Sentado bajo el viejo árbol de mi infancia, llorando por cosas que el recuerdo trajo, justo cuando bañaban mis lágrimas las raíces de mis penas, la procesión deja escuchar sus rezos. Seguro iban ellos rumbo a la parroquia del Niño Dios en Malloco. !Tenía tanto que no me sentía niño! ¡Tanto que no Creía Dios!justo al final de las grandes filas de creyentes, un jovencito al parecer enfermo de sus facultades mentales me gritaba:¡Ven! Hombre del árbol ¡ ven!Su risa estúpida al principio me dio vergüenza, ¿por qué tenía que haberme visto precisamente a mí? No comprendo lo que invadió mi mente, si un coraje por interrumpirme, de alguna manera pena por el llamado de alguien que no era el mejor.El más tonto, de los últimos, el idiota me jaló a la fila y no sabía ni para que o porque estaba allí.Ese Dios al que adoraban ya había muerto en mi corazón muchos años atrás.Cuando llegamos a la parroquia, por alguna razón extraña atendí al mensaje de amor que aquel hombre predicaba. Quizás buscaba motivos para justificar mi amargura y falta de fe, pero... por alguna razón doble rodilla, un suspiro brotó de algún lugar tan profundo que no puedo localizarlo y... las palabras del sacerdote me dieron una paz que llenó mis eternos vacíos con reposo. Aun no comprendía bien lo que estaba viviendo, extasiado en ese placer me dejaba llevar, cuando apareció nuevamente aquel infante, aquel niño que tartamudo me dijo:‘Tú eres muy bueno’Quizás no lo sea, quizás solo un idiota pueda imaginarlo, pero...
Desde entonces lo creo.
*Se necesita ser muy idiota para creer que alguien es bueno, o... muy bueno para seguir a un idiota.
RHCastro |