El duende escapa de su encierro...
añorando su antigua libertad,
y cesa sus pasos frente al puente,
sin animarse entonces a cruzar.
Posa sus ojos sobre el rededor ,
su aire íntegro se torna en suspiro,
una lágrima se forma incongruente
y pone un pie raudo en su camino.
Y sus ojos alertas brillan rapaces ,
desean sólo encontrarse con ella...
mirando al cielo busca incansable,
de una escoba ...clarísima estela.
Dice con celo que ella ha cautivado,
de manera extraña a todo su ser,
no fue el propósito de esa hechicera
que todas sus magias llegaran a él.
Caminó mucho...el sensible duende
y los días pasaron sin descanso...
el cielo nunca dibujó el paisaje
de luna llena y bruja en su remanso.
El duende grácil se sintió muy triste
de hacerlo callar no hubo ningún modo,
_¡que ingrata! esa bruja perversa...
igual le cedo mi amor y mi encono.
Y la bruja ruega cautelosa y dócil,
_que el duende no sufra...
sólo eso importa...
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