Un sonido hueco retumba también ahora en mi cabeza al mismo compás que lo hace un tic-tac, era el mismo sonido hueco de aquel entonces, cantándole a mi cerebro el transcurso del tiempo a cada paso que daba por aquel angosto pasillo antes de llegar a la puerta que se entreabría y se cerraba.
No era un reloj, era mi cerebro contando el tiempo cuando al abrir la puerta lo descubrí golpeando sus pies contra la pared de madera, Tac sonaba y en mi mente 5 segundos pasaban, un nuevo Tac y replicaban sus pies descalzos mientras se mecía agarrado por el cuello de los mismos cables que juntos había instalado para poner una lámpara al techo.
Tac, cinco segundos y un nuevo tac, el sonido y la imagen de su cuerpo meciéndose inerte y de sus pies golpeándose replican en mi cabeza también ahora.
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