Me formé en la cola con los demás inválidos. Le preguntaron al primero qué le faltaba, una pierna, dijo, le dieron unas muletas, se alejó feliz, caminando. Le preguntaron al segundo qué le faltaba, las dos piernas, dijo, le dieron una silla de ruedas, se alejó feliz, empujándose con las manos. Me preguntaron a mí qué me faltaba, el alma, dije, no tenían, regresé arrastrándome a casa, a seguir escribiendo. |