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Inicio / Cuenteros Locales / vihima / PequeÑoS InfierNoS-VampiriSmo

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“No se ama un mito por casualidad”


LA CAROLINA, 1899

María sale disparada tirándose de las enaguas. Él la espera bajo las escaleras, fumando, con semblante de juez. Su altura, los brazos cruzados y esa mirada de águila le hacen parecer una especie de ángel justiciero.
De camino a la casa de sus padres él la adelanta y no pronuncia palabra. Ella anda siempre tras su joven marido y es por eso que tiene que aprender a caminar deprisa.
Al fin llegan, hay mucha gente, es la presentación del novio de la hermana de María. Durante una hora ella lidia con todos los invitados, mientras él sólo felicita a su cuñada, cruza los brazos y se aísla. Ella intenta que él participe en varias ocasiones pero sólo se encuentra con su mirada verde y fría.
Finalmente, a las dos horas, él le hace un gesto amenazante y ella se despide de todos alegando que se halla algo indispuesta a causa de su reciente embarazo.
De vuelta a casa él apresura aun más el paso, ella intenta agarrarle del brazo pero recibe un manotazo. Una presión atenaza su estómago.
Cuando llegan, ella se sienta y no se atreve a hablar… Cuando está así es mejor no molestarle. Se sienta cabizbaja a esperar y al fin él estalla.
- Te parecerá bonito lo qué has hecho hoy ¿verdad?. Primero llegamos tarde por tu culpa…
- Lo siento, yo…
- ¡Excusas!, estoy harto de tus excusas absurdas.
- Escucha, lo siento, sé que siempre tardo mucho, pero tampoco creo que un cuarto de hora sea para esto, yo…
- ¡Cállate! Fue más de un cuarto de hora, y luego en la fiesta, con aquel idiota…
- ¿Qué? No entiendo.- La presión del estómago crece expandiéndose hacia el pecho.
- Aquel chico te miraba todo el tiempo y tú estabas siguiéndole el juego.
- ¿Qué chico?, te juro que yo no he mirado a nadie, créeme por favor.
- ¡Sí, como cuando dices que vas a estar a tu hora! Hipócrita, mentirosa.
- Eso es distinto, yo… jamás te miento Miguel.
- ¿Te gusta él?
- ¿Qué… quién?
- El hermano del novio de tu hermana, se le caía la baba mirándote, ese va detrás de ti y tú le sigues el juego como una cualquiera.
- ¡Pero si no sé ni quién es, si no tengo ni idea! -La angustia atenaza su cuello- Me estás volviendo loca…
- ¡Loco me vas a volver tú a mí! Pero no te lo voy a consentir. Igual que nunca más vamos a ir con tu gente, para que me dejes a mí de lado.
- ¡¿Qué?, ¿pero qué querías que hiciera?!. ¡Intenté que tú participaras pero estabas cerrado en banda!
- ¡¿Cómo quieres que esté si mi mujer se pone a tontear con el cuñado de su hermana?!!
- ¡Y dale!, piensa lo que te dé la gana, ya estoy cansada, siempre estás igual, siempre hay un motivo para estar mal, parece que no hago nada bien, y lo peor es que son cosas que ni siquiera pasan.
- ¡¿Qué quieres decir?? ¿qué soy yo?!, ¡claro, la culpa es siempre mía, por eso me tratas como una mierda delante de tu familia.!!!

Ella comienza a respirar con dificultad, le falta el aliento.

- No me grites más por favor, intentemos hablar bajo, nos van a escuchar los vecinos.
- ¡Me importan poco los vecinos! ¡No puedo hablar bien contigo, no te lo mereces!

Ella rompe a llorar.

- ¡Qué no llores mujer!
- No puedo evitarlo...
- ¡Claro, lloras porque yo soy el malo!!
- ¡Lloro porque ya no puedo más!
- ¡Qué te callesss!!! ¡Qué te calles histérica!!

Ella explota.

- ¡No quierooooo!!! ¡No quiero callar másss!!

Él la agarra por la solapa y la levanta amenazante con todas sus fuerzas mientras con la otra mano le tapa la boca. Ella se queda paralizada, el cuerpo de él es muy grande comparado con el de ella, su rostro se ha desfigurado, el hombre que volvió de la guerra de Cuba no es el muchacho que ella despidió en la colina del pueblo.
De pronto, consciente de lo que está pasando, la suelta espantado.
Ella sigue inmóvil, sin reaccionar, él intenta acercarse turbado y ella en un giro imprevisto y rápido agarra una silla de forja y se la tira. Él apenas tiene tiempo de esquivarla, se tira a un lado mientras ve como la silla cae con un gran estrépito contra la pared.
Está impresionado ¿cómo una chica de su complexión tiene tanta fuerza?... Si le llega a dar… La mira asustado, ella está temblando, las lágrimas le caen por los ojos pero permanece callada. Al cabo de un rato él rompe el silencio:
- -No querías hacerlo, ¿verdad María?...
- -No vuelvas a tocarme.-Respondió ella contundente.

Él se queda en el rincón, confuso… comienza a llorar. Recuerda tantas veces que su padre pegó a su madre, a veces con motivos, al fin y al cabo para eso era su mujer, pero él no quería convertirse en eso, es lo que más había odiado… y luego aquellos dos años en la guerra habían desatado demonios terribles en su interior. Pero ahora su mujer no le respetaba, y él tenía que cambiar eso, pero ella era lo único que tenía, él no tenía ya familia y esperaba un hijo suyo.
- Te perdono- le dice él.

Ella lo mira sorprendida.

- Sé que las mujeres embarazadas hacen lo que sea para proteger lo que llevan en su vientre y yo no quiero perder a mi niño ni a ti. Así que haremos como que esto no ha ocurrido nunca porque no has sido tú, ha sido tu instinto el que te ha hecho defenderte. Tú eres lo que más quiero en el mundo y yo no quiero ser como mi padre, nunca más volveré a tocarte y menos estando embarazada, pero me tienes que prometer que me vas a respetar…

Ella no puede contestar, contempla la escena en segundo plano y sólo puede escucharle cuando él sigue hablando ajeno a todo.

- Nunca te hablo de la guerra ¿verdad?. Pues hubo una noche que recibí un tajo de cuchillo a traición, mira, es esta cicatriz del cuello al hombro. Mi enemigo huyó creyendo haberme matado y me dejó allí desangrándome. ¿Tienes idea de cómo es desangrarse, que te arrebaten de golpe tu esencia más vital, tu sangre…? Primero una angustia como un vértigo atenaza tu estómago, luego esa angustia sube al cuello y se va cerrando hasta que te asfixia lentamente. En esas circunstancias un hombre sólo puede hacer dos cosas: abandonarse y morir o estallar… Pese a la debilidad, estallé, en un llanto agudo como el de una mujer… y eso atrajo más enemigos, dos en concreto. Cuando me vieron allí medio desfallecido decidieron matarme y entonces fue cuando un instinto como el de un animal me hizo reaccionar sobreponiéndome al dolor. Podría decirte que pensé en mi madre, en ti, en la patria… pero mentiría… sólo pensé en mí y en mi vida, cogí mi escopeta y los acribillé a balazos. Cuando acabé sólo dejé dos despojos de lo que habían sido dos hombres jóvenes… Aun no sé como pude ni mover el brazo… pero si hoy estoy aquí es por eso. ¿Sabes lo que solía decir mi padre? Que los hombres que son buenos para la guerra no son buenos para querer… ¿Entiendes lo que te hablo María?

“Claro que te entiendo amor, te entiendo perfectamente”… pensó la muchacha, pero no pudo pronunciarlo.

Entonces comenzó a llorar amargamente, sintiendo como el llanto la convulsionaba… ojala y pudiera irse muy lejos, ella y su bebé, pero en ese momento se sentía indefensa, asustada, vulnerable… Se dio cuenta de que si le hubiera caído la silla en la cabeza podía haber matado a su esposo…
“Procedes de una casta de bellos asesinos” era la voz de su madre resonando en su cabeza.
¡No!, ¡ella no tenía culpa de los pecados de su familia! El llanto la quebraba amenazando con romperla.

Él se acercó a ella temiendo por su estado y la abrazó con toda su fuerza.
- No llores bonita, por Dios, que me estás partiendo el alma. No debí de haberte contado esto, eres demasiado sensible. No dejaré que pase otra vez, no te va a pasar nada malo ni a ti ni al bebé. Ya está mi niña, yo sé lo que has pasado, los dos hemos sido desgraciados, pero Dios te puso en mi camino y sólo quiero hacerte feliz… déjame quererte, déjame hacerte feliz…

Entonces él comenzó a besarla y ella dejó que le hiciera el amor porque necesitaba agarrarse a algo, como una sanguijuela que se la lleva la corriente y topa con carne fresca… y él le hizo el amor con el frenesí del que quiere atrapar al viento, cayendo sobre ella como la ciega garrapata que se arroja del árbol sin saber si topará con su deseada víctima o con el duro suelo…

Al terminar se sintió exhausta, como si le hubieran arrebatado la sangre. Miró a Miguel, desnudo, a su lado, aquel monstruo de hace un rato se había convertido en un niño que ahora se acurrucaba en sus brazos quedándose dormido… “No me dejes nunca” susurró él antes de cerrar los ojos.

Un gran vacío comenzó a abrirse en su interior… como una sed siempre insatisfecha… Dios, ¿qué era esa sensación horrible?, no lo sabía, pero no le era desconocida, supo que había estado ahí todo el tiempo, sólo que ahora era tan evidente.

Pero quizá el bebé pudiera llenarla, sí, quizá si tenía muchos bebés... Se acurrucó junto a Miguel dejándose llevar por el sopor del sueño.

De repente un temor frío abrió sus negros ojos. ¿Qué pasaría si sus hijos heredaban aquel vacío, si esa necesidad era contagiosa y se transmitía de generación en generación, de madres a hijas?…

¿Qué pasaría si no encontraban la manera de saciarse?...

Texto agregado el 14-08-2008, y leído por 93 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2008-08-16 14:48:16 Muy bueno, de una gran imaginación. Me gustó, es de estilo vampírico dramática. SerKi
2008-08-14 23:53:38 Muy interesante, realmente capta la atención. Kbjiara
 
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