Mientras estábamos sentados en ese lugar de infancia. Reconocí en tus manos los caudalosos mares que nos han invadido.
Mientras cruzábamos los recodos de las habitaciones en las que me encontrabas, buscaba entre mis recuerdos una vida distinta.
Y así de repente conocíamos lo que me enseñabas con tus caudalosos conocimientos de camino que no se detiene.
Cuando vuelva de mi muerte quisiera encontrarte, apenas viva ,y que me lleves a cruzar los fangos sin hundirme.
De los que conocemos
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