Las Fierro siempre estuvieron en el pueblo, tres generaciones de curanderas, era raro, pero la mayoría del tiempo eran siempre tres generaciones… según decían ya estaban cuando se fundo Las Carpitas… eran como la tierra misma, su campo tenia títulos de la época de la colonia, una hermosa, verde y arbolada estanzuela, limitando con la estancia Las Carpitas, que diera nombre al pueblo, el río, el viejo cementerio y la montaña al fondo… Nunca se les vio un hombre en la propiedad, ellas cuidaban de todo, aunque sin cultivar la tierra más que para el sustento, algunos pocos animales y los yuyos de todas las especies entremezclados de tal modo que solo ellas podían distinguir rodeaban la enorme casona, eran su protección y no necesitaban nada mas para estar seguras, según ellas mismas decían.
Tampoco se les conocían problemas económicos, en las peores épocas del país, ellas estaban bien, nadie sabia como, pero así era y no se atreverían a investigar o comentar… y mucho menos a preguntarles… no era cosa de desafiar a las Fierro.
Claro que cuando las consultaban por sus males, algo siempre dejaban los del pueblo, pero las curanderas no pedían mucho y la mayoría de las veces eran pollos, patos y gallinas lo que recibían, y siempre algún lechón llegaba para aumentar la piara, en parte del pago por sus curaciones.
Del resto de sus oficios poco o nada sabía el pueblo, pero que los tenían… de eso nadie dudaba..
Los chicos no les tenían miedo, los grandes si, decían que tenían poderes y podían hacer el “mal”… cosa que las hacia muy atractivas para algunas mujeres resentidas del poblado.
Contaban que la Martina le había pedido un “trabajito” a la mas vieja, cuando se entero del engaño del marido… como sea, la cuestión que el fulano murió en un camino de un infarto, muchos creían que por “el favor” que Martina le pidiera a la Olinda, la mas viejas de las Fierro y que en pago había recibido ese saco de piel de nutria que era de la Martina, ella lo negó y dijo que se lo dio por que estaba apolillado…hecho que buscaban afanosamente los ojos del pueblo, sin encontrarlo, pero nadie decía ni mu… no era cuestión de enojar a la Olinda.
Con los chicos las cosas eran distintas, las tres mujeres les daban caramelos que hacían con azúcar, pupa y jugo de frutos silvestres, muy ricos por cierto y la envidia de la confitería del lugar, que varias veces las habían tentado para que les vendieran “la receta” y luego a comprarles los caramelos… pero nada de eso se cumplió… ellas los elaboraba y los pequeños del pueblo los disfrutaban… todos sabíamos que hasta cumplir los doce podríamos contar con ellos y la libre entrada al campo, después ya no éramos bienvenidos en la vieja y fascinante casa, ni en el campo de las Fierro, cosa que se cumplía a raja tabla.
Pero la última generación se había revelado… y por aquellos años se escapo del dominio de abuela y madre, para luego volver al pueblo sin dar explicaciones, de la noche a la mañana, como se la vio por ultima vez, se la volvió a ver de vuelta.
Delia, la más joven de las Fierro, concurrió a la escuela, contra la voluntad de la madre y la abuela, que, además de castigarla, le rompían los cuadernos que las maestras de la Nacional le daban.
Así las cosas y sabiendo, por la propia Delia lo que pasaba, le permitieron dejar todo en la dirección, hasta el guardapolvo, que ya varias veces la vieja lo había quemado.
Fue así que cuando se fue, todos pensaron que no volvería, que buscaría progresar fuera del gobierno de las dos mujeres, los que la querían bien se alegraron… el resto? pues… ni se intereso, solo se supo que se había ido del pueblo en el ómnibus de las diez de la noche, un lunes, día que había poco pasaje y algunos chóferes buenos, llevaban a los que no podían pagar a la capital de la provincia, la mayoría buscando trabajo y progreso.
A los pocos meses de su vuelta se supo el porque…. Delia estaba embarazada, otra generación de Fierro llegaría al pueblo.
Olinda, la abuela y Martiniana, la madre, tomaron todo con mucha calma, nada cambio al menos a la vista del pueblo.
Delia había madurado y el poco tiempo que paso en la ciudad la había cambiado, busco a sus maestras de la primaria y les pidió ayuda, no quería terminar como las demás Fierro, siendo una curandera, aunque reconocía que sabia muy bien las artes que le venían enseñando desde muy chiquita.
Las mujeres, con la ayuda del cura, le consiguieron un trabajo en la cocina de la única escuela privada de monjas que había.
Allí la recibieron sin preguntas y poco a poco se fue ganando el cariño de las religiosas y seglares.
Cuando nació la bebe, nadie dudaba que sería una niña. Aunque en broma, pese a que esto asustaba un poco a Delia, decían que si era varón la vieja Olinda lo ahogaría…
Cada mañana Delia salía rumbo a su trabajo, con su bebe en brazos, menos esa mañana…
Siendo ya las diez y ante la falta de noticias, una de las maestras decidió ir a ver que le sucedía.
Al llegar, se topo con el auto del médico…
Entro corriendo, presumiendo que le había pasado algo a Delia o al bebe, pero no era así…
En la habitación más grande yacía Olinda, la vieja curandera había muerto esa madrugada.
- Maldita!!!, me lo dijo mil veces, cuando viniera otra generación tendría que irse, vos la mataste…, vos y esa mal nacida de mierda…
Martiniana tenia arrinconada a Delia y su bebe, descargando toda su furia en ellas de palabra y hecho.
- Debí de haber ahogado a esa porquería, como quería tu abuela…pero no la dejabas ni a sol, ni a sombra…
- Basta Martiniana – grita el Doctor
Sin pensarlo mucho, la recién llegada se interpone entre la madre y la hija…
Delia se aferra a ella con la mano libre…
- Tome, Srta. Luisa, llévese a mi hijita, sino me la mata… ha estado toda la noche asechando para quitármela…
- Martiniana o te dejas de joder o te mando detener – dice el medico en tono amenazador
- Y quien me va a detener?... no me haga reír, se mean encima antes de tocarme los hombre de este pueblo – dice riendo ahora la mas vieja de las Fierro
La maestra toma en sus manos la bebe y aprovechando la distracción de Martiniana, sale corriendo de la casa.
- Veni para acá vos…. – grita la curandera al darse cuenta – te voy a maldecir a vos y todas las generaciones que te sigan si no me das a esa guacha …- al tiempo que enfila para seguir a Luisa-
- Mama, por favor – ruega Delia, tratando de calmarla, al tiempo que se le cruza en el camino-
El medico, toma distancia y de una cachetada sacude la cara del Martiniana, sorprendida, se lleva la mano a al rostro y se dobla en un alarido lleno de llanto…
- Tampoco es para que exageres, no te di tan fuerte – dice el medico, al tiempo que cubre con una sabana la cara de la anciana muerta.
- Y ninguna de las dos se me mueve de la casa, mientras voy por el Cura.
- No !! – grita Martiniana – nada de curas… a mi mama la entierro yo, acá, bajo los árboles, donde esta su mama y la mama de ella y no se cuantas mas Fierro
- Martiniana, no seas animal, eso ya no lo podes hacer
Con un movimiento felino, Martiniana, saca de la cintura un facón, mango de plata y oro… el reluciente filo, despide un rayo de luz al chocar con la del sol que entra por la puerta.
- Aquí se hace lo que decía mi mama, es mejor que se vaya y se olvide de nosotras… la estúpida de mi hija lo fue a buscar por que no escucha a sus mayores, pero yo si… así que Doctor, si no quiere una buena puntada… es mejor que se largue…
El Medico retrocede al tiempo que mira a Delia…
- Veni conmigo, Delia…. Esta loca tu mama
- No puedo, es mi mama y me necesita… a mi no me va a lastimar – dice Delia en voz baja…
Martiniana, esta de rodillas llorando sobre el regazo de su madre…
Con los días, la calma vuelve a la casa de las Fierro, la bebe, Angelina, es un pequeño angelito en esa casa… la abuela no le hace daño, pero tampoco la acepta, es como si no existiera…
Delia, sigue en la escuela y viviendo con su madre, pese a que en el pueblo, varios, incluso las monjas, le ofrecieron un lugar donde quedarse.
La respuesta era siempre la misma…
- No puedo… tengo que cuidar a mi madre.
Y no volvía a abrir la boca, sobre el tema.
Martiniana, se ha vuelto mas mala, mas dañina… las personas que la visitan son de baja calaña… y cada vez peores…llegan de cualquier parte a “consultarla”… se ha hecho famosa… van en busca de sus “favores”, brebajes, pócimas y otras yerbas que la han hecho muy popular… hasta se asegura que han visto autos de la Capital, muy entrada la noche, buscando su asesoramiento o pidiendo su ayuda… la vieja anda ahora con anillos de oro y brillantes, además de otros adornos de oro, los que luce como prueba de sus "habilidades" ante el pueblo, día a día mas temeroso y al mismo tiempo cómplice silencioso de sus artes.
• Han pelechado las Fierro – cotorrean los lugareños en voz baja, sin atreverse a decir mas-
Delia, pasa todo el día fuera de casa y siempre con su niñita, trata de llegar cuando ya es de noche y nadie del pueblo se atreve a pasar o entrar en la casa de las Fierro.
Por eso no tiene amigas, solo socializan con ella en el trabajo, pero si se la cruzan y mas si esta con su madre, se hacen los distraídos.
Es que en el pueblo todos temen las reacciones de la ahora, más vieja de las Fierro…, su fama como bruja, ha ocupado el lugar de curandera que todos le reconocían.
Otra vez el auto del medico, esta en la puerta de las Fierro.
- Que tiene doctor ?– pregunta Delia -
- Es grave Delia, tendríamos que internarla, a ver si estamos a tiempo de operarla.
Desde la cama Martiniana escucha
- No me voy a dejar cortar… todos saben que entra el diablo en el cuerpo, cuando uds. lo abren…
- Martiniana, hace rato que vos tenes tratos con él, no nos eches la culpa a los médicos…- dice el hombre, buscando bromear, frente a la enferma.
- No voy a ir… y no me haga sacar el facón como aquella vez Doctor… me podrán sacar, pero al menos a uno lo mandare al otro mundo…
Delia mira al Doctor, confirmando que su madre esta armada.
- Esta bien… dale estas pastillas, volveré cuando quieras, Delia no puedo hacer nada por ella estando aquí, necesita radiografías, análisis y casi seguro una operación…. Me entendes?-
- Si, Doctor…
- Mama, por mi, déjese curar…-ruega Delia -
- Ya me voy a cura sola… déjame dormir y anda a limpiar la casa…
Levantando los hombros en respuesta el médico sale y se despide de Delia y la pequeña Angelina que juega a sus pies.
Por los yuyos o lo que sea…Martiniana aun sigue viva… y han pasado mas de quince años de aquella visita, hoy cuando lo llamo Delia, el hombre recién cayo en la cuenta del tiempo transcurrido….
Desciende del auto y mira el frente de la casa de las Fierro, le da la sensación de llegar a un lugar sin tiempo, donde nada cambia….
- Pase Doctor, mama lo espera en la pieza de la abuela…
Ahora es Angelina la que lo recibe.
El medico, se queda mirándola, es una chica preciosa, rubia, de piel muy blanca, cuerpo menudo y grandes ojos azules, la inocencia y la bondad reflejada en ellos… en toda ella…Un ángel… el àngel de las Fierro...
Sobre la cama, Martiniana da sus ultimas boqueadas… su cuerpo ha encogido, esta negro y seco… además esa sensación repugnante que emite, llega a la boca del hombre en cuando se acerca.
En el borde de la cama, Delia, alisa las sabanas y acomoda las mantas, buscando que su madre este cómoda…
- Delia …- saluda el medico
- Gracias por venir
- Déjanos solos por favor
- Si, Doctor, llámeme estoy detrás de la puerta
- Lo se, mijita, anda tranquila
- No se moleste en tocarme Doctor, ya me voy… pero esta vez, yo pedí que viniera….
- Que necesitas, Martiniana?
- Yo? Nada… voy a donde tengo que ir… solo quería despedirme…
- Podrías ver la Cura y confesarte, te va a hacer bien al alma… Dios nos perdona a todos…- le dice el medico en tono conciliador, sabe que le queda poco-
- Ni bautizada soy, pero sabe doctor…? le voy a decir un secreto que yo me se…Dios como Ud. lo llama, perdona a todos… pero no nos deja pasar si no nos perdonamos a nosotros mismos y a los demás…. Y yo no me tengo nada perdonar, ni a quien perdonar…eso seria reconocer todo lo que hice… me entiende?? - una risa baja y espeluznante sale de la boca de la anciana
- Adiós Doctor, siempre fue un leal enemigo…- dice al tiempo que su voz se pierde en un suspiro-
- Adiós Martiniana, que Dios te perdone…Descansa en paz…
El medico suavemente cierra los ojos de la mujer…que ya se ha ido….
Luego de cremar a su madre Delia enterró la urna junto a la tumba de las otras Fierro, tampoco ella sabe cuantas son…pero allí están todas. Solo un cuadrado de madera indica el lugar de cada una, algunos nombres ya ni se leen… otros… son trozos comidos por el tiempo, pese al aparente olvido, el pasto esta cortado y algunas plantas de flores rodean el lugar.
Despacio vuelve a su casa.
- Angelina, preparate vamos a ir al pueblo.
- Enseguida mama
Con mano temblorosa saca un de los gruesos cuadernos de cajón de la mesa de la cocina.
Sin abrirlo lo mete en una bolsa de papel y se dirige a la salida, apretándolo entre sus brazos….
- Vamos – ordena a Angelina que la sigue presta.
- Venimos a ver al Comisario
- Delia, sentimos mucho lo de tu mama – dice el agente que la recibe-
- Gracias, en nombre de las dos.
- Esperá que le aviso que lo queres ver.
Luego de unos minutos el hombre asoma a la puerta y les indica pasar y sentarse frente a él.
- Que la trae por acá Delia?... si es por el entierro de su mama, ya me aviso el Doctor, es su tierra y no nos vamos a oponer, además son cenizas…
- Gracias Comisario, pero no vengo por eso.
- Ah, no?
- No – un esbozo de sonrisa sale de la boca de Delia.
- Le vengo a traer esto… – dice sacando de la bolsa el amarillento y abultado cuaderno, que le entrega-
- Y esto que es? – pregunta el Comisario, pensando que será esta nueva “ocurrencia” de las Fierro.
- Son los datos de todos los crímenes en que participaron mi abuela y mi madre… y las otras Fierro antes que ellas…
El Comisario queda con la boca abierta y mudo.
- Si Comisario, ellos o ellas venían y las Fierro les daban los venenos y las pócimas, para una rápida o lenta muerte… “a gusto del que paga, son las recetas”, decía mi abuela…, allí tiene los nombres de los asesinos y de los difuntos… era el seguro de las Fierro… sabían lo que hacían y lo peor les gustaba… pero cuando yo nací, mi bisabuela predijo que cuando naciera un ángel rubio en la familia todo se sabría…
No se si de este modo… pero ahora se sabe, por eso desde que nací, mi madre y abuela me odiaban y luego odiaron a Angelina… pero al mismo tiempo nos temían, la bisabuela les dijo que no podrían tocar al “ángel…”, yo no conocía la historia cuando elegí el nombre de mi hijita… fue después, por mi mama, al fallecer la abuela… creo que eso nos salvo a las dos… aunque hicieron nuestros días un infierno…
Ellas no sabían que yo conocía este cuaderno, no conocía su contenido, recién después de morir mi mama, me atreví a leerlo…
El Comisario ojea el cuaderno, todo esta allí, fecha, nombres, dirección, pócimas administradas, tipo de muerte… pagos… políticos, terratenientes, comerciantes, vecinos de este y otros pueblos , hasta algún extranjero recomendado… ningún detalle faltaba sobre cada “trabajo” realizado.
- No sabia que su abuela y madre supieran escribir…-dice el Comisario, a modo de estupido comentario de lo que tiene frente a los ojos
Delia vuelve a sonreír…
- Sabían… a su modo eran mujeres sabias y cultas, ellas y las anteriores a ellas… las Fierro como nos conoce el pueblo… lastima que no usaron su sabiduría para otra cosa…
- Delia …- el hombre no sabe que decir –
- Haga lo que tenga que hacer Comisario, allí esta todo… una cosa mas… si Ud. por las razones que sea, no denuncia todo esto ante la justicia… pues…aun quedan Fierro con habilidades… me entiende Comisario?
- Ah… se me olvidaba… tengo una copia legalizada muy bien guardada de todo… por las dudas…me comprende? –Delia no deja nudo sin atar la vida de las dos esta en juego y le hace saber que esta en guardia para defenderlas- Gracias por atendernos…. Nos vamos…
Con la misma se levanta, seguida de Angelina, que antes de salir le sonríe… a su modo es una Fierro y se lo hace saber….
El Comisario aun sigue mudo… solo que por decoro cerro la boca….
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