Bajo la caricia trémula del agua,
mi seno se estremece como dulce paloma
en el recuerdo del hombre lejano,
mientras las risas de mis hermanas
danzan traviesas entre las gotas que salpican
nuestra virginidad de sacerdotisas del amor
Mujeres plenas,
Vestales de ofrenda,
deseosas de entregas,
en la ausencia del hombre truncadas,
aguardando el regreso de nuestros
bienamados
enquistados en cruentas luchas allende los mares,
obteniendo trofeos en su varonil intento
de venerar a los dioses de la guerra,
lejos de nuestros brazos que los añoran.
Hombres héroes que suspiran cual niños
en sus solitarias noches,
palpitando de deseo bajo otros cielos,
evocando nuestras níveas redondeces,
la textura de terciopelo de nuestra piel,
y el fresco embrujo de nuestros labios,
añorando acariciarnos, deseando poseernos.
¡Oh mi amado!
Regresa pronto que mi alma
sangra de pasión en tu recuerdo,
anhelando la dulce y enardecida
fricción de tus labios
recorriendo cada uno de mis arcanos,
apagando el fuego que me consume
y que no aplaca la frescura cristalina
de esta fuente virginal.
¡Oh mi tierno enamorado!
Desde este solitario refugio de mujeres
en que desnudas exhibimos nuestros encantos
a la mirada traviesa de los elfos.
Desde este lugar de mágicos hechizos,
en que los dioses preservan nuestros tesoros.
Desde este manantial incólume de ensueños,
escucha mi canto que se eleva en el aire
suplicando por tu regreso.
María Magdalena |