23:30 de la noche, invierno en Santiago, salió al patio a llamar a su gato y allí estaban, cayendo descuidadamente sobre el piso, cubriendo su cabello, aquellos pétalos blancos:
-¡está nevando, está nevando!- se dijo alegremente.
Abrió los brazos al cielo y sola, en el inmenso espacio de la noche, corrió como una niña enloquecida, olvidando el transantiago, la carga de la tarjeta bip, las deudas, la soledad…ahora tendría de que hablar, habría un tema distinto, por lo menos por un día, después de mucho tiempo.
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