Paciencia
Intentó ver. Una negra densidad llenó su vista. Quiso incorporarse pero notó que nada en su cuerpo se movía. Se concentró en un dedo. Pasaron minutos sin que nada sucediera. No muy lejos, escuchaba rezos, difusos como el humo, llantos y luego silencio. Sintió el transcurrir de las horas y los días. Una voz familiar apareció de repente y se ausentó así, como a escondidas. Una araña, lo supo por las muchas patas, jugó en su nariz, se paseó sobre los ojos; él no dijo nada. Es un sueño, pensó. Entonces intentó gritar pero ni su garganta ni los labios respondieron. Quiso llorar pero sus ojos no lagrimaron. Las semanas sucedieron a los días. Intentaba moverse. De concentrarse en un dedo cambió a dos y luego a cuatro, después fueron siete y al final todos. Nada ocurrió. Trató se sentarse sin lograrlo. Frente a él un reflejo opaco lo retaba a moverse, a salir del sueño. Un gusano cosquilleó desde dentro de su nariz y avanzó hasta la garganta, algunos otros jugaban en su cuello y su abdomen. Sintió el pasar de los meses y los años. Su cuerpo ya era un tejido flaco pero lo intentó; hasta que la ausencia de la carne lo cansó de hacerlo.
Gustavo Gamboa
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