En el altozano de esa iglesia disoluta donde a un cristo estafermo le rezuma nuestra linfa, nos volcamos plañideros, hartos y cubiertos, buscando nos amnistiasen todas las edades
Esa cobardía invadeable no nos justifique cuando vengan los telurios a desenraizarnos, aunque les cantemos versos, jácaras y coplas, nada de ello les aflige, pura pejiguera.
Mejor volvamos hasta atrás, recejemos libres nomás, no vale la pena ganar suelo imposible de surcar. Mejor lubricamos allá donde el viento esputará paz de colores que morirán, todas las pupilas a volar.
|