Porque nunca callaremos hasta que se haga justicia
Ruge el trueno que sube desde la
tierra en espiral al cielo
y sobre el desprevenido pueblo
con furia se descarga.
El sentido inverso de la realidad
sobrecoge,
atenaza el miedo,
cierra el pánico la razón y la garganta.
El río,
testigo doloroso
en su cauce milenario se estanca.
Lloran los niños y las madres ruegan,
es el infierno el que sin aviso estalla.
Es el fuego de humanidad destructora
que a su paso sin piedad arrasa.
Tiembla el aire,
el hongo trepa,
la muerte se extiende poderosa
y quiere apoderarse del que escapa,
hiere, lastima, y las calles sangran.
Desconoce, hijos, padres, hermanos
los coloca en su bolsa macabra,
cosecha el dolor,
roba inocencias,
se burla, desgarra.
Sólo retrocede ante el grito divino
que de tanto dolor se apiada.
La muerte insiste y se repite
dos veces,
dos días diferentes ataca.
Llueve fuego desde la tierra
el hongo crece
la ciudad se destruye
el caos se agranda,
el hombre sufre por el hombre
y el milenario río se estanca.
María Magdalena
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