Que porquería, a Ud. no le importa, verdad?.
!Qué le va a importar!
Si es más fácil sentarse ahí, en esa precisa esquina de la mesa.
Sentarse aquí es otra cosa, venga, le invito a tomar asiento y beberse este jarabe de abuela más amargo que hiel guardada de tres días.
Ud, Ud se mece con la música, total, le dicen haaaa! una aventura más, y al otro lado de la mano, está la mano que se aferra a Ud. para no perder el paso trastabillando y sin poder tener la mirada de antes.
La mirada pura, clara, sin mancha, orgullosa, desafiante, impetuosa y soberbia.
Mirada que decía con sencillez, !de nada tengo que arrepentirme!.
Qué porquería, a Ud. qué le va a importar.
que la torre blanca de marfil muestre la rajadura de arriba a abajo, que crujiendo por Ud. sigue su curso y va rajándose más, a sabiendas de que muchos ojos miran y mas palmas aplauden, mientras la fisura dibuja el alma que va volviéndose fantasma.
Ud. se sienta en la precisa y cómoda esquina de la mesa, desde donde la rutina le asegura la cómoda existencia de arriesgar lo !ajeno.!
A ud, a Ud le hablo, si si a Ud que con mirada impábida me dice que !eso no ha de responder!
por que no tiene una respuesta.
A Ud, que con !esa! respuesta abre un abismo, revuelve las aguas, hace rugir la cascada fria, empuja la balsa y la rompe entre las rocas de su vida misteriosa, silenciosa y licenciosa.
A Ud le hablo, que la urgencia es grande.
A Ud le hablo, que sólo pedí ser amada...
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