A mi Hermana Ana
Ud. sabe que hoy fue un día muy triste para mí
Ud. sabe que busque por todos lados y no la hallé
Ud. sabe que busqué y busqué y nadie me ayudó
Ni los Dioses Griegos, ni los Dioses Egipcios,
Ni los Dioses Hindúes, Ni los monjes Tibetanos
Ni El Díos Cristiano, Ni el Musulmán,
Le pedí a los vientos,
Le pedí al silencio
Le pedí al recuerdo y ahí algo pude hacer
Ud. sabe que en nada creí
Ni en los monjes ni en los curas,
Ni en la iglesia ni en mezquita
Para mí solo fue sufrir
La vi como se iba, y nada podía hacer
La recordé cuando era mi madre y de ahí la acurruque
Le canté suavemente para que no se sintiera sola
La abrace como ella un día me acuno también
Le dije suavemente que me esperara cuando me toque a mí
Le pedí fuera valiente, que todo cambio era temor
Le cante muñequita linda, como mi padre le cantó una vez
La sentí tan indefensa, fuerte y lista, ya no me habla,
No tiene fuerza, me pide algo y no le entiendo, quizás más compañía
Son las seis de la mañana, la casa empieza a despertar,
Pronto acuden todos desde el norte hasta la zona central
Ya a las nueve con misa la acompañaran, hasta llegar a las
Diez con diez donde tiene un último mirar, recorre todos los rostros
Recorre todos, da su último suspiro. Empieza a desalojar
Termina la misa y emprende el vuelo final
Los llantos son como una letanía, sabe Ud. que fue un día
Muy triste para mí, me quebró la arrogancia y también el egoísmo
Por no querer verla partir.
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