Muchas veces he soñado que alguien me sujeta del cuello y trata de asfixiarme, aquella figura vestida de un extraño color café a cuadros grisáceos, al que jamás puedo alcanzo a ver aquel rostro tan familiar, aparece frente a mí de la nada y me sujeta el cuello con su mano huesuda y arrugada, me pone contra la pared y mientras hurguetea algo bajo mi pijama me hace callar con un suave silbido… gritar es imposible y del miedo no puedo moverme, es el olor a aceite, a alcohol y a sangre, todo aglutinado siempre dentro de la misma pesadilla que se repite por años y del cual siempre despierto llorando, con los puños apretados, con el dolor inmenso de sentir que nada bueno hay dentro de mi… es el dolor infinito de saber que no importara cuán duro lo intente, no consigo perdonarme.
Con mis años, aun temo a la oscuridad, a aquella figura, a no ser capaz de defenderme como todas aquellas veces en mis pesadillas, al miedo de dormir sola.
Los años no me han enseñado a defenderme, a perdonarme, a dejar de atormentarme… es eterno el dolor de no poder curar las pesadillas.
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