HIJO DE LA GRAN SIETE.
(Cuento corto)
Por: DANIEL JOBBEL.
¿Como son? Quizás no es sólo un amasijo de harina entre los dedos y un remolino de giros sobre un utensilio... Es algo más y ud. lo sabe. Lo sabe por intuición. Tal vez por sensibilidad, por sus olores, pero no por error u omisión sabe de ellos.
La pregunta es obvia y así a boca de jarro cae como baldazo, como cachetada de loco... ¿Como son los ñoquis? En la imaginaria quise intuir que no se refería precisamente a los que hacía la abuela... Y bien punzante como una pica hielos fue la respuesta:"como vos Verónica, como vos..." Ingenua e incrédula puso pausa, punto y aparte, y al grano.
Y tanto daño producen, que aunque conozcamos pocos, siempre nos parecen demasiados. Porque no hablo del mal tipo común y corriente, digamos, el mal bicho típico argentino, raza difundida y hasta popular en algunos círculos e incluso profesiones.
"Los hay cogotudos, fantoches, alcornoque, bien neo-liberal. ¿Sabés? -seguí diciendo- si es panzón es peronista seguro. Ahí viene uno patilludo insolente. Y los hay radical de primera hora con raya al costado y boina roja, demócratas progres, socialistas no convencidos, democristianos con un surtido de ideas como de disfraces. Con traje de camaleón, maestros bien perfilados, periodistas, ara-ganes oficinistas, plomeros de gatillo fácil, anestesistas de tablón; o bien apuestos con farsa de dirigente, sindicalista ombligudo; o porqué no profesional: asesor de asesores, ave negra que nunca falta".
El tipo es hecho y derecho, perfectamente consciente de su propia catadura y tan caradura como para exponerla con el más calculado orgullo. Sabe quién es y sabe qué produce: rechazo, desagrado, asco y (lo que él aprecia especialmente) miedo. Sacerdote fervoroso de un solo dios: él mismo... Dueño de una ambición sin tranqueras, incapaz de cualquier atisbo de nobleza o de vergüenza, hace un deporte de olvidar la cantidad de veces que traicionó principios, ideas, promesas, causas, personas. Profesional de la bajeza, ni se inmuta cuando la comete: lo que para otro sería un esfuerzo (forzar la moral), para él es un trámite facilongo, una insípida rutina.
Que cara de infeliz, pensó aún dormido, pensó que no era muy original en sus juicios ya que todas las mañanas a esa hora y frente a ese mismo espejo pensaba lo mismo. Un 'ñoqui' poco piensa. Es tan retorcido como las huellas de su tenedor. Es muy magro como político en su salsa, tiene su historia híbrida, su sacrilegio, y tiene sirviente que le importa un bledo (Llámese Juan Pueblo). Ese 'ñoqui' usa servilletas en un bar y las tira al cesto como las leyes.
Luego de mojarse la cara, que ya no era tan de infeliz, de afeitarse, y de juzgarla otra vez. Módicamente había dejado ser el infeliz de siempre para convertirse en el triunfante rostro de Alcides el ñoqui, del señor Alcides, del hábil Alcides, el dispuesto Alcides, el necesario Alcides, del inoportuno Alcides, del estúpido Alcides que había dejado la leche derramarse en la hornalla, aunque no le guste. Había dejado de ser infeliz por un minuto o por un día. Elogio a la servidumbre. Se acordó: era veintinueve. Aunque no le guste tampoco, una segunda indecisión: ¿de traje o sport? Mejor sport: saco tweed, remera al tono y pantalón beige.
Repetirse que primero el pantalón y luego los zapatos y maniobrar el pie para no arrugar la indumentaria. Una rápida mirada a la casa, todo en orden, las luces apagadas. Ahora sí, a salir. Día de sol como en la pizarra del preescolar. Va hacia el garaje. Elije: hoy el auto por supuesto que no. A caminar. Día de sol. Veintinueve. Además habrá que ser austero. Humildad divino tesoro...
Usa su celular para avisar a no se quién que llegara tarde. Parece que el no se quién le recrimina su tardanza, pero lo maneja todo a su piachere. Dice al no se quién que llevará los chicos a la escuela. Esa misma escuela que van los míos o los suyos. Habla de política como si fuera un habilidoso, de fútbol, de buena educación, de cine y del 'flan ravana' si se mueve, si de mueve... es 'rana'.
Alcides usa ropa marca cocodrilo, esa de marca. Auto penúltimo modelo y rasguña las piedras como ud. en las crisis, por las dudas. Ese 'ñoqui' tiene cuenta en algún banco, quizás offshore, quizás nacional, por las dudas. Ama las aves, pisa con abotinados de los perritos de orejas caídas y tiene varias amantes. Se parece a ud. A diferencia de las amantes y de que marca los veintinueve. Ese 'ñoquis' es de familia muy normal y cuando acaban las servilletas pide otro cajoncito en su mesa de café.
Sin apuro, con un cigarro entre los dedos, no hay nada importante por hacer, más que esperar. Así lo requiere la empresa de Alcides. Ahora un café al lado del río con algún amigote de turno, pues, si omitimos la leche hervida que no tomó en su casa por apuro, bien se sabe que el Sr. no ha desayunado. Y dos medias-lunas y un cortado espumoso antes de escribir en el anotador. Y antes, entretenerse haciendo dibujitos como en sus tiempos de estudiante publicitario cuando soñaba ser un triunfador. No un canalla empedernido. No un leproso de mierda. Si un gran 'ñoqui'. Piensa en que hay otros males. Por ejemplo en Colombia, es raro morir de enfermedad, le dijo Galeano. ¿Como quiere el cadáver, vuestro amigo? El matador recibe la mitad a cuenta. Carga su pistola y se persigna. Pide a Dios que lo ayude en su trabajo. Después si la puntería no le falla cobra la otra mitad. Y en la iglesia, de rodillas, agradece el favor divino. Por fin el anotador y los dibujos al cesto. Que no se culpe a nadie por eso.
El mozo recoge las servilletas con dibujos hechas un bollo y las guardas para sí. Como sorprendido por la conducta del 'ñoqui', no puede contener la curiosidad y trata de preguntar si verdaderamente las servilletas son para tirar. ¿Porqué desperdiciar tantas luego de un café? "Pobre estúpido" dijo Alcides. "No saben que las pagan ustedes..."
Las medias-lunas ricas, el cortado amargo y frío como Alcides, pagar, caminar hasta el Honorable Consejo para pensar de nuevo en el error cometido. Olvidaba: era veintinueve. A sentarse en un banco del hall del Consejo para pensar de nuevo en el error, sacar un lápiz dispuesto hacer cálculos del caso y de golpe medir la distancia con el lápiz como cuando dibujaba. ¿La anotación? Es para ud. Las cuentas y los cálculos del caso los paga ud.
Había una vez un Juan Pueblo que no perdonó y las cacerolas hicieron escuchar. Oíd mortales el grito. Que se vayan todos. Pero no le pidan peras a la mandioca. Los gobernantes no entienden de eso. Los ñoquis van al cielo. Ustedes a laburar en el infierno.-
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