El Pez
Esta laguna es chica- se dijo el Pez que andaba con andar electrizante-, pero si es chica hay algo mas grande, pues sino todo cabria en ella y no necesitaría pensar algo mas grande, me bastaría sin mas. Pero quizás no he mirado bien, no he inspeccionado todos sus recovecos, pues allá veo a la plateada Mojarra vivir sin el sentimiento de opresión que esta laguna me produce, el Moncholo bigotudo va y viene sin rezongues y el Cangrejo, aunque a veces se me pierde de vista, goza del mismo parecer. ¿De donde procederá este desasosiego? Ya me esta agobiando la búsqueda. Anduve largo por todos los rincones, algunos oscuros otros aclarados quien sabe por que fulgor, pero al fin de cada día me invade una nostalgia que no encuentra razón. Hable con los peces viejos y me dicen que voy por buen camino, que algo ya he encontrado, pero eso no alivia mi pesar, hable con mi amada y solo atina a darme besos y caricias, que como analgésicos me despistan un rato nomás de la punzante levedad, ella, parece tener ojos solo para mi, sin embargo los míos se pierden, hasta irritarse, en incansables indagaciones. A veces me retiro en soledad para evitar que vean mi rostro triste y esperanzado, me alejo del bochinche que algunos cardúmenes hacen al andar como locos, me recojo en silencio, me recuesto sobre unas piedritas del fondo y al rato de aquietar mis afueras nace cierta calma. En uno de esos retiros me halle con una caracola reluciente, dormitaba a mi lado, y yo, ensimismado, ni me había percatado. El agua estaba mansa y la luz sobre su coraza pulida hacia como de espejo, me observe sobre su pacifica presencia y me dije: están mis ojos hechos para mirar sin descanso, así lo atestigua mi naturaleza que me negó los parpados, en la noche más oscura o ante la luz más viva y así esta hecha mi alma, incesante vagabunda hasta su descanso en paz.
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