Satisfecha el hambre de la mañana, trabaja como hormiguita dando vueltas por toda la casa, ordenando esto, limpiando aquello, sacudiendo lo de más allá, batiendo la comida de medio día que endulzará con la lágrima perdida , aunque ésta sea salada.
sazonará con el deseo oculto y olvivado, de hombre, de amor, de caricia que roba , de respiración jadeante y de urgencias atrasadas, perdidas en el tiempo, entre arrugas y canas que acentúan la sabiduría arrancada de la vida, del dolor y la felicidad.
Isabel empolla aún a los hijos de la vida, regalo y justificación de su existencia, !cómo disfruta Isabel ! al renegar con los retoños, preocuparse por sus frutos y soltar la carcajada de amor y vida al disfrutar el sabor a triunfo, por pequeño que este sea, de cualquiera de sus pimpollos.
Isabel hace crítica de lo que lee y lee despacio, apasionada con el ritmo de la letra, nunca usa marca páginas y le encanta la controvercial lectura que le arranca una posición ante la vida.
Los ojos negros de Isabel, muestran fuerza, ternura y debilidad, todo a la misma vez, y sin embargo, la palabra amable sale siempre de sus labios y dice.
- Tómese un café.
y digo yo.
- Acepte Ud. mire que es con sabor a HOGAR
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