...Lo que Rafael nunca pudo entender aquella mañana, es que alguien ya le andaba haciendo compañía desde que despertó, alguien ya le contaba uno a uno cada paso que daba y venía pisándole la sombra con parsimoniosa paciencia.
Debió haberse dado cuenta de ello...
Ese día al despertar salió de su casa poco antes que de costumbre para tomar el autobús que lo llevaría a su trabajo, este no tardó mucho en aparecer y como era habitual en esa hora por la mañana, venía atiborrado de gente.
“Es temprano todavía, esperaré al siguiente” - Pensó, y encendió un cigarrillo mientras aguardaba la próxima llegada -
Diez minutos después abordaba la unidad de transporte colectivo que lo llevaría a su centro de trabajo, distante 25 kilómetros de la ciudad y pensó que ese recorrido le iba a dar el tiempo necesario para dormir los minutos de sueño que le había robado a esa mañana, no bien empezaba a acomodarse en su asiento cuando las expresiones de asombro y de horror de los pasajeros lo sobresaltaron, vió entonces como toda la gente a su alrededor se pegaba a las ventanillas, apuntaba hacia afuera para donde se abría el barranco y en el fondo una inmensa bola de fuego rojo y humo negro explotó de pronto y poco a poco dejó ver entre sus hierros quemados y retorcidos que se trataba del omnibus que dejó pasar minutos antes.
Quedó horrorizado al pensar que estuvo a punto de perecer ahí, en esa misma trágica situación de los pasajeros que iban en aquel fatídico autobus siniestrado. Pero después, el horror se transformó en estupefacción al recordar que apenas unos días antes y estando en su trabajo escuchó su nombre y el de varios mas por el altavoz pidiéndoles que se presentaran de inmediato en la oficina de su superior, recordó también como cuando estaba a punto de entrar en ella, el suelo tembló violentamente bajo sus pies y la endeble edificación se vino abajo aplastando y matando bajo su techo a uno de sus compañeros que iba apenas dos metros adelante de el.
Dos veces había burlado Rafael a la muerte en menos de una semana y en eso estuvo pensando todo el día, después esbozó una sonrisa y se formó una inquebrantable convicción, que para su desgracia el se tomó muy en serio...Era inmune a la muerte.
...Ahora es precisamente cuando mas falta le hace a Rafael esa sonrisa en su rostro, ahora que su semblante inexpresivo ya no dice nada y la palidéz de su piel contrasta con el rubor aquel de cuando se creyó que era un emisario de la vida en este mundo de la muerte. Ahora, cuando a través del cristal frío e inmáculado de su ataúd no se ve tan fuerte como se creía.
Pero no, no se me culpe a mi de nada.
Desde temprano en la mañana yo anduve con el, haciéndole compañía desde que despertó, contándole uno a uno cada paso que daba y pisándole la sombra con la parsimoniosa paciencia que me caracteriza. No se me culpe a mi de nada que le dí toda una vida de ventaja para que corriera, para que se escondiera de mi y para que me rehuyera.
Todavía ayer, en el camino de su casa a la parada de autobus le tendí mi mano amistosamente como el caballero que soy y que siempre he sido y le expliqué que el juego invariablemente terminaría hoy mismo. Se lo dije, lo seduje con mi andar lento y callado de caminar por el mundo y por el tiempo cumpliendo con mi deber. Y me froté en su materia para que se habituara mas fácil a mi.
Debió haberse dado cuenta de ello.
Y ahora la gente llora, se abrazan a su ataúd y dicen cosas extrañas que yo no entiendo. Pero entiendo que estoy con ellos desde antes de que empezara la vida y todavía no pueden acostumbrarse a mi.
Y quisiera decirles que no...Que no es tanto que un relámpago en el aguacero de anoche haya golpeado la sombrilla de Rafael cuando este caminaba de regreso a su casa, quisiera explicarles y reconfortarlos con mis palabras para que se sientieran mas tranquilos...Quisiera mas bien decirles que es que yo andaba haciéndole compañía desde ayer que despertó, que ya andaba contándole uno a uno cada paso que el daba y venía pisándole la sombra con mi parsimoniosa paciencia.
El debió haberse dado cuenta de ello... |