Kilos y gramos de esperanza surtida,
Litros y gotas de confianza inmadura,
Mezclados con calor ciego,
En –al menos- un corazón sincopado.
Por un minuto o una semana,
Hasta que tome punto caramelo,
Y se forme la costra dulce,
Que cubra las heridas del ayer.
Y se encargue de disimular la sal,
De esas lágrimas...
Ineludibles.
Luego se deberá lavarlo todo,
¡Tal vez sea necesario una purga!
Pero se habrá saboreado la locura.
De cocinar el corazón,
Y servirlo a la persona amada.
Y compartir –con suerte-
un nanogramo
de dicha desvergonzada.
......
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