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dos mujeres cambiaron mi vida. una de ellas, de ojos redondos y brillantes, cabellos ondulados y de color del maíz era la mas dura. la otra, aun no recuerdo sus formas, debe de ser que es producto de un sueño, pesadilla o un recuerdo mordido por el ayer... las dos se juntaron frente a mi cuerpo y ambas, con sus manos y uñas, despedazaron mis ropas, quedando tan solo un pedazo de mí, desnudo, el alma en mis manos... luego, salieron de mi presencia y echaron mis ropas al fuego del olvido. miré hacia el cielo y el frío me hizo sentir mas solo que nunca. un ave se puso en mis manos. era blanca y sus ojos azules, sus patas rojas sangrientas y sus uñas de bruja encogida... empecé a acariciarla, como si fuera el corazón de Dios. de pronto, un rayo rompió toda armonía y el ave partió hacia la luz del cielo. quise volar con ella pero nada, mi cuerpo pesaba y sentía frío, como nunca en mi vida... empecé a caminar y toda la gente empezó a burlarse de mi cuerpo. ¿de qué se burlan, ríen?, pensaba. ¿acaso no tienen cuerpos?. seguí caminando, sin vergüenza pero con mucho frío hasta llegar a mi casa. toqué la puerta y salieron las dos mujeres. me abrieron la puerta y una de ellas me dio mis ropas. me vestí y la otra me hizo pasar a un cuarto lleno de aves bancas de ojos azules. qué hermoso, pensé. hicimos el amor con una de ella que no recuerdo su cara pero si su barriga y sus pechos y su pubis y esa claridad que tienen las pupilas de una mujer al llegar al orgasmo. terminamos y ella se fue del cuarto. estaba agotado pero de pronto entró la otra, la de ojos redondos y de cabellos de oro... me hizo el amor sin pedirme permiso. estaba agotado pero ella hizo algo desproporcionado. cogió un látigo y empezó a pegarme. me asusté y escuché su voz: ¡hazme el amor!. me tiré encima de ella y tuvimos orgasmos extraños, mientras todas las aves blancas se salían de aquel cuarto. cerré los ojos cuando todo se había terminado y ella se paró y con una sábana blanca se fue del cuarto... al poco rato llegaron las aves y sentí alegría, una inmensa alegría... ellas se pusieron de mi lado y con sus alas empezaron a cargarme hasta llevarme a esa luz sin color, pero que brindaba un calor como nada, como el pecho de mi madre... fue hermoso, como un sueño, mientras sentía el batir de las alas de infinitas aves a mi lado... no quise ver mas y seguí viajando hacia esa luz sin color...


san isidro, septiembre del 2008

Texto agregado el 10-09-2008, y leído por 160 visitantes. (0 votos)


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