Plasmo con lagrimas palabras que ya no puedo pronunciar, pero que mis ojos brillantes de tristeza entonan muy bien, en honor a tu mortuorio corazón.
Las noches son eternas, las madrugadas caóticas, los días enteros un completo diario de epitafios, visitados esporádicamente por el tierno y tan apacible Morfeo.
La casa, las clases, la familia, las calles, los amigos y el alcohol de la mano con los viejos ceniceros desbordantes de colillas de habanos cubanos, tus favoritos consumidos por la nostalgia de tan bulliciosa soledad.
Son mi mas fiel compañía, encaminada a tan desastrosa perdición, donde sobrevivo con los tantos recuerdos que mi mente felina recopila junto a ti.
Recordando tu olvido divago andariega y pensativa las soleadas calles, que en algún momento conocimos tomados de la mano bajo la lluvia de un mes de Enero, que recuerdo como si se tratase de otra vida.
Hoy visto de largo gabán, gafas oscuras al mejor estilo de John Lennon, paraguas como bastón, maquillaje de dama gótica con vestido de arrabal y zapatos de tango, mientras delicadamente mi cabello de tono plata taciturno se resguarda del viento al interior de un negro sombrero encintado.
Y veo que estas calles no han cambiado mucho en cuarenta años que han pasado, me cambio de acera y allí esta el viejo parque del lago, donde me quito mis zapatos para entrar en contacto con la hierva fresca.
Camino sin prisa rumbo a nuestra banca, con una maravillosa vista del lago, donde una vez sentada en el mismo lugar que hace una vida fue testigo de nuestro amor, hago presencia como una fantasmagórica dama que regresa a su ultima morada antes de cerrar el telón de su existencia.
Dejo caer mi cabeza lentamente hacia atrás observando bajo las ramas tallado profundamente a la mitad del emblemático roble, un corazón que resguarda del paso del tiempo las iniciales de nuestros nombres, con una promesa de eternidad quebrantada por el olvido y una fecha que al leerla desquebraja algo muy dentro de mi.
"J y x100pre con amor para mi pekeña (1.968)" suspiro lentamente y cierro los ojos al tiempo que siento como la brisa golpea mi rostro y lucha por robar mi hermoso sombrero encintado, al compás que las hojas caen de los árboles en una danza casi perfecta hasta llegar finalmente al suelo.
Mi vista se nubla, al abrir los ojos el azul del cielo se torna gris, mi cuerpo se enfría, mis pupilas se delatan cada vez mas y a mis oídos llegan las melódicas risas de una pareja que reconozco sin necesidad de ver.
Entendiendo así que somos tu y yo, suspiro sonrío y me relajo lentamente, entendiendo que el veneno que tome horas antes, mientras recordaba tu olvido, finalmente corre por completo en mis venas, y en esta mi ultima morada yace entre mis manos la ultima carta que te escribí luego d de la llamada que te avisaba que en "El Parque del Lago" hallarías las respuestas que yo nunca halle...
ATT: Ana Laura Villalobos Guzmán
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