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Inicio / Cuenteros Locales / onaleb / ni se clasificarlo (todo menos haiku)

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Un aeropuerto vacío. Al parecer un paisaje arrasado por una explosión nuclear. Un gran espacio cubierto de bruma y polvillo. Yo solo parado en el medio de una superestructura. A lo lejos una avioneta antiquísima comandada por un fantasma imbécil y alcohólico (su copiloto es Nietzsche, quien le dice que se estrelle en contra del gran aeropuerto. El fantasma no logra realizar la maniobra y ambos desaparecen de mi vista).

Un pequeño ser humano me mira desde lejos. Hay aplausos que se escuchan desde las lejanías. Las maños del enano no se mueven (por tanto él no aplaude, a menos que pueda aplaudir de otra forma). Nuevos aplausos, ahora acompañados de risas. Voces empiezan a llegar a mis oídos, pero el enano no gesticula nada (a menos que pueda hablar sin gesticular). Temo. Pero escucho. Y las voces hablan en un idioma desconocido. Lo claro para mí en ese momento es que no hay lógica. Todas las señales son confusas y mi aprendizaje de causa-efecto está esfumándose junto con la bruma que aún persiste. Entonces aparece Federico García Lorca y me recita un fragmento de algún poema escrito por él. Lo que recuerdo, ya que es un verso que grita, es esta parte: “pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado”. Lo grita y lo baila. Lo respira. Lo suaviza y lo estira y lo mastica y lo hace girar, y él también gira. Y en un momento gira y crece, grandísimo como él mismo ahora es Julio Cortázar quien juega con el fragmento de poema, tal cronopio toma las palabras y juega a hacer anagramas, pero poco se demora en volver a girar y ser ahora Martin Heidegger que comienza a hablar de la teoría del juego y de el principio de razón suficiente y de su suspensión como parte de la esencia del ser humano y luego vuelve a girar y desaparecer; entonces de nuevo en la bruma es el enano quien me mira con ojos de sorpresa, sin hablar, temiendo al parecer que yo le haga daño.

Me acerco. El enano desaparece. Recuerdo que estoy en medio de un aeropuerto. Recuerdo a Nietzsche y su piloto. Pero ya no los veo. La soledad en el lugar es única. Es una soledad que se puede igualar al vacío (difícil relación). Ya se que estoy solo en esto. Lo se. Y creerán en la locura de mi mente. Pero tan solo ver a García Lorca, Cortázar y Heidegger en una sola persona me llena de esperanza, de locas esperanzas, de que todo algún día cambiará, de que algún día, como diría el filosofo Holzapfel, la razón suficiente dejará de imperar en el mundo.

Texto agregado el 08-08-2008, y leído por 49 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-08-09 14:38:06 Parece que describieras un sueño que tuviste. Es extraño. Pero la narración está bien lograda. :-)...besos. albaclara
2008-08-08 11:14:05 poema tampoco. pero lo que sea está bueno. electroduende
 
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