Al anochecer atrapa del viento
todas las palabras dispersas
y las ordena en un papel.
Los versos son muy escurridizos,
y cualquier descuido basta
para no volver a encontrarlos jamás.
Siempre alerta lucha para que,
al finalizar, le resuciten,
aunque sea por unos momentos.
Si no logra crear un poema seguirá muerto,
hasta que el céfiro esparza sus verbos
nuevamente cerca de él. |