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Inicio / Cuenteros Locales / khlb / El ciclo de Diógenes I.

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(“¡Un nuevo bebé!, es, como una nueva esperanza para el mundo...”)


Juan era un muchacho con problemas de lentísimo aprendizaje. Hasta los dieciséis años aún no podía leer y escribir y quizá lo hacía con una enorme dificultad. En su desesperación la gente de escuela se comentaba que solo un milagro podría cambiar su vida. Pero a Juan nadie lo pudo redimir a la sociedad –normal- que enarbolaba con esmerada pulcritud. La Moral, patriotismo, religión
Alguno en son de burla levantaba los ojos y sus manos al cielo... y exclamaba:
-“Pero si la miel no se hizo para el ocio de los asnos”.
Pero Juan, no entendía como la misma sociedad que lo marginaba, lo deseaba redimir. Por el dicho de algunos maestros, se le llegó a dar el mote de “burro cagón”. Por que si no comía miel entonces...
Juan estaba perdido, aislado del -mundo civilizado-.


( Me quiero fugar de “la realidad”.)

Así es que, con su estigma de inmoralidad salía de su pueblo para buscar una mejor vida en la ciudad. Trabajando desde cargador a vendedor de velitas afuera de los templos, ahí mismo echar la suerte con las cartas, para luego hacerse de un puesto de ropa, como ayudante y luego dueño se vio obligado a leer y escribir por la necesidad.

El tiempo le brindaría la oportunidad para reunir dinero y comprar un –puesto público- en oficinas del Gobierno. Desde intendencia como afanador y mandadero, pero no de cualquiera sino poco a poco de los –Jefes de área- La consigna que traía de su madre, fue el único recordatorio válido que conservaría:
- “Hijo cuando llegues a la capital, no se te olvide que allá todos son licenciados y todas las mujeres son señoritas, y recuerda que también atrás de cada licenciado hay un -padrote -y de cada señorita –la puta- en turno”.
Con esas herramientas pronto aprendió que la ley de la “doble moral” esta vigente tanto en su pueblo como en la ciudad, de la misma forma adquirió el fino arte de la extorsión y conceptos básicos sobre “Economía Subterránea Burocrática”. Con esto finalmente logró el premio negado por tanto tiempo, - ser aceptado en sociedad- como un “hombre de éxito y triunfador”, un hombre “realista y práctico”.
Sin embargo también resultó ser un refinado “alcohólico de cierta importancia”.



(“El Burro Cagón”)

A la subida meteórica llegó la “Gran Caída” que lo remitió peor aún que desde sus comienzos como un ebrio callejero indigente. Cometió el error fatal del que tanto le advirtió su madre. En una juerga desenfrenada en un departamento, ya reunidos algunos hombres importantes, entre el alcohol y el manoseo candente con las prostitutas y las palabras de doble sentido, resulta que Juan no se dejó y puso en entredicho la ”honorabilidad” de uno de sus -superiores- :
“!Al jefe no se le para, al jefe no se le para, al jefe no se le paraaaaaaa...!”,
Con la canción del viejo estribillo irlandés “Because his a wonderful bellow, he´s a wonderfull bellow....”

“El Burro Cagón,” se decía, “nunca dejaré de ser eso”, se reprochaba con sumo dolor, mirando con tristeza y desprecio de nueva cuenta una sociedad indiferente, para él en ese momento, soberbia e indolente y él : invisible, inexistente.
Quizá se preguntaba Dios si este hombre no sería un magnífico candidato para el "ciclo de Diógenes”, o la segunda oportunidad...

Texto agregado el 05-08-2008, y leído por 7 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
2008-08-06 01:30:49 una historia de la vivencia de un burro cagón, cualquiera de nosotros podria ser... Muy muy buena historia, la película de la vida, sigue así, suerte... ivancamella
 
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