Cada vez que asomo mi cabeza
a esta urbe de abandonados,
desposeídos del amor,
en la que ruedo mis días,
asumo mi careta de payaso,
demostrando a los que manipulan
las marionetas
mi calidad de decadente autómata,
sin atisbos de memoria,
gusano entre gusanos.
Cuando enfilo por la calle de los tilos,
el viento me tiende una trampa
invadiéndome con un aroma dulzón e insolente,
provocándome huir de mi mecánica vida,
haciendo saltar la púa de mi disco programado,
enfrentándome sin piedad al pensamiento,
ése que evito a diario,
ése que trae aparejado tu perfume.
Porque esta calle me recuerda,
que estás a la deriva de mis pechos,
alejado de su diáfana tersura .
que ya la curva de mi vientre
no se estremece al roce de tus manos,
ni mi boca se vuelve fresa jugosa
entre tu lengua y tu boca.
Porque debo aceptarme
abandonada muñeca de trapo.
oxidada autómata,
fantasmal sobreviviente de tu abandono,
gusano entre gusanos
María Magdalena |