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nunca decía una mentira, por eso todos le respetaban. ese día le vimos salir de su casa con esa vaina en sus manos que debía pesar duro. pero, todos sabíamos que tenía los brazos mas fuertes de toda la cuadra. una mujer se le acercó, colgándose de su cuello. él se detuvo y la miró a los ojos como nadie, porque, la mujer se le descolgó como una serpiente... siguió sus pasos y todos en el barrio le seguimos hasta que éste se detuvo en medio de la calle. nunca había hablado fuerte a nadie, pero esta vez su silencio y la forma de su cara, fue más fuerte que un rayo en el cielo. todos nos quedamos mudos, tan solo el aire se escuchaba. ni un auto pasó hasta que, a lo lejos, escuchamos el ruido de uno de esos... era del otro lado del barrio. era un auto muy grande, nuevo, brillante y lleno de sonidos estridentes que no notábamos si era música o el ruido del infierno. bajaron tres hombres enormes... nos asustamos y escuchamos la voz de todas madres diciendo que entrásemos. todos hicieron caso menos yo que no la tenía, aunque mi padre decía que ella estaba siempre a nuestro lado, y por eso me quedé mirando lo que iba a pasar... el hombre de nosotros no se movió, pero lo vi asir una mano su pesada vaina. los otros tres sacaron de sus espaldas tres machetazos. sentí que un hielo subía por mi espinazo. de pronto, los tres saltaron como perros hacia nuestro hombre. este no se movió hasta que los tres le tocaron... ya uno de ellos le tenía del cuello y los otros dos le cogieron de las piernas y brazos... y allí fue cuando salté disparado con un palo y traté de meterme en medio de esa locura de polvo y sangre... pensé lo peor, pero vi como en medio de ese camal humano salía airoso nuestro hombre, lleno de sangre por todos los brazos pero vivo... los otros tres quedaron durmiendo entre sábanas de polvo y sangre... el hombre me miró a los ojos e hizo un gesto seco. le entendí y me di media vuelta. ya en mi casa vi que éste entraba al auto y partía no sé hacia donde... me quedé en casa esperando... total, ese hombre era mi todo, y mi padre, pero, eso sí: ¡era el hombre del barrio!... quedé dormido apoyado en la ventana de la casa hasta que sentí los brazos de mi padre y, en silencio, volvió a su acostumbrada tarea como si nada hubiera pasado. era de oficio un carpintero, y uno bueno... me miró a los ojos y entendí todo... me levanté y partí rumbo al colegio...

san isidro, agosto de 2008

Texto agregado el 07-08-2008, y leído por 162 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-08-07 11:47:02 Barrio duro si los hay!!! Tá bueno! ElnegroHinojo
2008-08-07 07:39:56 muy bueno, pero una pregunta. habra continuacion? es que esta interesante jeje. hada7
 
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