Erase una vez un naufrago que se negaba a la Mar. Negaba su raíz, al ver su naufragio.
Decidió vivir sobre un pedazo de tierra y plantarse en esa maseta en su propio olvido y resignación.
Que grave error ya que el marinero aunque se hunda con su barco, siempre será a la mar naufrago o no naufrago.
Al alejarse de sus horizontes aquel marinero perdió el rumbo, y cuando se pierde el norte el barco ni se hunde, ni arriba, y si trae mala suerte encima.
Pero a historia no termina, sino cuando el naufrago capitán en su velero se encamina, al encontrar esa brújula que a la mar lo llevara encontrando sencillamente la felicidad.
Felicidad que viene en pequeñas dosis pero que en ese lugar plenamente encontrará a diferencia de otros mundo extraños donde esta escasa esta.
Daniela Tovar
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