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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / La Señora del Doctor

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El cementerio municipal, por esas extrañas razones de la urbanización, quedó anclado en medio de un barrio suburbano de la ciudad; mi barrio. Lo rodea un alto y descascarado paredón dónde crecen diferentes tipos de arbustos que emergen de las grietas, dándole un aspecto descuidado y deprimente. Por allí también pululan toda clase de alimañas, desde hormigas hasta ratas y una que otra comadreja que cambió los gallineros de antaño por el camposanto.

Por más que el municipio se preocupe en tenerlo medianamente iluminado y que en el portón del frente haya colocado dos macetones con algunas flores; la imagen de ese paredón arruinado y el conocimiento de lo que esconde, no es de lo más placentero para el transeúnte solitario.

A mí, particularmente no me molesta transitar por esa vereda a medianoche, cuando he finalizado mi turno de trabajo y tengo sí o sí que hacer ese recorrido para regresar a mi hogar. Tomar un colectivo no tiene sentido por unas pocas cuadras y sería un gasto extra, dinero que prefiero gastar junto a la Rosita yendo al cine los domingos; aunque es verdad que mis compañeros prefieren evitar ese trayecto y me miran como si fuera un delirante cuando los invito a ir caminando. Sacuden la cabeza como diciendo que estoy loco y se ponen en la cola del colectivo, no les importa esperar si hay demora, lo prefieren.

Viene bien caminar disfrutando la serenidad y el aire puro nocturno, después de estar ocho horas en esa sala llena del humo producido por las máquinas y del ruido que parece repotenciarse contra los techos y paredes de chapa.

Todas las noches, al regresar, me encuentro en el portón principal del cementerio con el Dr. Santillán, un tipo maduro pero que conserva parte de su apostura y elegancia. Le tengo mucho aprecio porque fue el médico que conocí desde que tengo uso de razón, el médico de la familia, aunque ya hace muchos años que está retirado. Él siempre está fumando un cigarrillo, haga frío o calor, con un pie apoyado sobre uno de los macetones, en franca actitud de espera.

Pocas veces está solo, casi siempre está con “la gorda”, su compañera de toda la vida; una ex prostituta, vieja y llena de carnes, pero con unos ojos dulces como los mates que cebaba mi vieja. Actualmente, por razones ajenas a su voluntad, están separados, a ella los hijos la trasladaron a un asilo, aduciendo que no estaba bien de la cabeza. Por suerte el asilo está cercano al punto de encuentro y la mujer se da aún maña para escapar a la vigilancia de las celadoras, incluso me han dicho que, salvo cuando está la encargada, las enfermeras ayudan a la desgraciada para que acuda a su cita.

Las noches que está solo, suelo detenerme a hablar con él unas palabras, lo indispensable, contarle como está la familia, el embarazo de la Rosita, el casamiento de mi hermana Elvira; en fin, algo como para no pasar por descortés, él parece esperar mi saludo y mi pequeña charla, aunque apenas contesta entre monosílabos mientras disfruta su eterno cigarrillo y su mirada se pierde por la calle por la que debería aparecer la que espera.

Cuando está con su mujer, siempre paso de largo, dejando un saludo flotando en el aire, casi sin mirarlos para no parecer entrometido. No quiero que piensen que invado su intimidad, invariablemente están conversando muy animados, hasta los he visto tomados de la mano mirándose a los ojos. Aunque me cause gracia en dos personas de esas características, debo reconocer que el amor todo lo puede.

Me produce un sentimiento extraño esa mujer, no es que me moleste su aspecto tan diferente a su marido, incluso se la ve bastante mayor que él, lo que me asombra es su actitud y su perseverancia. Aunque no debería extrañarme, la Rosita, mi mujer, es igual de compañera.

Siempre recuerdo que cuando era apenas un purrete, me llamó la atención que el Doctor Santillán, hombre respetado y querido en el barrio, se hubiera casado con una prostituta sacada de un burdel y trasladada a la elegante casa como si fuera egresada de una escuela de señoritas. Cuando se lo comenté a mi padre, me contestó que las putas, cuando se enamoraban eran las mujeres más fieles del mundo. Tenía razón.

Cuando llego a casa, Rosita me está esperando con la cena lista. Sé que para ella es un gran sacrificio esperarme hasta más allá de las doce de la noche, después de trabajar todo el día en la casa y la peluquería; pero nunca aceptó que cenara solo y menos que cenara comida recalentada. Es de oro esta mina.

Mientras comemos, hablamos de todo lo que nos ocurrió durante el día y, es ahí cuando se nos pasa el cansancio, estamos bien y cómodos, nos queremos y somos gente sencilla, somos de los que se casan para toda la vida, para compartir lo bueno y lo malo. Ahora que la Rosita está esperando un hijo, la veo más linda que nunca; parece que fuera ayer cuando la veía pasar con las otras pibas del barrio y soñaba con el día en que sería mi mujer.

Entre las cosas que hablamos, siempre me pregunta sobre el camino de regreso y si no tuve ningún sobresalto, ella le teme a los vivos no a los muertos y en este tiempo en que las cosas son fuleras en la calle, siempre la preocupa que algún mal nacido me asalte, aunque a decir verdad ¿quien va a asaltar a un pobre operario que regresa a su hogar?, a la legua se nota que el ladrón me debería dar, no quitar.

Yo la tranquilizo y le digo que ni las moscas andan a esa hora, salvo la señora del Doctor Santillán, que desde hace años y después que el doctor falleciera, va casi todas las noches a pararse durante horas en la puerta del cementerio.


María Magdalena



Argentinismos:

Mina: mujer

Purrete: chico, jovencito.

Anteponer artículo a un nombre es muy común en el hablar cotidiano de muchas personas.

Texto agregado el 17-10-2008, y leído por 66 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2008-10-31 04:10:09 Una tétrica historia que hace parar los pelos de punta. Ahora, ese médico debe tener mucha pega entre tanto muerto, si consideramos que la muerte es la más terrible enfermedad que nos aqueja a todos. Me gustó, muy en tu estilo... gui
2008-10-22 20:13:47 Magda*********************************************************** Besos y flores, Ma.Rosa. almalen2005
2008-10-22 06:20:54 Los chilenos tenemos la misma mania en el lenguaje expresivo que ustedes, tambien anteponemos un artículo a todos los sustantivos sean propios o comunes.. :) me encantó tu historia, la encontré muy fluida y entretenida como todo lo que tu escribes :) miles de ************* Vilyalisse
2008-10-20 16:09:32 Los campos santos, son conocidos lugares de *encuentros* Esta historilla, muy bien ambientada, a mas de uno traerá recuerdos de ciertos tiempos que mejor es no recordarlos. Como siempre: 10 puntos. surenio
2008-10-20 14:36:36 Narración que por lo directa, se torna envolvente. Me encantó. Un abrazo Sofiama
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