Estás con frío, cansada, con sueño, en un día de esos en que no tienes ganas de reírte por nada y si llorar por todo; esos días en que, por más que tratas, no logras ver el lado positivo de las cosas; esos días dónde ves como inútil tu opción de ser; esos días dónde desmigajas tu historia por horas llegando a la conclusión que la vida es una mierda por dónde la mires: sin importar lo bien o mal que hagas las cosas, nada sale como lo imaginas.
Es temprano en la mañana, hace frío aunque brilla el sol; es uno de esos días otoñales dónde el follaje ya cubre el suelo y las primeras lluvias se reflejan en la cordillera nevada. Apoyada contra un poste de la luz esperas aburrida el autobús y, a falta de nada mejor que hacer, te entretienes observando pasar los coches y analizando a sus pasajeros; te inventas historias sobre ellos e imaginas los diálogos de aquellos que viajan acompañados: sonríes ante la mejilla aplastada de un niño que duerme con su cara apoyada en la ventanilla; te ríes del hombre que, soltando el volante, agita sus manos vigorosamente en un aparente soliloquio (luego te percatarías que venía hablando por teléfono); te sorprendes con la hábil mujer que, mirándose en el pequeño espejo retrovisor, se maquilla diestramente; y te ruborizas ante el descarnado piropo que te lanzan desde lo alto de un enorme camión.
Los coches siguen moviéndose mientras las hojas bailan frente a ti en los remolinos de viento que se forman al pasar veloces; una vez más la luz del semáforo cambia a rojo.
... Observas el horizonte atentamente buscando saber que hay más allá. Sueñas con respuestas a preguntas que no sabes formular. Empiezas a caminar, no importa cómo ni para dónde, sólo piensas en moverte, cualquier cosa es mejor que este instante dónde nada ves y nada sabes… ¿has sabido alguna vez realmente algo? la única certeza de tu existencia es que antes o después morirás. Incertidumbre, niebla, no ves lo que te rodea, sólo sientes tu soledad y un eco que te persigue dónde quiera que vayas ¿Duermes? No, nunca duermes, temes repetir la misma pesadilla dónde lloras desconsoladamente en tierras extrañas. Tu alma clama por volver a casa pero ya no sabes dónde está. Quieres regresar a la niñez y creer que todo ha sido un mal sueño…
Una mano te remece, es un calor familiar; te desperezas con ojos oscuros de sueño y angustia, llenos de preguntas…
- Mamá… ¿duele crecer?
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