Amigo lector, te pido que si puentuas me digas qué es lo que te ha gustado o no te ha gustado, para poder tomarlo en cuenta y ser un mejor crítico conmigo mismo, y también más amable conmigo, gracias.
Magia Interna 003 – Entrenamiento
Anoche me quede pensando, hasta la madrugada, que no había intentado comunicarme con mi familia, ya casi amanece y Sifr – la mujer de blanco que dijo que sería mi instructora – ha dicho que el día de hoy iniciaría mi entrenamiento ¿qué clase de ejercicios haré? Interesante pregunta, solamente que no tengo respuesta, de cualquier forma, en cuanto pueda pediré que me dejen comunicarme con Mamá, puede que este preocupada, digo, no la llamo muy seguido, sin embargo, quiero saber que se encuentra con salud, bajaré a la sala, está habitación es muy lujosa con sus paredes de mármol, la cama King size, el baño hasta un jacuzzi tiene, pero… todo, todo a excepción de dos pilares a los lados de la cama, son blancos… espero poder ver otro color.
Horas más tarde, en la habitación de Sifr, se escucha tocar la puerta, es Feiro que ha traído el desayuno a la habitación, sin hacer ruido lo coloca sobre un taburete del lado derecho, se dispone a abandonar la habitación cuando es interrumpido por Sifr.
- Feiro ¿Qué percepción te ha dado el joven Altaír?
- ¿Aparte de irreverente? – dijo el voz serie el corpulento hombre.
- Sí, aparte de irreverente.
- El nivel de su aura es básico, apenas logre percibirle, ¿cree que nos pueda ayudar?
- Es lo que yo he percibido también, veremos que es lo que esconde tras esa fachada de irreverencia, parece un niño asustado.
- Y con muchas razones a favor, ha entrado a un mundo en el que apenas sabe la teoría.
- Tienes razón – dijo Sifr con una sonrisa, la luz de las grandes ventanas empezaba a iluminar poco a poco la habitación. Hoy será un día interesante, al menos para el joven Altaír.
- Con su permiso Señora.
- Propio, Feiro.
Sifr se sentó en la orilla de su cama, se levanto y llevo la charola de plata en donde se encontraba un gran vaso de leche junto con una taza de café colombiano, dos rebanadas de pan medio tostado con mantequilla y mermelada de durazno, una taza con una variedad de frutas frescas y un plato con chilaquiles rojos, junto a todo ello se encontraba una hoja de color gris.
- Tan servicial el señor Feiro, hasta cuando considerará que no es el mayordomo de la casa – dijo mientras tomaba la hoja y miles de palabras aparecían dispersas en la hoja, con su mano derecha la sostenía y con la izquierda empezaba a recorrerla, las palabras parecían apartarse cuando su dedo posaba sobre la superficie, en esos momentos surgían diferentes símbolos, tanto aquellos que significaban letras, como aquellos que tenían dentro de sus trazos significados diversos.
¿Qué clase de cosas veré en estos días? – se preguntaba Altaír mientras seguía recostado en la cama, de repente, escucho que tocaron la puerta.
- Adelante – dijo Altaír, entonces entro por la puerta Leonardo.
- Buenos días chico. Te he traído el desayuno, que bueno que estas despierto.
- Este… señor Leo, no se hubiera molestado.
- No te preocupes, no es molestia, además el señor Feiro no quería verte.
- Se refiere al tipo de color…
- Cuida tu lengua en este lugar, decir que es de color puede ser tomado como un prejuicio, de hecho pienso que lo es, aquí, cada ente que conozcas es un igual a ti, un ser vivo.
- Es que… - dije mientras agachaba la cabeza, me sentí como un niño regañado, aun cuando el tono de Leo fue de lo más amable – lo siento, no volverá a suceder.
- Volverá a suceder, solo piensa un poco antes de hablar, con práctica evitarás los prejuicios, apúrate, desayuna, necesitarás energía para tu primer día de entrenamiento, la Señorita Sifr no será blanda contigo.
- ¿Señorita? Pensé que estaba casada, es que ver este lugar, cómo una mujer…
- Ha, ha – me interrumpió Leo – evita los prejuicios, cualquiera puede tenerlo, hombre o mujer, macho o hembra, dama o caballero, ente femenino o ente masculino, hermafrodita o asexuado. Es complicado Altaír, incluso todas las definiciones que te acabo de decir entran como un juicio, algo que en las sociedades humanas sucede con frecuencia, necesitas entrenamiento, no solo físico, sino mental también. Feiro y probablemente chocarán, el tiende a juzgar ante la primera reacción de las personas, pero es agradecido y leal, evita decir algo que el piense que incomodará.
- Ese será su problema ¿qué no?
- Sí… - dijo mientras daba un leve suspiro – llevas razón, es problema de Feiro, aprende entonces de lo que te conviene. Tu ropa ha sido cambiada por una más apropiada, termina tu desayuno y vístete, la señorita Sifr estoy seguro que ya te estará esperando.
- Está bien.
Leo comenzó a salir de la habitación, cuando le detuve al mirar lo que había en la charola.
- ¡Leooo! - le dije entre dientes.
- Dime – me contesto tranquilamente.
- ¿Por qué me has traído cereal con leche y un gran vaso de leche? Si sabes que soy intolerante a la lactosa.
- Entonces, come la fruta y los chilaquiles verdes que te he traído, bebe el café y listo.
- Agradezco – decía mientras apretaba una de las sabanas de la cama – tu gesto de traerme el desayuno, pero…
- La mente – me interrumpió Leo – puede evitarte los malestares que te produce la lactosa, con el entrenamiento y el tiempo lo comprenderás. Termina pronto, ya se ha hecho tarde.
Me quede callado, eso sí quería verlo, desde chamaco me ha provocado mucho daño la leche y sus derivados, quiero ver y sentir que la leche no me causa daño.
Me he puesto un pants en color negro, una camiseta del mismo color y he salido no sé ni siquiera hace cuánto que fui a un gimnasio, es más, no tengo ni siquiera idea de cuándo fue la última vez que corrí, en fin, he salido de la casa y llegado a un gran campo, está lleno de césped y un gran manzano, da una enorme sobre por la posición del sol, junto a él, observo a Sifr, vestida como el día de ayer, con un conjunto en blanco, incluso trae zapatillas, sí que me parece incongruente, si va a entrenarme, tal vez, solo digo, tal vez podría llevar zapatos para deporte.
- ¡Hola! ¡Hola! – le salude con entusiasmo mientras alzaba mi mano derecha.
- Buenos días joven Altaír. ¿Ha descansado lo suficiente?
- A decir verdad – dije mientras pasaba mi mano sobre mi nuca – he dormido lo equivalente a nada, tengo muchas preguntas y me siento confundido, a eso le sumo que no he podido hablar con mi familia.
- Pierda cuidado – me dijo mientras sonreía – joven Altaír, después de su entrenamiento podrá hablar por teléfono con quién quiera.
- ¿En serio? He llegado a pensar que como son una organización “súper secreta” – dije mientras con mis manos simulaba unas comillas – me negarían el poder hablar por teléfono.
- Por supuesto que no, usará el teléfono de la fábrica láctea, nosotros no tenemos con servicio de teléfono.
- ¿El de la fábrica?
- ¿Hay algún problema con ello?
- Es que… bueno, el solo hecho de oler los quesos… me dan nauseas.
- Realmente tendrá que trabajar en su problema con la lactosa joven Altaír.
- Sí, ya lo pienso. Bueno – dije mientras ponía ambas manos en mi cintura - ¿qué clase de entrenamiento tendremos? ¿Me va a enseñar cómo hacer magia? ¿a controlar mi espíritu? ¿palabras mágicas como Ridiculous?
- Ah, ah – dijo ella mientras con su dedo índice de la mano derecha lo movía de izquierda a derecha – usted joven, no necesita ese tipo de entrenamiento…
- ¿Entonces? – dije mientras bajaba mis manos con las palmas hacia arriba
- No lo necesita por el momento. Mire, usted guarda una magia especial, digamos, tan especial como la de Leonardo, Feiro y la mía, sin embargo, su cuerpo no se encuentra en buena condición, necesita hacer ejercicio, nutrir su cuerpo y su mente.
- Sí… me lo temí – dije con una voz decepcionante – es ejercicio físico.
- Bien joven Altaír, si ya lo comprendió, asimilo y aceptó, puede empezar dando 5 vueltas a la cerca.
- Cinco vueltas… - dije en voz baja, casi murmurando – a la cerca… ¿Qué? ¿A la cerca? Y ¿cuál cerca?
- La que se encuentra junto a la casa por supuesto, si mira ahí, en donde termina el enrejado de la fábrica, hay un camino, ese será su punto de partida…
- Pe… pe… pero si no se ve el final.
- Solo haga el calentamiento. Cuando termine sus cinco vueltas continuaremos.
- Sí… claro y usted va a tomar el sol.
- No, yo hare lo mismo que usted, solo permítame cambiarme.
- Ahora resulta, y según yo era el que retrasa… - entonces, antes de finalizar mi frase, una especie de neblina blanquecina rodeo el cuerpo de Sifr y su vestido blanco se convirtió en un short del mismo color y una camiseta del mismo color, no sabía si estar más sorprendido por lo que paso o por la hermosa figura que dejaba ver ese short ajustado…
- Sí no le molesta, empecemos.
- … - solo moví mi cabeza arriba y abajo mientras trataba de cerrar mi boca.
Seguía admirando a Sifr cuando llegamos a la cerca, ahí empezó a correr y yo le seguí el ritmo, era sencillo, estábamos trotando, aunque me trato de concentrar en mi respiración, la cerca de madera en larguísima, empiezo a sentir como necesito jalar un poco de aire, mi corazón empieza a bombear con un poco de fuerza cuando… cuando me percato que Sifr ya está más adelantada, empiezo a aumentar mi ritmo y después de unos minutos puedo ver la esquina de la cerca, ahí dobla Sifr y yo empiezo a tratar de alcanzarle, es como si estuviera acostumbrada a ello, el sol ya me hace sudar, y solamente llegar a la esquina ya me siento agitado, creo que ya he trotado más que en cinco años… ya no puedo… me paro un momento, necesito tomar aire, mi corazón golpea con fuerza mi pecho…
- Chico si te paras en este momento ni siquiera le harás sombra a la señorita Sifr.
- ¡Leo! – grite asustado – ¿en qué momento?
- Vamos, yo te acompaño, pero no puedes pararte aquí, apenas has llegado a la primera esquina de las cinco vueltas, te la ha puesto fácil.
- ¿Estás loco hace rato que…? Es más, ya ni siquiera veo la entrada en la que empezamos.
- Vamos, deja de quejarte, continua.
No tuve elección, como pude empecé a andar, después de unos veinte minutos pude ver la siguiente esquina… llevo, dos esquinas de mi primera vuelta… ya ni siquiera troto bien, traigo un dolor en mi abdomen, cada bocanada de aire que doy es un alivio y un dolor intenso, cincuenta minutos y he llegado a la tercera esquina, una hora con treinta, he llegado a la cuarta esquina…
- Le… Leo… ¿No estás cansado?
- No – respondió con cortesía, le miraba mientras me apoyaba en mis rodillas, era cierto, ni una gota de sudor, mientras yo sentía como me deshidrataba, el sol ya estaba en el centro del cielo.
- ¿Co… cómo es posible?
- Continua chico, continua. Aun no has dado la vuelta entera.
- ¿Qué dices? Deja de bromear. Esta es la cuarta esquina.
- Sí, pero no empezaste aquí, sino en la mitad de esta y la primera. En otras palabras llevas 3 esquinas y media.
- No… no inventes… - decía jadeando – ¿ya viste la distancia de esto? Y quiere que de otras cuatro vueltas más.
- La señorita Sifr ya las hizo, nos ha pasado ya cuatro veces, es decir, que… mírala ahí viene, con esta concluye su quinta vuelta.
- No, no es cierto, ¿cómo puede?
- Con práctica chico, así que, continúa.
No voy a mentir, llegue por fin a la mitad del camino, pensar que aún me faltaban otras cuatro vueltas, que hice casi dos horas en la primera mitad…
- Leo, necesito agua.
- Pues sácala.
- ¿De dónde?
- De donde quieras, tienes la habilidad.
- Leo – dije mientras mi boca la sentía seca y seguía jadeando – deja de decir sandeces…
- Yo no miento, tú eres el que evita creer.
Me quede callado, claro, es fácil decirlo, pero si no me van a enseñar a controlar mi supuesta magia, sencillo, sí sencillo… he dado cuatro vueltas, caigo de rodillas, no puedo más, el sol se está poniendo, no puedo más, me duelen las plantas de mis píes, me tiembla mi cuerpo, sudo, me siento fatal, mi corazón bombea con toda su fuerza, me dejo caer en el piso, no puedo continuar con la quinta vuelta, esto es un asesinato, el manzano ya da su sombra hacia el otro lado, la señorita Sifr… ahí sigue de píe, lleva de nueva cuenta su vestido largo, como puedo me arrastro hasta el manzano.
- Por favor, ¿Puede darme una manzana?
- Claro, tómala – me dijo mientras observó como todas esas manzanas claman que me las coma, solo hay un detalle, ninguna está abajo.
- ¿Me la puede alcanzar?
- Adelante, tómala – dijo sonriendo, me di cuenta que no me la alcanzaría.
- ¿Leo? ¿Podrías alcanzármela?
- Adelante chico – dijo con su acostumbrada voz calmada – toma las manzanas que quieras, aun falta un vuelta.
- Leo… ¿acaso no ves como me encuentro? ¿he hecho 4 vueltas sin tomar una sola gota de agua?
- Pues eso, es porque no has querido chico.
- ¿Cómo demonios voy a hacerlo? – le dije molesto mientras le tomaba de su camisa con mis manos.
- De la misma forma de la que te acabas de levantar – y era cierto, ni siquiera me fije cuando ocurrió. Ahora, toma la manzana.
Di media vuelta y como pude alcance una de ellas, fue tan deliciosa, tan jugosa, una manzana color amarilla tan rica, su sabor tan… indescriptible… de repente, cuando quise coger otra, el manzano me parecía más alto, no sé si era una ilusión, pero aun así trate de coger otra… no pude, empecé a molestarme, realmente parecía todo hecho adrede, tengo hambre y estoy poco tolerante, sin pensarlo dos veces arremeto con un puñetazo contra el manzano, estoy molesto, golpeo, y golpeo, mi mano empieza a sangrar, escucho las voces de Leo y de Sifr, pero, no tengo ni la más mínima idea de lo que me dicen, estoy consumido por mi ira, por mi frustración, ¿tanto les cuesta darme una manzana? ¿Tanto es pedir un poco de agua? Mi mano derecha empezaba a dolerme, no me importo, ahora estaba contra el árbol, algo tendría que pagar… he golpeado tantas veces que no siento mis manos, entonces vuelvo a escuchar la voz de Leo
- ¡Chico! ¡Para de una buena vez! Estás dañando al árbol…
Cuando escuche eso, empecé a detenerme, a parar y mis puños arremetían con menos fuerza, agua, muchas gotas caían sobre mí, de hecho me encuentro empapado, ¿desde qué momento empezó a llover? Sepa la madre, sólo empiezo a beber copiosamente, Leo siguió diciendo quien sabe qué, me deje caer y no supe de mi.
- Leo, creo que tenías que darle agua – dijo Sifr mientras observaba al manzano tirar agua a través de las hojas, el cielo está despejado, la noche se está haciendo presente.
- No preví esto Señorita Sifr.
- Tampoco yo, no tenemos control sobre todo. Le diré a Feiro que por favor plante un manzano y un naranjo por la mañana.
- Va a dejar que no termine las cinco vueltas.
- Leo – dijo Sifr con una voz un poco seria – acabas de ver lo que ha hecho, ni tu ni yo hemos empezado a comunicarle los conocimientos y siente lo que ya ha ocurrido.
- No entiendo, le dije que podría sacar agua de donde quisiera y eso ha hecho.
- Leo, jamás habías estado con un aprendiz elemental de Agua, mañana por la mañana verás lo que ha sucedido, llévalo a su habitación – dijo Sifr suavizando con cada palabra su voz – me va a sorprender si mañana logra ponerse de píe.
- Entendido Señorita Sifr – dijo Leo mientras agacha su cabeza y recoge el cuerpo de Altaír, las gotas del manzano siguen cayendo, con menor intensidad pero, siguen cayendo. Leo recoge a Altaír y lo lleva a su habitación, se queda sentado junto a él toda la noche.
Por la mañana Leo se ha levantado y Altaír ha abierto sus ojos.
- Ta has levantado chico. ¿Cómo te sientes?
- Molido Leo. Me duelen mis músculos… siento lo que pasó ayer.
- Disculparte con otros, venga, ¿puedes pararte? Hay algo que quiero que veas.
- Sí, creo que sí.
Me sentía como gato espinado, apenas podía poner mis píes en el suelo, llevaba puesto una pijama de ositos… quien me la haya puesto, tiene mal gusto. Leo me ayudo a incorporarme y salimos, entonces observe a lo lejos como Feiro sacaba la tierra con una pala y tenía dos árboles pequeños envueltos en una bolsa negra.
- Parece que va a plantar nuevos árboles Feiro – le dije a Leo.
- Así es, el manzano de ayer ya no dará manzanas.
- ¿A qué te refieres?
- Mira por ti mismo.
Leo señalo en dirección del manzano, me sentía desorientado, pues realmente no ubicaba bien en dónde se encontraba la casa o la fabrica… mire y quede atónito a lo que observe, el manzano… el manzano tan grande, con decenas de manzanas jugosas… ahora solo era un tronco seco rodeado de flores y hierbas que ayer no estaban, tan frágil que la suave brisa de la mañana amenazaba con tirarlo.
Fin de la tercera parte, 07 de agosto de 2008 |