole razones; pero pos el nomás ya no la oía, se había quedado vació por dentro, no creía que hubiera gente así de mala; como para decir tantas mentiras y hacer tantas cosas chuecas, nomás por jugarreta, buscaba respuestas y para su buena forma, pos no existía satisfacción, por más que le daba vueltas, no hallaba de donde una persona puede sacar tanta maldad, si él solo quería que todas las cosas; le fueran bien a todos, ¿como alguien puede ser tan duro? y nomás pensar en sus capricho y olvidarse de los demás…
Cuando Doña Juanita se dio cuenta que Meliton no la oía y por lo bien que lo conocía, que aquel hombre ya no estaba en su juicio, se fue a su casa a esperar un milagro a que volviera en razón, o que la Virgencita le arrancara aquella pena tan grande al muchacho, pero una madre no puede ser indiferente ante el dolor de un hijo y pos Doña Juanita también sentía el Dolor del Meliton, ya no le importo más, por más calzones que tuviera la Doña pos hay cosas que ni que, y aquello le dolía hasta el alma, dejo también que la vida la encontrara allí solita en su casa o más bien decir la muerte, ¡he!, que razón tenia ella cuando sospechaba que todo aquello era pura mentira…
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