Vuelves, enredado tu cabello de maleza, de brumas, de pensamientos negros. Me miras sin querer que te pregunte nada, pero haciendo lo imposible para que me entere de las lágrimas oscuras que te queman el alma.
Yo no quería que vayas, sabes? quería que te quedes seguro en el universo tibio de mis brazos que te circundan y mi mirada que te persigue. Pero te dejo ir, te dejo, y me amarro como Ulises al palo mayor de ésta casa desde donde veo como partes con la ilusión hecha barquillo de azúcar...
Sé de antemano de tu regreso con la sangre hecha turbulencias en tu cuerpo. Y mis convicciones se desdibujan en éste dejarte enfrentar solo el desamor de tu padre, su sinfín de idas y vueltas, sus arrebatos de amor filial y sus desamparos infinitos...
Ahora vení, que yo me voy a hacer la fuerte y me voy a tragar éstas lágrimas que me ruedan por adentro de la piel, caminemos un poco, te invito un helado de crema del cielo como a vos te gusta, te doy mi tiempo, mis ojos, mi avalancha de carcajadas mi vida si quieres, vení chiquito mío, vellón pequeño, hijo mío, juguemos al fútbol, a los soldados, a lo que quieras, que yo te sacudo las astillas de vidrio de los abandonos y te paso la lengua por las heridas para que otra vez tiemble el patio con tu risa. |