Un largo camino a casa
Dicen que los magos vivían para atrás en el tiempo, entonces Merlín decía ¡cuidado Arturo!, después que este se caía, porque para ellos el tiempo no existía era sólo una ilusión del hombre.
Si es así, no está tan mal perder el tiempo mientras no se pierda el camino.
Y me sumerjo en tus ojos que tienen arroyitos de luz para recorrer nuevos rumbos.
El camino es largo y sinuoso pero el agua que me transporta me ayuda a seguir, a veces parece el final pero una gran ola de energía me impulsa y puedo continuar. Voy cortando malezas que se quieren adherir, no siempre puedo con todas, pero sigo, porque al mirar atrás el camino se cerró.
No sé cuánto falta para llegar, lo extraño es que siendo tan intrincado y profundo se aclara a medida que lo transito.
Intenté tomar un hatajo pero se oscureció bastante y debí esforzarme para encontrarlo de nuevo.
Debo haberme dormido, seguramente soñé y recuerdo que el arroyito se convirtió en mar, luego se cristalizó estallando en mil fulgurantes estrellas y cada una contenía en sí nuevos caminos y al unirse formaban un fabuloso escudo de luz.
Cuando ya casi no distinguía mi estrella del resto, desperté, aunque no estoy segura, tal vez ahora esté dormida.
De lo que estoy segura es que el paisaje del alma lo vamos dibujando a medida que vivimos y se que vale la pena encontrar ese mágico arroyito y superar cada prueba, para ir construyendo el largo camino a casa.
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