Me he permitido robar el tiempo y la luz, me he dejado marcar con la culpa de olvidar todo lo que la vida me ha enseñado por vivir uno de los tantos momentos culposos que tanto disfruto, los ojos negros de esa noche me regalaron extrañas dosis de ingenuidad para volver a jugar y para recordar los miedos de antaño de descubrir otro mundo sobre el mío, mientras mis manos esparcían sobre el viento fragmentos de mi libertad. Calma… desde entonces todo es ingenua calma… |