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Inicio / Cuenteros Locales / deojota51 / FRAGILIDAD DE UN CAMINANTE.

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FRAGILIDAD DE UN CAMINANTE.
(narrativa breve)
DANIEL O. JOBBEL


Me arruine un poco al habituarme a tanto movimiento. Es una fragilidad intensa. Anduve mil caminos entre sol y limbo. Llevo barro en las suelas, sangre en las manos, raíces abrazadas a la tierra. Pueblo atado a mi cintura que voy arrastrando con piernas cansadas. Sí alguna vez me detuviese ¿Qué haría? Insisto en que prefiero no prefigurar el futuro. Al contrario, siempre estuve interesado en reflejar el pasado. ¿Por qué? No lo sé. Pienso que la vida es como un camino que te ofrece recodos donde espiar. Siempre tengo la sensación de que voy a chocar por mirar atrás.
La gente mira hacía el futuro y no tiene perspectiva del pasado. Pero, ¿es la huella que debemos pisar? ¿Quién puede predecir cuando llegará esa ola de miedo? El eje cambia como la roseta de los vientos y cuando el viento sople en la dirección correcta, no se puede explicar ni dar nada por sentado, ni uno puede pensar que te pertenece. Lo único que se puede hacer es adueñarte del modo en que vivís dentro de esa suerte que te toca. Con mis zapatos andadores descubrí el color a edad en la materia, las rajaduras en la epidermis del piso, el musgo en el vientre de cada roca, el agua en las vertientes, el sigiloso río, el silencio de los inocentes, el calvario de los hornos, el opio de una noche clara.
Descubrí una amapola enamorada bajo un viejo farol, y le regale el amor debajo de sábanas con rictus de sudor. En un ritual de piernas, en su entrevero me mostró la vergüenza de la gente, su ajetreada sombra en las baldosas, la que dá pelea, la que se empecina a seguirme, la que se esconde detrás de la luz, la que asoma en cada esquina, la que observa, la que siente, la que ve como creo que veo, sombra ajada: silueta de mi estirpe.
Durante el andar nómade escondí en mi vieja alforja el polvo arenoso; significaban los dolores grandes y muchos, las alegrías chicas pero pocas. Es mi orgullo. Mi caballito de batalla que me ofrece fuerzas para seguir el viaje. En mi manto acobijo los pensamientos, los sueños locos, las ideas claras y algún verso perdido que acompaña el cantar de un pedestre camino.
Recluté en mis 'iras' todas las palabras de un andar cansado para consumir alguna pena larga. Fue una ráfaga de viento la saeta de esperanza, un pocillo de café mi compañía recordando largas ausencias, el sol mi guía y el diario un viejo amigo. El bar, es sobre todo, un refugio para muchos y se adopta por diferentes razones.
Tuve muchas sillas que me invitaron a parar. Y si no hubiera sillas, tuve atajos por donde seguir el buen camino. Y una silla es compañía en soledad. En un pocillo de café existe una única conexión a esa cita periódica, un único encuentro entre semejantes ya que, se trata en esencia, de impertinentes solitarios. Y el bar los une, el café compartido en una charla es posible dar rienda suelta sin culpas a sus necesidades de esparcimiento. Confieso amigos. En la calle el silencio está y va pasando a mi lado. Viajo colgado del amor que puede: ser ruinas, pasión o un rastro de mujer. Son espejos a los pies que secan la garganta con el sol, restos deseperados de felicidad, son hierros que fundieron la paciencia.
Desde una mesa repleta cualquiera decidí aplaudir el harapo de los pobres, un mantel importado, un vino añejado y aquel auto elegante. Observé reír al payaso, ví llorar las magdalenas, anduve de feria con barriletes malabaristas, equilibristas de la economía y pájaros sin tripular en el cielo de copas verdes perennes. Arbolitos callejeros cambiarios y prostibularios de las barriadas que crecen en la urbe. Vendedores inescrupulosos que acopian, proveen como dios manda, los pescados, las verduras, los quesos, el ajenjo, el jengibre, los dulces, los postres vigilantes, los mariscos apestosos, los fiambres, los trapos de piso, el paco, prendas peruanas de la Salada, botellitas de escabeche con o sin morrones, ajos, cebollas, y limones de piel lustrosa. Ofrecen alpargatas a tres pesos y pan dulce lacteado madrileño o caserito para que lo lleve con confianza la señora de la casa. Sí señores, así son los feriantes. De todo un poco.
Supe de los peligrosos presidentes y los generales que destripan gentíos, los reyes de las finanzas que secuestran países, como dice Galeano; los poderosos tecnócratas que roban salarios, empleos y jubilaciones como un puñal del asesino, observé al policía hacer la vista gorda, al empresario sacar bocado con buenas coimas; ví mendigar un niño con mochila clara: ¿llevaba adentro sus ilusiones? ¿O su muda infectada?
Caminando, vivir dejando huellas, es saber que mañana se vive o se muere. Aceptar que es muy duro ser criticado. Es decir que existe el sol del mediodía, el pan caliente que alimenta, la música de los pájaros, y el aguardiente. Alguna silla que invite a parar. Es saber que existe la buena conciencia, la esperanza del alma, la voluntad del cielo, la injuria que hacemos y la que recibimos…
La naturalidad digna, la fe entusiasta, el placer de disentir, la mala onda, el resquemor humano, los ojos a través de las lágrimas, el orgullo sin naturalidad, la madurez serena, la inquieta juventud.
Caminando, vivir dejando huellas, es saber que mañana se vive, un éxito, un fracaso, una mala frase, una verdad que valga, otra que calla, el origen de la rectitud, la holgazanería, la soberbia.
El murmullo de las malas lenguas, la critica de otras, el mensaje de unas pocas, la fascinante vida cuando el dinero habla, la pordiosera miseria cuando el dinero falta, la misma falta cometida por un humano. La piedad, el oprobio, el arrepentimiento, la benevolencia, la vergüenza, la rectitud, los pecados capitales, todo derecho de mandar, ninguno a obedecer a quien no tenga facultad para mandar.
Para ser lo que soy antes fui lo que era. De manera tal voy entre lo cotidiano de la vida, tranquilo devorando ideas para comprender los designios puramente humanos. No recluto glorias de viejo andante ni penas sedentarias. Solo se debe mi victoria a unas presas de despecho y a otro tanto de rendidos perdones. Y amigos no me avergüenzo. Para saber si uno existe, basta tocarse a uno mismo, decir buen día, mirarse al espejo y con el bastón de la vida, aceptar, dejar todo e irse...-


Texto agregado el 04-09-2008, y leído por 27 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2009-01-01 07:36:06 Excelente descripción de vivir.Mis 5*. mystica_1503loquequedademi
2008-09-04 06:08:48 Eso es la vida, un tránsito, un eterno peregrinar... 5* ZEPOL
 
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