Sangre salía dando mil fustazos,
cabalgaduras y hombres fue manchando;
todas las bocas en rictus babeando,
los ojos rojos, ¡Dios!, y más sablazos.
Las carroñeras son con los solazos,
brazos y piernas así están tragando;
todas las moscas allí zumbando
en gran trabajo también dan lanzazos.
Más alabardas entre dos barrancos,
otros alfanjes rotos sin destellar,
tantos efluvios por los ojos glaucos.
Aires infectos en caballos blancos,
cien cimitarras gruesas veo llorar.
Ella la muerte pasó a firmes trancos. |