El AGUILA Y LA SERPIENTE.
...Muchos años atrás, cuando Dios trató de recrear el paraíso se encontró con un grave problema.
No podían existir dos cosas exactamente iguales. Fué así que después de innumerables vocetos y proyectos inconclusos dió por terminada su tarea y construyó lo que a su juicio, mas se asemejaba a esos míticos y señoriales jardines del edén.
Rodeó de altas e imponentes montañas esa nueva tierra y erigió a diestra y siniestra sobre su suelo majestuosos volcanes de picos nevados, esparció con sus manos de sabio y viejo agricultor las semillas de miles y millones de especies de flores, de árboles y de arbustos que rápidamente se prendieron de la tierra fertil y humedecida por los abundantes ríos, arroyos y manantiales que había dispuesto, y tuvo después la idea de dotar a esa nueva tierra prometida del mejor clima donde se pudiera desarrollar la vida animal y la pobló después con la fauna de las especies mas diversas.
Así, esa tierra pronto se convirtió en una especie de nuevo paraíso, un reducto celestial donde la paz, la naturaleza y la armonía convivían de la mano y hacían de ese pedazo del mundo un pasaje de un sueño alucinante.
Pero aún faltaba algo, “Para semejante tierra, solamente un ser a la altura de ella” -pensó su creador- y después de mucho analizarlo inventó al primer azteca. Un humanoide recio, de razgos toscos y piel oscura dotado de una brillante inteligencia que pronto hizo reproducir su raza y transformó en poco tiempo esa tierra en uno de los imperios mas brillantes, fuertes e inteligentes del que el mundo actual tenga noción.
Así el creador, satisfecho de su obra y de la tierra que le había entregado a esos nuevos seres, dejó en sus manos el futuro y desarrollo de su civilización en la confianza de que su voluntariosa fuerza e inteligencia privilegiada los conducirían por el mejor camino...Y se dedicó después a otras actividades.
...Ahora David no comprendía que era lo que pasaba. El estudiante de ingeniería del Instituto Politécnico Nacional corría sin rumbo y sin un brazo mientras su visión borrosa se topaba en las alturas con el helicóptero militar que lanzaba bengalas y volaba en círculos cada vez mas bajos y mas cerrados sobre la carnicería de la noche.
De pronto se detuvo.
Con la única mano que había ahora en su cuerpo se frotó los ojos incrédulo de lo que veía y escupiendo saliva, sangre y miedo gritó con todas sus fuerzas a la figura fantasmal que parecía levitar entre el reguero de cadáveres tendidos en la plaza:
- ¡Correeeeeeee Lucía! ¿No ves que nos están matando?
- David, a mi ya me han matado. Corre tu, sálvate, y si lo logras diles a mis padres que siento mucho lo que pasó...Y dile a este pueblo que nuestra resistencia era pacífica, que no ibamos armados y que estábamos aqui resueltos a ablandecer nuestra posición. No dejes que los engañen David...
Y la figura etérea de la muchacha se fué desvaneciendo poco después, como deslavándose con la lluvia impertinente que no dejaba de caer.
David, todavía sin dar mucho crédito a lo que acababa de presenciar iba a emprender nuevamente la huída cuando sintío el acero frío y filoso atravesar su cuerpo una, otra y otra vez y luego una sensación de paz muy grande lo empezó a invadir.
Cayó al suelo, levantó su vista nublada por la noche y a lo lejos observó dos enormes banderas ondulando imponentes en la noche fría. Una blanca, con 5 aros de colores entrelazados unos entre otros. Y otra, la de su país, con el águila hambrienta devorando a la serpiente, y todavía tuvo la ocurrencia de pensar que tal imagen se trataba de un cruel simbolismo que justo ahora comprendía con lucidez, una especie de ilusión metafórica que ahora tomaba sentido y es que tanto águilas como serpientes eran aztecas las dos. Era el azteca que asesina al otro. Tan azteca el homicida como el asesinado. El que muere y el que mata.
¿Que había fallado entonces en aquel proyecto perfecto y celestial que Dios había preparado para nosotros? ¿Donde fué que nos equivocamos? ¿En que momento nos habíamos convertido en los asesinos y exterminadores de nuestra propia sangre?
Se quedó pensando sin encontrar una respuesta mientras su ojos empezaron a cerrarse despacio, muy lentamente, hasta que poco después se quedó dormido. |