UN SUEÑO INTRASCENDENTE
Un círculo de humo, grande y espontáneo, surge de la lenta combustión, cediendo paso de inmediato al siguiente.
Así, sin mayor preámbulo, el ardor se abre camino mientras el papel arde. Las yemas de su índice y pulgar parecen derretirse sobre el cenicero.
El lamento viaja lejos, sin pensar, sin proceso ni lugar. Roce del pétalo sangrante de una mujer separando sus labios mientras el horizonte incierto inquieta la vista y alguna melodía florece ligera. Se niega al bocado exquisito; a lo uniforme.
Me refiero a INXS , un solitario a punto de extraviar su pensamiento en la poesía del cercano viento otoñal, el cual también suele arrasar con sus sentimientos. INXS, tan cansado de buscar a su “semejante” en un desierto cada vez más forzoso e inesperado.
Inmenso cúmulo de opciones que en el final de su adolescencia lo envuelven: ¿estudio? ¿deporte? ¿ocio? ¿demostraciones? ¿aptitudes? ¿actitudes?... El instinto preservado aflora. ¡Y es que todo se reduce a simples pasatiempos!
Desde su niñez el mundo que lo rodeaba se encargó de encasillarlo en esos eternos establecidos inviolables; una celda en donde nada le faltaba; por donde apenas se filtraba la delgada luz de una de esas erupciones solares que suelen durar once años y medio.
La ingenuidad de entonces le impedía advertir la grosería sobre sus ojos. La consecuencia de todo esto fue un desahogo radical: caricia del sol sobre la inmovilidad vegetal.
Pero ahora, ahora el Viejo de los Ciruelos se regocija amotinando ideas; sin olvidarse de los pétalos púrpuras de Ana María.
Mas todo esto no lo satisface por completo; INXS necesita derramarse; y realmente intuye el fondo de su esplendor, a pesar de desconocer la forma, el medio para lograrlo.
Cuando el Humo del Verano
persuada tus sentidos
no subleves la mente
El Humo se desliza en figuras ondulantes que crecen con el viento entre las ramas de los duraznos en brama; recorriendo los salones de clase del turno vespertino sin que nadie lo note; excepto él, sabio vagabundo de los círculos perfectos. Disfrazado, desnudo ante las venas de ambos sexos, provocando el realce; doblegador, anfitrión al aspirar.
La sangre de INXS se acelera; su garganta árida, marchita; su única aptitud aguda. La mente se transforma. El verano lo conforta al disipar lo trivial alcanzando el extremo.
Cuando el sueño cede se reconoce sobre la cama, solo, como siempre. El fulgor de la nada lo cega, la sed lo sofoca. De pronto, el molesto timbre de la calle sacude su cabellera situándolo en encrucijada al habitar por unos instantes ambos paralelos reales.
De momento no se explica cómo llegó a casa; quizás el metro resultó tan escaso de interés que su pensar terminó por acuatizar en la materia grisácea de cualquiera de esos pardos pasajeros.
Lucha por mantener el colchón sobre el piso. Las cortinas, como torpes fantasmas de papel, juegan con el viento frío que penetra la muralla.
Las ondas sonoras se repiten casi idénticas, lejanas; muy grandes para resbalar en sus martillos y yunques. El las ve acercarse, una tras otra, interminables, incoloras, amables.
Son las cuatro de la tarde cuando la función estelar no cesa de mostrar su poder e influencia sobre INXS.
No comprende si son los acordes de Alvin Lee los que terminan de diluirse en un vaso sobre el buró o un Alka-Seltzer el que trastorna las bocinas de su grabadora. El cabello revuelto. Sus ojos conteniendo los deltas del Nilo y el Amazonas bañados por las entrañas de una fauna desconocida.
Esta emancipación secreta a los veintitrés años de vez en cuando lo pone al borde de la inanición; pero él la prefiere a la putrefacción lenta y segura del nido.
Ahora parece ser Bob Marley quien se ahoga en el agua del vaso; en el cuadrante. INXS descubre el cuarto menguante de un sol carcomido a mitad del eclipse, a escasos centímetros de sus retinas.
Al fin se incorpora, sin ubicar el viejo libro de mitología que cae al piso, rebotando humillado, a tal grado que varias de sus hojas se acomodan sutilmente en el suelo o sobre otros libros igualmente gastados, tirados al pie de la cama –a INXS no le gusta leer libros nuevos, debido a que “carecen de experiencia”, de la experiencia que otorga ese olor único, obsequio del tiempo-. Sus pies descalzos los pisan; incluyendo una edición de El Evangelio según Mateo.
Asegura los huesos en el plano más confiable atravesando en un ensayo el interminable corredor vacío de cuadros o algún motivo de armonías, intentando a la vez abotonarse el pantalón.
Al abrir la puerta advierte la presencia pusilánime de un perfecto mediocre, novato vendedor de sueños tan elementales como justos. Las vibraciones de las cuerdas bucales del sujeto se perciben en el ocaso. INXS intenta controlarse mientras escucha esa cascada de palabras huecas cuyo único interés es obtener un poco de dinero. No le queda otro remedio que correrlo, maldiciendo a todos los vendedores inexpertos del mundo; sin importarle en lo más mínimo las maldiciones que el vendedor le ofrece completamente gratis –si ese vendedor supiera que hoy día casi toda la gente está dispuesta a comprar maldiciones nuevas.
Fue su grito tan poderoso para arruinar el viaje. Se agotan los esfuerzos. El ardid desaparece de su mente y de sus bolsillos. Su voz regresa a la normalidad. La apatía hacia el orbe sigue siendo cruel medianía.
Ilusa la carnada
acaso perdí
Hace escasos minutos que los restos de la última cena cayeron al agua del WC. Son las dos de la mañana. La esperanza por dormir está a veinte horas de distancia debido al placentero reposo de la tarde.
La televisión, como siempre, es obscena: las Torres Gemelas, aterradas, como se aterra quien nunca antes había conocido el terror, se cubren ambas el pecho empapado en sangre, rodeadas de miles de indiscretos. El gran terrorista se siente humillado ante la sopa de su propio chocolate.
INXS apaga el aparato, sinceramente –aun cuando parezca cruel de su parte- contento del acontecimiento; imaginando al día siguiente al Vaticano rezar, por primera vez, por las víctimas del terrorismo.
No es más de media ración casi ingrávida entre sus manos. Pasada la ceremonia, como siempre; como nunca, su visión despierta paulatinamente los sonidos; su olfato percibe apenas esa peste cotidiana de Nuestra Madre la Industria del poniente de la ciudad.
La imaginación lo secuestra de tajo, inadvertido por la CBS o el New York Times.
Miles de matices de un mismo color, cambiantes ante cada parpadear, insisten en sobornarlo -en el buen sentido de la palabra; por primera vez, como nunca antes-. Jugueteo en la alegría de unas cuerdas, frescura de treinta y cuatro guitarras sincronizadas.
No puede contener un profundo suspiro ante el sigilo de la atmósfera; la cual, al mezclarse con el murmullo citadino, dan cauce a cinco imágenes diferentes bajo sus párpados; Ana es la más brillante de ellas.
Las lágrimas se fraguan, calientes; pero los caprichos de la neurología lo transportan de nuevo, lo decepcionan; le advierten, le hacen ver que pronto llegará el momento y que debe disponerse bien, dándose a sí mismo el tiempo necesario, afrontando la resignación de comprender que todo marcha como debe.
Desearía orinarse en la nariz de su yo; olvidar esos crueles rumores respecto a su ventaja temporal.
Ha vivido en aparente calma hasta este momento. Conserva la fragancia de excepcionales visiones, simples experiencias asimiladas; provocando estas la encrucijada de sus cejas y hasta el gesto de su boca. Suele extrañar al arcoiris en el invierno cuando es confidente de la tormenta. Domina mucho, y ese mucho tal vez sea poco, acaso el frío y la brisa; par de camaradas que lo siguen acompañando, intentando persuadir la fecha final de un posible cobarde que nunca ha comprendido el proceder del medio.
INXS nunca ha tenido un hogar estable ni contacto profundo con casi nadie. Para él la convivencia es un azar sin consecuencias. Es un iceberg dentro de su mirada sangrienta matutina. Monólogo, parlante, encubridor. Titubeo sin réplica.
Le fascina rozar la sustancia sin detenerse al motivo. Sólo eso, y eso es más que suficiente para él.
Lo anterior lo ha orillado a plantearse una última opción: prolongar la fuga en la última capa retrospectiva de un suicida, con ayuda de un seudónimo:
-Yo soy el Nombre... ¿Tú eres el Hombre?
Reacciona.
Llegó más lejos. Incluso las Luces inquietas de las Edades se irritaron durante la madrugada temiendo que el corazón de INXS se olvidara de abrigar los recuerdos, convirtiéndose en bulto inmóvil ordenando el desagüe de su linaje.
Una de estas Luces, haciendo las veces de resucitador en la sala de emergencias, posa su mano sobre la frente depresiva de INXS.
Al abrir los ojos se percata de que Marley se ha evaporado por completo. Han transcurrido dos días; dos minutos... ¡Qué importa!
El final de la noche fresca lo sigue cobijando.
Decidido, desdobla otro documento sugestivo que envuelve los deseos sublimes; al mismo tiempo acaba de perder su trabajo de medio turno. ¡A quién le interesa!
Consciente de su proceder, comprendiendo que no existen los accidentes, aspiración tras aspiración se diluye entre el brillo palpitante de las Epocas; disfrutando el momento al cuestionar la duración de otro acontecer. No puede burlarse de nadie –no sabe; además ya no tiene tiempo de hacerlo-, acaso de sí mismo.
Esto es algo así como las manías de un simple prototipo.
El gozo lo envuelve. Deseoso de hacerlo todo de nuevo; de no intentarlo nunca.
La atmósfera es pesada, acogedora, extrañamente familiar en sus fondos. Sus pasos centellas acercándolo hacia algo que admira en belleza; algo que puede tocar; que besa.
Besa a ese algo que responde al estímulo con un clamor diluido:
“Ahora es invierno. Pronto llegará el verano. Entonces, la tormenta huirá fatigada para que puedas leer lo que las estrellas nos quieren decir.”
INXS no comprende dónde, cuándo ni porqué está; mucho menos el significado de lo que ha escuchado; no en voces, propiamente dicho.
El camino que ha elegido es largo, muy largo para tener idea siquiera de su ideal.
-¡Dónde estoy! –grita INXS.
-Habitas la dimensión cero, muchacho –una voz casi sonriente, proveniente de ninguna dirección, de todas partes.
El agua brota de la pequeña cascada. Hermosas nubes inmóviles. El ciervo refrescándose en el arrollo. Quietud de los pastizales.
Amanece en la montaña mayor. Ocaso en un mar-laguna. Un sol que nace, otro que muere. El agua que brota, el agua que escapa.
-Sé bienvenido –le dice aquella voz como se lo podría haber insinuado una mirada benévola-; lo has logrado; o más bien, al fin te decidiste. Estás a tiempo, aquí hallarás tu deseo, la semejanza. La utopía.
-¿Quién eres? –pregunta INXS por puro reflejo; sin sentir miedo.
-Descuida. Nadie te hará daño. De hoy en adelante sólo deberás prevenirte de ti mismo, de tus labios. Debes interrogarte, pues lo que veo es un frustrado número en el ejército detrás de esa imagen deplorable en tu espejo.
“Yo soy la Verde Yerba de los campos; también soy el funesto y sombrío Pantano de tu mente; así como el puño que te puede hundir en la noche verdadera.
“Mía no será la decisión. La opción es tuya, quizás como Coral de Espinas. Yo poseo la apariencia de un Viejo Leñador de la montaña.
“Eres privilegiado por ser diferente –INXS sigue escuchando atento a esa voz, por primera vez atento en una concentración en verdad amena, relajante-; pero ser diferente, aquí, no es una opción, es tu fortuna; y los elegidos tienen acceso a otra circunstancia.
“Tomando en cuenta que apenas inicias tu camino ascendente, te puedo decir que también soy la mano que te puede rescatar del Pantano. El hecho mi rutina; la suerte tu mejor aliada, créeme –INXS suspira perdurable, volteando a su alrededor en busca de semejante resplandor auditivo.
“La intuición mi propio juez –sigue la voz-; la razón tu guía. La ficción tu futuro; podría decirse, yo el cronista.
“Uno de los dos soles que ahora admiras desaparecerá al proclamarte superior absoluto en tu mundo de carne; en este refugio resucitado para viajeros como tú.
“¡Vamos! ¡abstente por primera vez de tus mundanas sorpresas! ¡atrévete a inclinar la balanza!”
De pronto, otra voz, femenina, sin definición clara, sin palabras, sin sustento, canta, mezclándose con algunas palabras del Viejo:
“Viandante sin rumbo próximo al sol
penumbra estelar fluye la luz
ciegos sentidos, mi razón
En la vía de sensatez
cruel Anciano que me advierte:
‘Antecede esta vez
si la sangre por tu frente
resbala languidez
que la Tierra del Poniente
desconoce la vejez
de un andrógino en su vientre’ ”
La voz del Leñador retorna, profundamente cordial:
-¿Deseas incidir?... ¡No respondas! Aún eres criatura de la sangre. Tu respuesta sería tan fácil como hallar una aguja en un mar de jeringas. Bruto diamante entre las rocas.
“En tu mundo, al igual que muchos mundos, la rutina suele ser amante compulsiva del ocio, y este degenerado sexual de la fuga. ¡Bien sé cómo la amaste! Y si te queda alguna duda al respecto, quiero que sepas que en verdad conociste el amor, acorde a los límites de tu plano. Pero muchas sorpresas tienes por delante; muchas sorpresas que te cautivarán por ser diferente; muchas sorpresas que te revelarán que el gravitar en el peso de un esqueleto, en el tiempo y el espacio, eran cosas apenas trascendentes”.
La voz femenina vuelve al canto:
“Hastío
de ir la vida
con argumento
sin asilo
para mi sombra”
-El desprendimiento de las californias será ficción para tus sueños; la timidez del humano lo podrá presenciar. A ti siempre te ha gustado navegar sin trascendencia del andén. Te deleitaste con la mirada de ella sin importar la trama. Aceptaste la muralla sin colocar un ladrillo. Era cuestión de principios: evitar la simulación”.
“Las calles andan
los bultos paran
En la tumba
el Viejo llora
su secreto
Envícianos
revela tus alas
divulga la distancia
¿Porqué sólo en la estrechez
el accidente es un engaño?
Suspiros destilan la rosa
un poco de tierra el recuerdo
La estirpe púrpura mana del soldado
un rezo llora en los labios de su dama”
Ahora, una historia original puede desarrollarse en cada línea de su huella digital.
Una vez más esa voz angelical:
“La Verde Yerba
y su embeleso:
‘¿Liarás destreza
de un ocaso?’
Mi ironía
es el cierzo
febril consigna
abrirme paso
De su rocío brotó poesía
sus palabras de mi aliento:
‘La dicha de la fantasía
es tu presente incierto’ ”
-El sol fatigado consintió que los vetustos mares fueran chupados por el viento. La tierra rasgada exigiendo el aceite de tus venas como ofrenda a la última lluvia que soportara. Tibia mudez del fuego.
“La marea los ahoga
la corriente los separa
la llovizna los esparce
la afluencia los enlaza”
-Hasta que ella supo que contabas con ventrículos, y de la importancia de la aorta -sigue el Viejo Leñador-. Huellas digitales hallando la salida al laberinto en cada necesidad. Ateísmo indeterminado en el que el delta de un río es azul.
“El Leñador me advirtió
la Verde Yerba confié
ahora, el Pantano me hostiga:
‘¡No atravieses por amor!
sin reír habrás llorado’
Al llegar a la otra orilla
me insinúa su secreto:
‘Que la tierra y tu semilla
se concilien sin lamento’
Ahoga la lluvia
mama del viento
cega la mente
abre la puerta
El mutismo del Anciano
condonando mi error”
-Las avenidas sin obstáculo para derramarse. En el pesebre reposa un fetiche; en tus labios el frío. Pierdes las llaves de tu mente pero la chapa del bar cede: etilizados te llaman raro, cuando son ellos los que padecen virginidad mental.
El mundo es plástico; tu nombre, Ana María, ácido; el blues dulce verdad. Y su mirar...
Quebrado, bebido, te pienso
Te pienso de noche
cuando las moscas huyen
los buitres vuelan
fantasmas surgen
y damas velan
El agua sobre el olivo; el fuego cura tus venas. Ella narra la gesta; soy nada para juzgar.
-¿Alguna vez escuchaste hablar de la locura de un Nombre? –le pregunta el Viejo Leñador a INXS- Fue su castigo por orinar sobre la llama de lo que muchos llaman esperanza. La tuya es otra perspectiva; créeme que el final también huirá, y llegarás tú, regocijado por descifrar el inicio.
“El invierno sigue su camino; el verano se aproxima. El todo se despejará para que descifres al fin el mensaje”.
Por su parte INXS sufre una confusión de tales dimensiones, derrochando sus derrotas, que lo único que puede responder a la visión es:
-¡Necesito leer estos libros! –inmóvil sobre su cama; rodeado del aroma exquisito del viejo papel editado; parece dormir.
“Al llegar al precipicio
el Coral de Espinas miente:
‘No confíes ni en ti mismo
deberás hacerle frente
a la efigie indócil
quimera de tu mente
Contemplancia de los vicios
en sorpresas de un vidente
las derrotas son indicios
suave causa de tu muerte’ ”
-A considerable levitar, menor es tu sombra sobre el suelo. Eres la fantasía de lo que realmente vives. Tu destino es encontrarte con el viento que nunca varíe su sentido.
“¡Ya deja de planear lo que quieres y haz lo que deseas hacer! Tú no sólo viviste; tú conceptuaste momentos y circunstancias –el Viejo Leñador está preciosamente conmovido.
INXS ha comprendido un poco más; sólo un poco:
-Dime papá, ¿qué debo hacer para borrar la penumbra en tu rostro, augurando el destello de tus ojos?
Desde la tumba, allá, donde resulta cotidiano vomitar lágrimas sobre el asfalto de la gran ciudad, el Viejo Leñador sigue llorando su secreto.
Inolvidable, amado e inconcebible gigante de hierro y concreto siempre al asecho. Inútil huir del aire putrefacto de su garganta. Citadinos marchitos formados en moldes falsos; en matrices de oxígeno que todo lo que necesitan es el filo de una botella empuñada.
Burda fe abolida, sangrante de historias, de agonías, de memoria.
¡Qué bella voz angelical sin descanso!:
“La nube roza la montaña
nívea crema gotea gradual
calor en sus entrañas
Iztlazzihuatl
se ha aprendido a masturbar
Esfuerzo perenne
gris sutil la primavera
tibio sino aún dormida
en su gloria y tempestad”
-En el límite, ¿sucedo? –INXS comprende- Explícame entonces por qué las historias resultan, a la vez, un profundo sueño trastornado, navegando entre nubes, ante Tu decisión de concebir la idea coherente –su padre carnal retorna a su memoria-. Lucidez –sigue orando-, en calidad de sabia de la planta multirracial. Monotonía, del vaivén en los ojos de un Buda acartonado que espera eterno en su plácido sentado a que el hilo reviente y el péndulo caiga. Erotismo de mujer vislumbrando su frontera tangible y sus bordes divinos. Ritual de los pinos alegres al ser bendecidos por el viento. Mirada triste, pedregosa de la tortuga que reconoce el caminar de aquellos crueles primates. Amor caprichoso, como el óleo nocturno de la luciérnaga. Perdón bondadoso, borrando todo indicio de fosforescencias.
“Al final, esa difícil facilidad que poseen los viejos para sonreír ante la adversa calma del relámpago enloquecido.
“Y después, al fin la marea sepulta toda erosión mental a una simple sonrisa de la luna” -el mismo INXS se siente sorprendido de esa rara capacidad, nunca antes experimentada por él mismo, de conceptualización sin tropiezo.
Advirtiendo amenazas cuestionaron las mentiras: un adiós que parece la bienvenida a la Yerba, al Pantano, al Coral de Espinas, al Viejo Leñador.
INXS debe acercarse al céfiro en busca de la única luz y del único viento; amando aún el encantador error animal –al fin se da cuenta-; va a la caza del sub-post-Cro-Magnon adaptado al siglo veintiuno.
Cálido vientre final por las ventanas de la montaña se aproxima, y se aleja. Nada es nada. Todo es incógnita.
El Humo de la Luz desmiente a los atorrantes entre la Yerba que enmarca la tumba; alguna flor ha de quedar en pie; INXS lo sabe.
Se ha entregado a la luciérnaga, a la alegría del llanto, a los ojos infantiles de manantial.
El Viejo Leñador le grita a INXS, maravillado del milagro:
-¡No temas respirar! ¡No temas respirar!
Ensanchando ¿sus pulmones? INXS desea hacerle saber a ese extraño personaje que desde este momento ya nada deberá temer por su alumno:
-Ahora puedo ver –la voz de INXS se escucha plena- a los niños envejecer mientras el ancestro llora su sigilo desde el mausoleo –se siente crecer en esplendor-. Los sueños del transformador ideológico y las nubes bajas ya lavan el vómito de la gran bestia de concreto. La sangre de los suburbios ha llegado al mar.
“Un viento perfecto arrasa con todos mis imperfectos círculos de humo. Mis sentidos se alejan burlones por la ventana. ¡Es tan confortable!
Su libro de mitología, descuadernado por completo, cae de nuevo al suelo.
En el amanecer del centro de la tierra las noches poseen recuerdos que al alba son ciegos, incluso monstruosos.
Insensibilizado casi todo; paralizado el resto, excepto su mente que sin pausa rehuye.
Sondas y barba. ¿Desde cuándo? La rebelión de sus neuronas le impide hacer un cálculo aproximado. Su nariz escurre por impulsión o por hábito. Gotas derramando dudas sobre los ojos.
Ahora su mirada contempla, sus oídos atienden. Le ruega a esas parduzcas cortinas que dancen; es inútil; lo único que logra es que le muestren su feroz dentadura; en el fondo de sus bocas el eslabón errante.
Hace días una ambulancia anunció el renacimiento de INXS, con el núcleo repleto de aire y la neumonía ahogada en sangre.
La luna ha culminado la abominable obra en el interior de aquel vaso, ahora polvoso, enlamado, sobre el buró. Además, alguien introdujo un trinche en el cerrojo hurtando el recuerdo de Alvin Lee y demás camaradas.
¡Pero nadie podrá arrebatarle nunca la encrucijada de sus cejas!
El Leñador pone a prueba su temple mientras la Verde Yerba acaricia al Pantano con pinceladas de un Coral de Espinas inapto para concebir la flor.
Plaza y Janes, incluso Anagrama, cuentan una y otra vez el dinero que han ganado con la generosidad y soberbia de un Nombre. El relámpago se ofrece como instrumento de huida, con el sudor resbalando sobre su lomo, harto ya de humillar la otrora cordillera virgen.
El Nombre desea realizarse como adjetivo a través de murales carentes del día verdadero. El Leñador lo nombra, advirtiéndole que no está preparado para ver a los ojos del Edén.
Los niños de la gran bestia, de la gran ciudad, están todos en las bibliotecas, volcados sobre diccionarios, sobre enciclopedias, buscando etimologías en la letra “V”; sin sospechar que ellos mismos podrían algún día en los nuevos vulgares.
La niebla se muestra por un ecualizador derretido; a la par de fetiches desfilando hacia las fauces de las cortinas; son sombras encadenadas, aterradas de haber bebido la esencia de un nombre a orillas del Nilo. Los árboles ribereños conservan la sangre derramada, formando caminos coagulados que guían hacia la puerta final:
-¡No se abrirá nunca para ti! –sentencia la Verde Yerba a INXS.
-¡Déjame entrar! ¡Quiero conocer el Edén!
-Tu perfil real ha muerto. Viviste del transpirar sucio; por lo tanto no puedes ser consolado por lágrimas cristalinas. Pero no te des por vencido, recuerda que eres diferente; aquí dentro habitan entes que te comprenden. Lo que debes hacer es demostrarnos que ese transpirar sucio fue en verdad tu originalidad incomprendida.
“No lo olvides, debes prevenirte de ti mismo. Nuestra no es la decisión; la opción es toda tuya. Al genio todo se le perdonará”.
Un Ave Fénix ya ha picoteado las cenizas del último círculo en turno. Vuela lejos, lo suficiente para reconocer desde las alturas su propio hogar, la casa natal; mas la desprecia, debido a que la vieja casa sigue pintada de negro.
-¿Por qué no la has tapizado de blanco? –le reclama INXS a su padre.
-Tengo motivos para guardar mi luto, ese luto que tú nunca comprendiste.
-¡Necesito viajar! ¡vivir! ¡experimentar! ¡Resulta imprescindible perderme para encontrarme! ¡Busco el significado de la catástrofe! ¡Entiéndeme, por favor!... Debo toparme con mis propias yemas en algún cenicero, en el profundo rincón de cualquier bar. ¡Busco a un loco llamado INXS!
-¡Abre los ojos! –responde su padre, llorando, suplicándole que se quede en casa- ¡INXS eres tú! ¡Mi querido INXS!
-No papá, lo que ves es mi cárcel. Yo soy más que esto que ves, mucho más de lo que tú imaginas. Siempre lo he sabido; y hace poco, un Viejo Leñador confirmó mis sospechas.
Lágrimas que caen sobre las ramas secas del Viejo Arbol de Ciruelos en el patio trasero de casa. Una cigarra audaz absorbe alguna de ellas; muriendo minutos después, al saber de las antenas de la mariposa multicolor que incluso el agua del mar ya contiene crepúsculos de las cenizas del último círculo en turno.
El Ave Fénix se marcha sin voltear atrás; sin percatarse de que la vieja casa se ha teñido de gris con las cenizas que sus alas dejan caer al abrirse y alejarse para siempre.
-Esta ciudad ya no guarda ningún recuerdo digno para ti. Si aceptas mi invitación, te brindo mi mundo. Estoy seguro de que Datura y Peyotl sabrán guiar tus acertijos.
-¿De qué me hablas? –pregunta INXS al Hombre.
-Así como el agua, la arena y el cemento digieren tu canto, tan piedra y ángel, yo estoy hecho de toloache, hongos y mezcalito . Los tres son devotos si les eres dual.
“De seguir aquí terminarás adherido a la sábana por un camino de sal que ya ha comenzado a brotar de tus cavidades visuales. Acabarás olvidado bajo una mata de geranios, al pie de cualquier edificio incoloro, en el gran cementerio clandestino.
-Está bien –responde INXS al Hombre, en verdad motivado-. Vámonos de aquí. Llévame lejos. Ahora quiero conocer esos límites de los que me hablas.
-Tú no estás destinado a conocer mis límites; pero quiero que sepas que aún no sospechas tu propio poder. Por eso quiero que me acompañes. Tú mismo te sorprenderás de los alcances de un humano decidido a realizar la utopía.
Y se marcharon. El Hombre feliz de comprender que al fin regresará a casa con un motivo sublime: el hombre. El Nombre, por su parte, buscando lo incierto, basado en la esperanza, en su propio nombre.
El calor es intenso. El arrullo mecánico fascinante. Veinte millas los separan de Yaquitown , treinta de Arizona.
La armónica familia de cactáceas los vio pasar veloces durante la noche. Tierra amarillenta, rasgada, semejando la palma de una mano encallecida, surcada por las llagas, las espinas del dolor. La Madre Tierra amorosa que acoge a sus hijos.
En esta parte de su cuerpo -que nada tiene de intimidades- la piel es anciana, forjada por la codicia de Tlaloc , dueño egoísta de las lluvias de fuego.
Ahora, en plena mañana, como si no hubiera tiempo que perder, el Nombre y el Hombre se escabullen del pueblo a través de un camino largo, insufrible para los pies incluso protegidos por el cuero. Ecosistema áspero del lado final del planeta.
Media milla tremendamente lejana anuncia la distancia hasta una choza; entre el vapor que parece surgir de las rocas provocando que el final del camino levite y sus cuerpos semisolidificados en ascendente radical. Las lágrimas no aparecen en INXS ni con el esfuerzo del bostezo; y es que está mutando en lagartija extranjera en el suelo del rigor.
El alcance se estrecha, a tal grado que INXS interpreta las paredes de adobe de la choza como un extraño monumento en medio de una nada maravillosa. Nuevos olores a viejo, armoniosa antigüedad, perfecta armonía, le muestran que las puertas no son bien vistas en este paraíso tan singular.
Ollas, petates , comedor de piedra, yerbas con alma el decorado, ajos colgantes crucificados. ¡Aromas!
El infinito alrededor.
INXS descansó del largo viaje de la misma manera en que el maíz espera la alborada de su madurez: envuelto por una hamaca.
Al despertar, la armonía lo domina todo. Por primera vez en su vida experimenta la placidez; incluso en las brazas chirreantes que mantienen caliente, lo mismo el comal que las cenizas blancas, inmaculadas, en la estufa de leña rebozando silencio.
-¡Qué es esto! –grita INXS, abriéndose el panorama entre las hojas de la mazorca que ondula apenas- ¿otra trampa?
-No INXS. Las mil tonterías, las mil derrotas. La misma vida, aunque no lo creas, también saben agradar a un incomprendido como lo eres tú –le responde otra voz, sólo eso.
-Experimento nuevas sensaciones; una rara felicidad –al decir esto, la mirada de INXS le sonríe a todo su alrededor.
-Te presento a la Paz, amigo. Disfrútala en su alianza; porque te esperan épocas terribles; ese es tu destino.
-Y tú... ¿quién eres? ¿qué eres? ¿por qué estás aquí?
-Soy el Coral de Espinas. El desierto es mi hogar. ¿No me recuerdas?
La oscuridad más allá de la choza deslumbra los ojos de INXS, obsequiándole el sinfín titilante más iluminado que ha visto jamás; el primero quizás.
-¡Mientes! –sentencia INXS- ¡Eres el Leñador!
-¿Y qué haría un leñador sin su bosque? –responde la voz.
-Aquí tampoco hay cables eléctricos, ni analgésicos o papel sanitario; y sin embargo sé que sobreviviré.
-Querido INXS, relájate. ¡Permite al fin que Quietud se te obsequie!
“La mano en llagas desea que vistas la usanza. La vereda que ayer caminaste, nunca, créeme, nunca ha sido arrollada por el hule u otro material semejante; sólo reconoce al caucho, la fibra, la piel viva; la piel suave y rosada del citadino, como la tuya. No eres el primer incauto que llega hasta aquí; pero sí eres el primer diferente; y este hecho ennoblece al hombre.
“Las piedras del camino permanecen desde tiempos ancestrales sin razón alguna para modificar sus ubicaciones premeditadas. Esta es la antesala del Templo Mezcalito; hacia el sur, el Sagrado Honguito; el oriente es de Toloache. Los tres serán tu viñedo; alternativas ante las condicionantes del carácter –INXS se asoma en el umbral de la cabaña, descubriendo apenas la encrucijada de los tres caminos, iluminados por algo.
Tres son sus cabezas. Cada una vigila cierta región aproximada a la casa del inframundo. El cerro del bajo suelo se yergue fabuloso en toneladas de carne convertidas en lava; se dice que hay escarabajos en sus cavernas.
En esta época del año, las horas de la noche provocan el estrangulamiento pedregal de la luna; labrada por la cuarta humanidad antes de la historia; recuerdo imborrable de Tepozteco .
Pero, ¿cómo avistar al hijo de Quetzalcóatl desde los lindes de Arizona?
Lo único importante a saber es que él desea ver a INXS para revelarle su propia logevidad:
“Deberás remediar la catástrofe de Tiphon , cuando una mano suya toque el oriente y la otra el poniente, y su cabeza se comunique con las estrellas. Será el momento de despertar a los grandes aires del infierno.
“Las tres cabezas sagradas dejarán pasar todo a sus adentros, los indicios de arte y amor.
“Tú eres el elegido para salvar la semilla. Tepozteco te llamará; ahora, debes prepararte”.
Son las cuatro del nadir del segundo día. Los escultores prehistóricos se esfuerzan por crear el consuelo de las sucesiones.
Se le ha revelado la historia futura a INXS; al tiempo que se anima a saludar a los tres caminos. La hamaca se presta de nuevo como el mejor lugar para su reposo. –El Coral de Espinas guía la pausa:
Es princesa, virgen, andrógina.
El valle consagrado del Tepoztécatl se regocija de ser la mano cálida y fértil; al saberse también madre si origen de quien engendrará en su vientre al guerrero Tepozteco; luego de saber guardar en su frontera material y naturalmente divina esa piedra de jade que encontrara en el camino del oriente; depositándola incondicional al cuidado de Quetzalcóatl, dios lunar que ilumina las noches divinas de la princesa. Entre ambos engendrarán a su hijo.
Y la montaña reverdecerá, como siempre; sin ayuda de la lluvia. La niebla, por su parte, la ayudará a levantarse de su sepulcro, a olvidar la crueldad de Tiphon, quien con un simple ademán tan cruelmente la destruyera.
El nombre de la madre es Iztlazzihuatl, la mujer preñada, radiante; complacida por la naturaleza bajo el símbolo de su hijo, gestado en una noche inolvidable, al lado de Quetzalcóatl.
Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, también conoció a Mezcatl, amigo de la paciencia, puente del alimento, de la primera experiencia no ordinaria del Rastrero con Plumas, quien pregunta:
-¿Será esta la última carne?
-No –responde Mezcatl-, habrá una más, una nueva, protegida por su propio guerrero; al igual que tú lo fuiste con tu propia carne.
-¿Cuál será el nombre de ese nuevo guerrero?
-INXS. Sé que es un nombre bastante extraño; pero no puedo hacer nada al respecto. Lo que sí debo revelarte es que aquel guerrero será forjado en el acero de los templados martirios, cual debe ser; como tú mismo fuiste formado. Nacerá cuando dos estrellas se alineen con el oriente, anunciando la nueva vida.
Medianoche. Quetzalcóatl e INXS despiertan al trance. La montaña del Tepozteco sigue obstruyendo el mensaje fresco de las estrellas rasantes. Es ahora cuando INXS descubre que el hielo se ha derretido y el manantial canta el aviso del corazón del universo:
Eres agraciado por singular a pesar de que fuiste infecto ante tu medio. Huiste del Pantano formado por el vómito de la gran bestia. No buscas la gloria, mucho menos a personajes intrusos. ¡Vaya que eres singular!
Bajo estas condiciones debes saber que el éxtasis está cerca; mismo que no podrás evitar. Tu misión será preservar el germen.
El final no se anunciará por enfermedades; pues la única enfermedad verdadera es el propio humano terrestre, uno de los seres menos dotados del cosmos, gran amante de la ilusa rentabilidad inerte; de la distorsión de conceptos, como consecuencia de su egoísmo irracional. Las Manos se cansarán de sostener su propia mentira.
No lo dudes, llegará tu momento. Al presente, debes iniciar tan pronto como te sea posible tu adiestramiento. Y es que la cuarta humanidad se rigió por las galaxias de la magia; la tuya lo ha hecho con las estrellas del dogma.
Con el paso del tiempo, de mucho tiempo, INXS ha aprendido a cazar para alimentarse; de la misma manera se ha preparado en el noble oficio de encontrar el agua que la mano con llagas esconde bajo su piel; entre muchas otras cosas más, necesarias todas ellas para vivir en perfecta armonía con la naturaleza.
INXS ha aprendido a sobrevivir. Ya se cuentan por miles los días de aprendizaje primario, de disciplina secreta, de soledad felizmente compartida con lo original; resultándole totalmente ajena su vida anterior, allá, en la gran urbe solitaria.
Es la mañana cuatro mil y tantos. Por el camino virgen del Mezcatl, INXS descubre cierta figura humana acercándose sin prisa, sin destino, sin camino, tomando en cuenta los va y venes de lo que poco a poco le va pareciendo un anciano cansado con tremenda carga de leña en su espalda.
Al estar próxima esa figura humana, INXS comprueba que efectivamente se trata de un Viejo Leñador de alguna lejana montaña, de ojos cansados y rostros seco, terrible; ligeramente encorvado y piernas poco confiables. ¡De mirada tan dulce!
INXS lo asocia sin reconocerlo; lo acepta sin coordinarlo; lo comprende sin identificarlo. Su memoria desea abrazarlo cuando el pasado inmediato, de alguna manera, se lo impide.
El Anciano descansa su carga resoplando fatigado, secando el sudor que escurre en todo su rostro, en todas y cada una de esas largas canas calcinadas; para luego dirigirse a INXS:
-Se han filtrado muchas imágenes desde nuestra partida, muchacho. Me da gusto saber que eres el predilecto. He venido especialmente para prepararte.
INXS no puede asimilar estas palabras; no sabe juzgar los recuerdos, en la nueva, plácida soledad que desde hace varios años lo ha venido acompañando con perfecta fidelidad. Por su parte el anciano se dirige a INXS, en actitud prepotente, decidida:
-¡Recibe a Peyotl, hijo, como único alimento y sustento, y acompáñame! ¡No debes hacer otra cosa en este momento!
INXS acepta el obsequio de manos del Viejo Leñador, dejándose envolver por otra dulce persuación: ahora, el ciervo sacia su sed del agua que nace y del agua que escapa, del manantial y la cascada; el sol del inicio y el sol del final, extremos opuestos alineados. –Extraño, nuevo desviciamiento del futuro guerrero.
-No ha cambiado el particular gesto en tu rostro –le dice el viejo-; esto significa que sigues firme. Creo que es tiempo de que conozcas mi verdadero nombre. Yo soy un simple mensajero del indicio final, pero tu particular armonía no me puede llamar de otra manera que “Lol”. Mi nombre es Lol, INXS, el Viejo Leñador. Para ti y por siempre seré Lol .
“Tu sino se basa en provocar a la sexta humanidad, ni más ni menos, en el interior de un volcán; y a su momento, encargarás al Cancerbero su cuidado; y el Cancerbero elegirá, llegado el momento, algún renovado valle para esta sexta humanidad, de la cual tú serás su padre.
“Sé que todo esto te suena ridículo, absurdo, imposible; pero, ¿no te parece ahora ridículo, absurdo y hasta imposible el mundo en el que viviste antes de llegar aquí?”
INXS, dirigiendo su mirada al infinito, sigue recordando...
El viejo Lol introduce ambas manos en la arena candente del desierto, extrayendo de la profundidad de la boca de la Madre Tierra un cuchillo de pedernal especialmente diseñado, cuyo filo comprueba iniciando el ritual de la cesárea de la propia Madre renovada; para luego ordenarle a INXS:
-¡Toma entre tus manos este cuchillo! –se lo ofrece- ¡Rebana las venas de tus muñecas! ¡Que tu sangre alimente al único origen!
“Después, con tus manos agostadas, arrancarás del suelo el cactus de la vida, espinándote, sufriendo como pocos lo han hecho en tu humanidad. No dudes, no puede haber muerte en tu proceder; bajo mi cuidado beberás del cactus, de la misma manera que tú mismo lo has aprendido a hacer. Es tu destino. Es mi delirio. ¡Sufriremos al unísono!”
Así, INXS domina el temblor de sus dedos. Ha comprendido perfectamente a Lol al lograr memorar apenas sus propias imperfecciones. El terror de su mirada, en el último instante, evita al anciano, aceptando el cuchillo de pedernal.
Por alguna razón que a bien ha tenido en aceptar, obedece como cordero: su mano izquierda corta; su muñeca izquierda cortada.
El cuchillo cae al instante a tierra recibiendo cálidos hilos de manantial de la consistencia de un humano elevado, quien asustado, al igual que cualquier humano ante una nueva experiencia sublime, no puede hacer otra cosa que experimentar su vacilante densidad.
En el momento en que INXS siente profundas náuseas y extremo dolor, la mano con llagas se convierte en puño de dolor que lo golpea; cayendo sobre la ya consabida Madre, recordando aquellas lejanas palabras proféticas:
Yo soy la mano que te rescatará del pantano
o el puño que te hunda en la noche sin retorno
Lol advierte la confusión del alumno, transformada en profundo espanto de su rostro:
-¡No evoques la antigüedad! –le grita, le exige- ¡Concéntrate! ¡Demuéstrame tus agallas!
INXS se arrastra con estupor hasta el cactus que le señala el anciano, el más grande, el de más profundas raíces.
Un grito indescriptible escapa de su garganta, jalando varias veces de la cactácea ante su vista nublada, espiándose los brazos, las manos, el vientre, los muslos; hasta que finalmente el bulto cede, arrancándolo casi de raíz.
Ayudado del pedernal que empuña con ambas manos espinadas, temblorosas en extremo, descubre la intimidad del tremendo cactus, bebiendo la savia baba de su interior, el alimento tan deseado; hasta caer exhausto, pesado sobre su propia sangre tibia.
-Descansa –le dice Lol en tono paternal-. Descansa lo necesario. Descansa una eternidad. Yo no conozco de esas prisas de la gran bestia de cemento. Y ahora, dime qué es lo que deseas en este momento; mi obligación, mi anhelo, es premiar tu valor –la mirada del Viejo Leñador encierra el absoluto de toda esa alegría reprimida en la urbe.
-¡Olvidar mi dolor! –implora INXS, con la respiración entrecortada, producto de las cientos de heridas punzantes en el cuerpo, incluyendo sus labios; y la constante pérdida de sangre; fulminado con su rostro carmesí apuntando hacia el sol supremo del mediodía- ¡No quiero morir!
-No sufras, guerrero. Peyotl sabe sanarte.
Horas más tarde, en el alba caliente que sepulta el frío del desierto en tinieblas, Lol sabe respetar la sangre adusta arrastrada por el viento de la noche.
INXS despierta: sus muñecas cruelmente doloridas; su cuerpo aún aguijoneado; sus terribles heridas cicatrizadas. Su espíritu purificado en otro nivel.
INXS realmente tiene la capacidad para admirar lo inmensurable; agradece a Alguien. Lol lo llama:
-En verdad que la encrucijada de tus cejas es más que una simple apariencia.
-¿Realmente soy el... elegido? –le pregunta al viejo, titubeante y dolorido; hasta cierto grado escéptico.
-Así es.
-Tengo miedo. Tengo mucho miedo.
-Lo desconocido únicamente merece respeto, INXS.
-¿Cómo puedo saber q.. que podré?
-Ante mis ojos veo al único aprendiz; y tienes al único maestro. Esto significa que las circunstancias de tu momento se resumen a una sola.
-El Jaguar se acerca, INXS –sentencia Lol, contento de que los designios fluyan por buen curso; satisfecho de la actitud de su alumno en las últimas ocho semanas-. De un momento a otro montará por el horizonte con la única intención de tragarse al sol. ¡Debes impedirlo!
-¡P-pero c-cómo! ¡Cómo voy a hacer eso! –pregunta INXS nervioso, o más que nervioso, en verdad inmerso en un terror maduro, mismo que sólo pueden experimentar quienes ya conocen el terror; a tal grado que lo que había ganado en seguridad en los dos meses pasados parece desmoronarse en su voz quebrada y su mirada estremecida; vestido a la usanza Yaqui; desconcertado ante las palabras fatales de su maestro.
-¡Debes impedirlo, INXS! –responde Lol con mirada bondadosa; pero su voz también refleja el temor de lo que podrá suceder en los próximos minutos; y a la vez emocionado por la incógnita que representa su pupilo ante un nuevo reto nunca antes vivido por él.
De pronto, un terrible felino lo envuelve todo; incluso a las flores escasas que parecen marchitar sus tesoros. INXS voltea temeroso hacia la línea inconclusa del horizonte cuando las garras del monstruoso Jaguar aparecen en el límite visual del raso desierto, acompañado de otro rugir que hace retumbar la llanura.
INXS, bloqueado, se siente inmerso en una exquisita sensación que le sugiere: “Lo desconocido únicamente merece respeto”.
Nunca se ha acercado al terror en su máxima expresión. Por lo mismo, nunca ha sospechado la calidad de su valor, sea mucho o poco este.
Se decide, llevado por un espontáneo y natural dolor, traducido en enojo, en valor por defender la familia, la familia universal:
-¿Posees alguna buena razón para desear nuestra orfandad? –le grita al Jaguar, retándolo con actitud desafiante a la distancia.
-¿Tiene sensata justificación esta vida? –responde su voz hueca, enorme, casi humana, del Jaguar.
-¡Tú solamente buscas un pretexto para morir! ¡Pero no tienes los tamaños suficientes para suicidarte! –acomete INXS; y es que la pelea ya ha comenzado: la lucha de la mente, en busca de la comprensión del espíritu.
El Jaguar ha sido desenmascarado de inmediato, ridículo, por la inteligencia de INXS; transformando poco a poco su cuerpo musculoso y la apariencia sanguinaria en la dulzura de un cachorro, para luego metamorfearse en ilusión traslúcida de Angel astuto; intuitivo, es verdad, pero sin argumentos para el momento trascendente.
En medio del placentero silencio apenas acariciado por un viento caliente, el Angel Intuitivo se aleja infinito abriendo sus alas de esplendor; pareciendo confinarse a sí mismo dentro del resplandor del sol.
Lol, satisfecho, carcajeando al punto de la tos crónica de su vejez, se acerca orgulloso a su alumno, quien desconcertado, apasionado, con las venas bien marcadas en el cuello, sudando a raudales frío y calor, acepta de buena gana las sonoras palmadas paternales en la espalda por parte de Lol; cuando Angel Intuitivo es menos que un punto negro perdido en el sol.
-Pide templanza a Peyotl –le dice el Maestro a INXS-. Ahora sé que tu voz será escuchada algún día a través del círculo horizontal.
INXS solamente desea ir a casa; tal vez Ana María ya ha regresado. Qué mejor oportunidad para tomarla entre sus brazos y contarle la aventura, disfrutar junto con ella de ambos paralelos reales.
Desde ese día, al saber de la hazaña, el desierto, paulatinamente, se fue proclamando fértil, llamando a su regazo, además de las lluvias abundantes, a todas las razas animales y vegetales que hasta antes del suceso habitaban en su alrededor, más allá de la región, del continente; obsequiándole el todo absoluto a INXS, un oasis incomparable; entendiendo, en este caso, a un oasis como el paraíso terrenal en medio del follaje; pero un paraíso solitario, sin ella, al menos de momento; tomando en cuenta las ya famosas circunstancias.
Los frutos del cordero se entregaban dóciles a su protector; los hombres que también decidieron habitar la gran llanura, buscando nuevas riquezas materiales del otrora desierto, valga sea la triste costumbre, solían tartamudear al escuchar el nombre del libertador, el Nombre; muchas plantas obsequiaban sus princesas ofrendas al nuevo soberano. INXS, un ex pusilánime de la civilización, ahora convertido en príncipe de la llanura. Pero él, en su interior, en su particular aventura, simplemente es capaz de seguir luchando contra el desenlace y sus consecuencias.
Las décadas pasaron veloces, tranquilas, sin grandes sobresaltos. Posterior al fatídico síndrome de abstinencia el guerrero goza de su primer senectud.
Un mediodía fresco, como son todos los mediodías desde que la naturaleza posó su aliento en la región, debido a falsos destellos en la vista cansada del príncipe, ahora anciano, luego de ver tanto y tan poco, ha cometido cierto error involuntario; quizás no un error en sí, únicamente el desenlace de lo fortuito del devenir desconocido e incomprensible tanto como inevitable –característica exquisita; no comprendida por los hijos del tiempo y el espacio-, ha asesinado a un novedoso proyecto de satélite estelar natural, en el intento por flechar, para su alimentación, a una enorme Diatryma de alas azules –la única diferencia entre el espacio que corresponde a los dominios del príncipe soberano y el resto del espacio terrestre es que algunos seres de inteligencia superior, de otras dimensiones, permitieron el acceso de especies animales y vegetales de pasadas épocas, como experimento adicional al respecto; después de todo, este ensayo se lleva a cabo en la mente de un terrestre, en el poniente de alguna ciudad-, prima lejana, por cierto, del Ave Fénix.
Al escuchar el lamento de la energía herida del astro en el firmamento –terminando por caer muy lejos de ahí; tan lejos que en otra dimensión, en todos los noticieros del círculo horizontal lo interpretaron como “tremendo meteoro que borró del mapa a las islas del Pacífico”-, todos, todos los habitantes del nuevo oasis se indignaron.
Aquella dulce voz femenina, inesperadamente, resurge esplendorosa:
“La llovizna los esparce
sobre el mar
sobre el río”
Al reconocerse asesino involuntario, INXS no da excusas a sus súbditos ni ofrece perdón; tampoco toma represalias ante las injustas opiniones en su contra. Se da cuenta de que, en esta ocasión, en verdad se ha quedado solo, completamente solo; tal vez aguardando la rebelión ante el primer suceso beligerante recordado nunca antes –los habitantes del reino ya han olvidado que sus viñedos fueron tierra inhóspita antes de llegar a ella.
Simplemente INXS permanece, consolado por la mano anciana de la planicie. Acepta, sin rencor. INXS comprende a sus protegidos limitados de entendimiento.
“Nuestro guerrero está listo...”
le confía Alguien, en alguna parte,
al maestro Lol
Las cuatro cabalgaduras apocalípticas ya han sido domadas en el pasado, en la Tierra. Por lo tanto, la primer generación cíclica es la tuya, la cual está por recibir la visita del “jinete ingrávido”.
Tu gente ha aprendido a defenderse como nunca antes en su mundo; pero también ha aprendido a destruirse cual ninguna otra.
Sus supuestos progresos se enfocan, en mayoría, a remediar propios errores: aliviar el mismo progreso, esa necia escalada que pocos supieron encausar.
Ha renacido la ancestral esperanza suástica, con diferente apellido, con cualquier pretexto; denotando ignorancia, sobre todo. Fetiches sin fetichistas analizan la situación, sumergen sus cabezas en la espesa niebla para relucir en privado la vergüenza inconsciente del proceder. Se están agotando las flores ofrenda que en otros tiempos adornaran las bocas de los fusiles.
Casi siempre el poder político recae sobre estúpidos, y hoy día no ha sido la excepción. La traición afina la voz, la competencia irracional por el simple poder económico –el más vulgar de los poderes; y qué mejor ocasión para citar a Facundo Cabral: el poder es la única manera que tienen los “poderosos” para masturbarse- llegando al límite; el humano es finito, sin importar la primera, la segunda, la quinta, la sexta humanidad.
Espero que la tres mil millonésima humanidad sea capaz por sí sola de aprender la lección.
El siglo veinte fue un juguete novedoso para las masas; una fábrica de juguetes para los poderosos, no más, tristemente no más. Uno que otro ser humano en verdad poderoso intentó desviar el camino; y espero que lo logren algún día, cuando los verdaderos Poderosos sean rescatados de su olvido, cuando la política se archive como una palabra sin etimologías recordadas; cuando el arte, la ciencia y la tecnología le den luz a este planeta sombrío; cuando haya tantas religiones como terrícolas sobrevivientes.
Los ojos del Cancerbero se abren, se iluminan. Enormes rocas caen ante el movimiento de sus párpados. Tepozteco llama a la lucha.
-¡Disfruta este momento porque es tu hora! –despierta Lol a su alumno, posando una mano en su hombro- ¡Prepara las palabras! ¡Todos te confiamos!
Fuertes vientos desde las profundas cavernas del Cancerbero mutilan las casi extintas selvas del círculo horizontal llegando jubilosos hasta el desierto fértil, arrancando de cuajo la morada de INXS. Lo desnudan, lo provocan al combate.
Missouri ha dejado brotar la cosecha más abominable de su historia; siendo imitado de inmediato por Oriente. El primer hongo fulminante es visible desde los tres caminos sagrados.
El jinete apocalíptico desmonta sobre Yaquitown. Lo primero que hace es ayudar a incorporarse a INXS. Se arranca con fiereza la máscara que cubre todas las ingenuidades religiosas: es el Hombre, colocando sin titubeos su propia espada en las manos del Guerrero de la Llanura. Entre potentes vientos se hinca ante él y le grita, para lograr ser escuchado en medio del gran estruendo:
-¡No creas lo que ves, porque solamente Represento la caricatura de lo que realmente Soy! ¡Córtame la cabeza! ¡Libérame! ¡Queda poco tiempo para que cumplas tu misión!
-¡No puedo hacer eso! –responde, también con tremendo grito, INXS, apenas logrando mantener el equilibrio ante los vientos envenenados; con la hermosa espada del verdadero Hombre entre sus manos.
-¡El bosque es tu error! –grita el Hombre- ¡Ahora perteneces a este lugar! ¡Destruye tu cárcel! ¡Retorna a lo sencillo! ¡La estrategia ha terminado!
Nuevos trastornos, lo mismo de Missouri que del mítico Bagdad o el estrafalario Liverpool y ese casi inexistente en formas antropológicas, Pakistán, los sobrevuelan a ambos. ¡INXS debe decidir ahora! ¡El caos es real!
-¡Hazlo! –le exige el Hombre, luchando por mantener sus ojos abiertos ante el polvo tóxico; su mirada atravesando la de INXS, quien, bloqueado de nuevo, no sólo por los terribles vientos, sino por sus ideas, ahora ya posee los arrestos necesarios para decidir ante las circunstancias insufribles de otro momento.
Llevado por un lejano reflejo que bien domina sin saberlo, degolla el cuello del Hombre en un solo intento; intuye que hace lo correcto, desde el momento en que también intuye que el jinete ingrávido representa una triste paradoja del verdadero espíritu del Hombre; caricatura creada, inventada por el ansia de poder.
La sangre del Hombre no toca tierra: es llevada por completo por los aires.
Al instante INXS también se siente llevado por las ráfagas terribles. El Corazón del Universo le hace sentir que apenas cuenta con el tiempo justo para convencer, antes de que los hongos devastadores terminen hasta con el orgullo de las montañas de los océanos.
El Hombre, liberado de su cárcel, le obsequia sus ideas. Toloatl y Peyotl salen de sus templos –Honguito ha huido por su estrecho oriente-, transformando sus respectivos caminos en uno solo: el que deberá guiar al Aspirante hacia la salvación de la Sexta Humanidad.
Extremistas, lisiados, exorcizados, políticos –aterrados, por cierto, incluyendo a quienes se atrevieron a jugar con el siglo-; hasta fetos, locos, estúpidos, destrozados, millonarios, justos, astutos, prácticos, idealistas, idólatras, hipócritas, austeros, hipersensibles, prejuiciosos, despojados, falsos, acomplejados, traicionados, indecisos, malvados, inmaculados y muchos, muchos más; así como sus hermanos inferiores, animales y vegetales amorosos, todos son advertidos; el mundo entero es testigo del aviso de la propia voz de INXS:
-¡Créanlo! –les grita desde el torbellino que sigue jalando con él- ¡El Apocalipsis ha llegado! ¡Yo sé cómo guiarlos! -no tiene la más remota idea de cómo hacerlo; en el camino se las ingeniará.
A pesar de la situación lo interpretan como un ángel idealista con las manos espinadas y el estómago encendido. Incluso lo maldicen; antes de morir de mil formas horrendas muchos de ellos; excepto uno de tantos malvados, decidido a ser malvado, y una de tantas inmaculadas, con vocación para experimentar sus ideales.
Así, un par semiabsoluto le creen y lo siguen; formando entre cada tres cierta versión no definida del Pensamiento, el Verbo y el Instrumento: una célula poderosa que atrae a la vez a otro par del todo; reuniendo finalmente a un dual casi total animal y vegetal –las parejas ausentes son parte de ese experimento intemporal de inteligencias superiores; o lo que es lo mismo, el plan hasta este momento está intacto-; siendo guiados por esta innovadora trinidad de tres dimensiones hasta una montaña elegida por el Corazón del Universo, en colaboración con Lol, donde deberán permanecer durante mucho tiempo, mucho en verdad, hasta que las radiaciones mortíferas dejen de tener influencias fatales.
Miles de parejas de ambos reinos vivientes procrearon por seis generaciones, dentro de un ecosistema adaptado premeditadamente para semejante aventura planetaria. La Nueva Humanidad, la Nueva Vida ha nacido, logró sobrevivir, y han aprendido a llamar Padre a INXS, el Guerrero del verbo.
A INXS lo cubre hasta la espalda su blanca cabellera, así como una ensortijada barba quemada por la luna y otras lunas.
Su cuerpo cansado como nunca lo ha sufrido –un fuerte y joven sauce le ha obsequiado uno de sus poderosos brazos como bastón y guía dentro del cráter del fresco volcán.
Así, después de desesperar en tantas vastas esperanzas vanas, encausadas infatigables en una fe sin fetiches ni fetichistas, cierta voz lo llama desde lo alto: es la música de los ancestros murmurando la primer primavera de los siglos.
-¡Déjalos salir! ¡La vida se ha renovado!
-¡Lol! –grita apenas esa voz vetusta; levantando lento su cabeza arrugada hacia lo alto desconocido, temible aún; ayudado por varios de sus hijos hasta llegar a la boca del cráter- ¡Mi querido Lol! ¡Mi querido maestro! ¡Nunca te olvidé! ¡Nunca nos olvidaste!
Abrazo entre un viejo aprendiz y un Viejo Leñador de la montaña, gracias a la esperanza nunca perdida.
Lol toma de los hombros al veterano Guerrero:
-No queda ningún indicio, natural o artificial de la era pasada, INXS. Ideologías, tecnologías; todo intento ha desaparecido; sólo unos cuantos han sido guardados con celo para mejores épocas. Ahora tus hijos deberán desarrollarse hasta que construyan sus propios imperios; para luego ellos mismos derribarlos, destruirlos. Ese es el destino terrestre.
“En su momento, la tierra, así como el aire que tú enfrentaste, se encargarán de sepultarlos. Esta es la ley del cosmos. El secreto ha sido guardado para otras circunstancias.
“En el futuro remoto, una cima se verá esculpida con tu figura; así como la antepasada humanidad develó el rostro de Tepozteco; pero no vivirás para verlo: Guerrero, llegó tu hora, es tiempo de ir...
INXS ha comprendido perfectamente la última frase de Lol: es tiempo de ir, y él sabe a dónde; pero al verse convertido en guía de toda una Era, al haber aprendido que solamente enfrentando lo desconocido se le puede dominar, se niega a partir:
-¡No quiero mutar! –le suplica a Lol con su voz cansada, más agotada que la del maestro- ¡En todo caso, deseo volver a nacer en este mismo plano! ¡Volver a vencer mis momentos y circunstancias! ¡También me gustaría regresar, de ser posible, a ser INXS de veintitrés años! Levantarme a cenar. ¡Necesito acabar de leer todos esos libros!
-Ninguna criatura ha sido nunca igual a otra. INXS no puede volver a existir –le responde Lol con profunda emoción-. La única aventura al respecto se basa en reencarnar, sin certeza alguna de momentos y circunstancias, tampoco de lograrlo del todo; cabe la posibilidad de que tu esencia se duerma por completo hasta el día en que nuestro universo deje de expanderse y comience a contraerse.
-¡Correré el riesgo! –afirma contundente el viejo INXS, decidido, acostumbrado ya a enfrentar, a gozar el gran terror.
-Mi querido alumno, mi amado INXS, me temo que de lograr reencarnar lo harás dentro de lo sublime... ¡Sea pues! Estás dispuesto a cambiar el esplendor por la pasión y eso es digno de tomarse en cuenta. Esto es a lo que se le llama el verdadero amor... Ya llegará el tiempo de tu encumbramiento. En fin –agrega Lol, aceptando, con cierta resignación, el inusitado, descabellado deseo del Guerrero; después de todo, lo menos que puede hacer por él es complacerlo, como siempre lo ha hecho-, espero tener la suerte de toparme contigo, cuando llegue el momento de tu segunda decisión.
Al instante INXS cae entre los brazos de sus hijos, inerte; guiado por Lol, llorado por su descendencia. Inhumado al pie de lo que en el futuro será su eterno mausoleo: el Popocatépetl.
El letargo de hielo ha visto desfilar, en un instante, nueve mil años.
La leyenda se cumplió: California ha declarado su madurez. Junto con Madagascar forman ambos el llamado Molde del Velo, a mitad del océano Kildudo –antiguamente conocido como océano Pacífico-. Esta gran mole de tierra tropical –misma que actualmente es reconocida como un semicontinente, al igual que la inamovible, antigua Australia- lleva el nombre de Ehxas, vocablo derivado de la antiquísima mitología cerbera, invocando el mito de la raza que habitara una antigua meseta miles de años atrás.
La tradición narra las aventuras de un caudillo honrado por su pueblo debido a su nobleza y valor. Se cuenta que su esplendor vivió cerca de la Tierra del Zou –las californias-, protector de los suyos antes de terribles catástrofes ya olvidadas.
La región del Tepoztécatl –desconocida con este nombre ahora- es una cordillera de montañas sin el mínimo rastro humano en ellas: aquel hombre barbado esculpido en la roca se ha convertido en una mole más, producto del viento y la lluvia incansables que durante tantos siglos surcara su rostro hasta desfigurarlo.
Diminutos, persistentes e insólitos movimientos de traslación del planeta provocaron a lo largo del tiempo que una nueva cordillera emergiera del océano Zerpanto –el antiguo océano Atlántico-, aún con arrecifes del coral que durante largo tiempo callaran su preciosa historia; y a la vez coronando ese vasto pedazo de tierra, alguna vez admirado como Atlantis. Hoy día es Rold, imponente entre Pramise –Europa- y Yetl –México.
Dichos movimientos de traslación han sido causados por la pérdida gradual de energía del sol. Sus rayos ligeramente debilitados incitan al frío de tres dígitos negativos en las Regiones Gaytales –los polos.
Por su parte, Rótordas –la Tierra, su nombre actual-, libera cada año los milímetros necesarios para seguir modificando su rotar, esperando la orfandad junto con sus siete hermanos –Plutón se ha convertido en otro anillo de asteroides, luego de explotar hace tres mil doscientos setenta y cuatro años, sin causa aparente-, en un futuro muy lejano todavía.
Existe una región dentro del centro-oriente del Nrag Usal –Asia- en donde se cree habita Elol –Lucifer-; esta zona inhóspita no deja saber nada de todo aquello o todo aquel que penetra en ella. Al respecto, narra la mitología Destomira –iraquí- que antes de la historia, los ejércitos de acero pelearon contra los perros guardianes de Elol, sucumbiendo los primeros ante los vientos enloquecidos de las fauces de los perros. Esta tierra es llamada Elhoas, o sea, La Casa de Lucifer.
Y es que es la misma Madre, un poco más vieja. Totalmente diferentes los momentos y las circunstancias.
Así, en el Valle del Cez, dentro del reino de Yetl, su nombre es fresco; a pesar de necias, sutiles semejanzas. Cuatro signos de nuevo. Y no parece haber notado que el círculo en turno cede paso al siguiente. El único rasgo que es perdurable en él es ese singular gesto de su expresión todavía en formación.
El cálido vientre lo ha desalojado. Hermoso capullo flotante, sedoso. Su madre lo protege de los rapaces que deambulan por el cielo; los cuales, al verlo, escurren baba de sus picos evolucionados, perfeccionados.
Días más tarde, la madre paciente sigue esperando el nacimiento del pequeño. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ¡completo! ¡Al recién nacido no le faltan extremidades!
Sus ojos son rubíes en el fondo de esa encrucijada aterciopelada. Colmillos incipientes, hambrientos.
-Eres hermoso –proyecta su madre sensible, de manera especial, intentando protegerlo entre sus largas patas de hembra. Te llamarás Yaes, y serán afortunado, como lo fue tu padre –a quien ella se comiera, semanas atrás.
Como todas las tardes, el viento quisiera destrozar su hogar; para fortuna de Yaes la prudencia de su madre, el resultado de la experimentación sin origen, la ha construido inmune; no sólo al viento, sino a los otros tres elementos; pentagonal –ciertos secretos de la genética se transmiten como certezas eternas.
Los primeros movimientos fuera del capullo son torpes, juguetones. Yaes ha sido el único sobreviviente de noventa y un legados –los demás murieron presa de seres despreciables para ciertos insectos y arácnidos, cuya desfachatez suele volar en alas intuitivas, cantando su osadía, luego de devorarlos.
El atavío de Yaes no puede ser digno de los actuales primates: nueve mil años serían suficientes para que Darwin, junto con Baudelaire, exigieran la edición de una apología conjunta, fusionada, tristemente aceptada: el humano de estas épocas ha dejado de ser, anatómicamente, una figura semivertical; en sus formas han brotado ligeras tendencias físicas perpendiculares; el coxis en ambos sexos luce un rabo no mayor de tres centímetros en el hombre; hasta doce centímetros en la mujer, quien lo utiliza como afrodisíaco estimulante visual –bueno, creo que Baudelaire podría haberse burlado un poco de Darwin; y es que cuando la mente, de manera subjetiva, no funciona correctamente, tras muchas generaciones, a lo largo de milenios, el cuerpo retrocede en su evolución, regresando a condiciones animalescas.
Los últimos descubrimientos de los antropólogos se basan en vestigios –ellos así lo consideran- de los inicios de la vida inteligente en el planeta: los primeros moradores con destrezas, basados, además de los cráneos, en fósiles del coxis extremadamente pequeños hallados por ellos. Son los restos de la gente de la pasada Humanidad, más adelantados científica, tecnológica, artísticamente a los actuales; pero estos últimos, en ese eterno afán de grandeza, demuestran al Corazón del Universo las pequeñas metas de un humano en este planeta.
Con el paso de los días Yaes ha sido admirado por los vecinos del hogar. Pulgones brillantes de diez patas le obsequian perfume de violetas; catarinas de tres colores novedosos engalanan a su madre con suspiros crepusculares del sol; gusanos sin afanes malabaristas ennoblecen los pentágonos de casa con polen de lejanos paraísos; las babosas de tierra, junto con los caracoles, ambos de un solo ojo –no necesitan más- son permitidos, sin peligro alguno para ellos, de depositar fortaleza de la tierra en el nido protegido por la red.
Esta noche fresca Yaes al fin puede vivir en la fantasía de incontables óleos de alegres luciérnagas, avisos de vida en lo alto, en lo bajo, a su lado infinito; figuras instantáneas renovadas a cada impulso durante la noche húmeda –alguien dijo hace nueve mil años: la forma de cualquier intento artístico posee, intactos, innumerables caminos; el fondo, más ideas; el arte es un accidente de la sensibilidad.
El tiempo del verano está cerca. Entonces, las lucernas le harán ver a Yaes que la vida de una araña es más intensa que la del hombre común; por lo mismo, la vida de un arácnido dura menos que la del humano. La constante es la aventura; el terror cotidiano.
Amanece en el orgulloso Valle del Cez. Yaes, despertando, descubre más allá de las colinas a los gigantescos pedregosos iluminados por anaranjados cálidos. Semejante contemplación de las montañas con sus insinuantes sombras es extrema visión que lo reconfortan en un nuevo amodorramiento; sonriéndole el rocío que ya ha comenzado a formar pequeñísimas esferas de agua cristalina a todo lo ancho de su casa modesta; a la vez que los temibles monstruos voladores cantan su felicidad en las ramas superiores.
Una cosa sigue siendo verdad aquí, en esta esfera llamada Rótordas: la invitación a ser feliz, para empezar, es cuestión de los sentidos.
Ha cumplido tres semanas de nacido. Le ha llegado el momento de aprender todo aquello necesario para la sobrevivencia.
Su propia madre le ayuda a desenredarse de la fina tela que de pronto descubre puede fabricar su cuerpo.
Posterior a la anécdota, que nunca antes había tenido que explicar a tan temprana edad a ninguno de sus hijos, la madre le revela todas esas fantásticas habilidades de sus patas traseras, mismas que Yaes debe desarrollar paso a paso; haciendo hincapié en la manera en la que deberá envolver a sus víctimas.
-El estilo será cuestión de práctica –le dice ella, con amor maternal; sin sospechar la profundidad de sus palabras...
Al día siguiente, una desafortunada mosca está vomitando dolor extremo; todos y cada uno de sus ojos cerrándose paulatinamente conforme la madre hunde sus colmillos maduros en ella; mientras tanto el pequeño Yaes conoce por primera vez los mareos, producto del asco ante lo que ve. Su madre lo reta:
-Es tu turno.
-N-no c-creo... poder, madre... Es muy cruel lo que has hecho con ella…
-Primera lección, hijo –le dice su madre, sujetando a la mosca envuelta en la red; clavando la mirada molesta, desconcertada, incluso desilusionada, en Yaes-, este mundo es cruel; ¡tu único destino, al igual que el mío y de mis ancestros, es ser cruel, porque formas parte de él! ¡Nunca lo olvides!
Al alba, Yaes ha aprendido la primer lección de sí mismo: de la actitud depende la alternativa: la muerte es socia clandestina de la comida.
Pero Yaes prefiere alimentarse de los bordes de una hoja del ciruelo, del árbol familiar, del pequeño continente que alberga su hogar.
Otro atardecer se aproxima en la corta vida del pequeño Yaes cuando se encuentra en verdaderos aprietos para subir por el tronco del ciruelo. Su terciopelo ha sido manchado de su propia intimidad; los mordiscos en las patas y abdomen lo revelan ante el dolor.
El deseaba conocer, convivir con aquellos seres inquietos que desde hacía varios días le llamaban la atención en su frenética jornada de trabajo; nunca sospechó que se trataba de diminutos cuerpos hambrientos de cuatro antenas: simples hormigas negras evolucionadas.
Después del calvario que representó el ascenso a través de la corteza madura del tronco y las ramas –conociendo de paso, en su tremenda aventura, algunos seres que le resultaron verdaderamente sorprendentes, así como otra clase de hormigas, estas de color rojo y con tremendas cabezas y pinzas endemoniadas; pero que, a diferencia de sus primas negras, ignoraron en absoluto el asombro y el sufrimiento del infante araña-, una vez que se siente a salvo en casa –su madre se encuentra al otro extremo, reparando desperfectos provocados por su última presa, una orgullosa cochinilla que vendió muy cara su muerte-, una nueva emoción le hace olvidar su pesar; se trata de la alegre abeja que visita al ciruelo en flor.
Yaes escala hasta la punta de la última rama, olvidándose incluso del dolor, ansioso por comprender esa fantasía en negro y amarillo.
-¡Me gustaría ser como tú! –tiene que gritarle a la abeja, emocionado, en medio del sonoro zumbido de sus alas impecables que parecen mantenerla levitando al lado de Yaes. La abeja resulta ser amigable:
-¡Inténtalo! –accede sincera, pues para ella el acto de volar es algo normal, el reflejo llevado a la práctica, a la libertad cotidiana.
Yaes, simplemente y sin pensarlo dos veces, brinca, brinca tanto como su ingenuidad se lo permite, intentando el encuentro en el aire con ese ser mágico; pero cae, cae, cae sorprendente, entusiasmado; detenido al final por una tela vecina a la suya, en la parte media del ciruelo, como el suicida que se lanza al vacío esperando que los bomberos sepan cumplir con su deber; de cara al cielo, enmarañado, adherido e indefenso ante la dueña de aquella telaraña, quien suelta una cruel risotada al ver la patética escena:
-¡Ja ja ja ja ja ja ja! ¡Una araña enredada en una telaraña! ¡Es lo más patético que he visto en mi vida! ¡Ja ja ja ja ja ja ja! –se trata de una Viuda Negra y amargada que no sabe perder ocasión para desahogar sus frustraciones.
Sus carcajadas son escuchadas por los insectos moradores del árbol o de paso en él, así como por las demás tejedoras que habitan el condominio natural, incluso por las mariposas y hasta los zancudos –actualmente, los zancudos son diurnos, y es que la sangre dulce no sabe hoy día lo que significa la bohemia.
Al percatarse de la cómica posición de Yaes, la escena se convierte de inmediato en regocijo general.
La abeja obrera, la primer amiga en la vida de Yaes, enfurece, respetando el legado de su genética ancestral. Se abalanza valerosa sobre la trampa, sabedora del gran peligro que corre si comete el mínimo error en su maniobra –la madre de Yaes, distraída, sigue restaurando el atrevimiento de aquella cochinilla.
Sin titubeos toma al pequeño Yaes entre los garfios de sus fuertes patas y jala hacia arriba, una, dos, tres veces, como lo haría un ave de rapiña cansada de comer carne, intentando arrancar de cuajo, en pleno vuelo, una deliciosa cactácea.
La neurosis de la Viuda Negra corta en seco sus risas al ver el tejido perfecto de su casa convertido en total enredo que un viento ligero acaba por rasgar, transformando el hogar en simple hilacho. Tiene que asirse de una rama para evitar caer sorprendente. El regocijo generalizado ahora se burla de ella.
La abeja amiga hizo un enorme esfuerzo transportando a Yaes entre sus patas hasta que el huerto queda atrás; sorteando trampas de las aves e incluso soltando el néctar de las flores que ya había recolectado, con el fin de perder peso. La plaga de bufones los perdieron de vista.
Su querido panal, su razón de ser, así como el Valle del Cez, ambos están distantes. Yaes y la abeja aterrizan sobre una enorme hoja, en otro frutal, en el cual, en lugar de flores, ya ha brotado la cosecha. La araña se encuentra totalmente desconcertada, sin sentir miedo; su amiga intenta consolarlo, intrigada de la osadía sin par de este ser singular:
-¡Olvídalos! No se conocen a sí mismos. Son torpes. ¡Son seres que viven lo que les sucede, no lo que quieren que les suceda!
La respuesta de Yaes confunde más a la abeja:
-No te preocupes amiga mía, como tú misma lo has dicho, son tan torpes que no lograron provocar en mí una emoción. No me hicieron daño –al tiempo que recuerda aquellos seres inquietos, valientes, definidos: las hormigas negras.
Yaes ha aprendido una segunda lección: “... Puedo volar”.
-¡Fue grandioso! –le dice Yaes a la abeja- ¡No regresaré a casa nunca! –afirma decidido; comprendiendo perfectamente lo que sus palabras significan: no volver a ver a su madre- ¡Necesito más aventuras! ¡Sensaciones superiores a esta!
-Pero, ¿a dónde puedes ir tú? Eres muy joven aún.
-No lo sé. No me interesa –por primera vez su cuerpo completo refleja esa imagen de arrojo; y el único alimento que necesita es la aventura.
Es el momento en que la abeja no entiende del todo a Yaes, ya que ella siempre ha sido y será una obrera resignada. A pesar de esto no deja de admirar eso que interpreta como rebeldía; tal vez su propio sueño irrealizable por azares de la naturaleza. Su propio sueño lo invita a decirle a Yaes; ambos sobre esa enorme hoja un poco marchita:
-Muchas veces he escuchado hablar de un lugar único; créeme que ni siquiera puedo imaginarlo. Allá, las sombras son auroras, la fortuna baja y se posa en todo sitio. Pero a pesar de todo esto que te cuento, también dicen que los moradores de ese lugar son tristes, siempre escapando de un lado para otro; algunos incluso huyen al vernos; aun cuando parece ser que son más grandes que las aves.
-Dime -pregunta Yaes, excitado-, ¿cómo puedo llegar a ese sitio?
-Según me han contado, todo lo que tienes que hacer es introducirte en cualquiera de los frutos de este árbol –le revela la abeja cariñosa, señalando con sus antenas intactas hacia los frutos maduros. Muy pronto llegarán ellos y te llevarán hasta ese lugar. Mientras tanto –agrega-, podrás alimentarte de tu propia guarida.
No tiene caso hablar de la despedida entre ambos. Las despedidas, mientras más emotivas son, más privadas e irrevelables deberían ser; en esto radica el sentimiento –de su madre, por supuesto.
Yaes ha escogido un fruto grande y jugoso. Su interior resulta delicado como la mantequilla; su sabor agradable, lo necesario para un arácnido sofisticado.
Así, abriéndose paso día tras día, espera paciente dentro de algo que, antes de tantas mutaciones, podría considerarse una pera.
Después de muchos ensayos de gula que ayudaron a embarnecerlo, un vibrar extranjero lo inquieta mas no lo atemoriza; sencillamente el instinto lo hace ponerse en guardia, elevando en los aires sus patas delanteras que ya lucen delicados filamentos, terminando de aterciopelarlo por completo. Ha pasado la prueba del requisito indispensable para disfrutar de la aventura extrema: sentir terror, al mismo tiempo que experimentar valor.
Muchas horas después, fuertes golpes que lo lanzan de un lado a otro en esa “mantequilla deliciosa”, olores deseosos, ruidos interesantes, sonidos atmosféricos; asco por las peras.
La luz que se cuela hasta lo profundo de su cueva es intensa, como nunca la había sentido. Yaes tiene suma cautela de asomar sus patas delanteras a la defensiva, así como su par de rubíes.
¡Una hormiga, inquieta, negra, minúscula! ¡Una maldita hormiga de cuatro antenas camina rabiosa, cínica, cerca del fruto!
Yaes pierde toda oportunidad de arrepentimiento: sale de su cautiverio, atrapándola sin tela de por medio; forcejean debido a la falta de experiencia de la araña; es mordido dos veces hasta que su veneno logra paralizarla. La devora, convirtiéndola en cáscara que sus patas traseras se encargan de aventar hacia cualquier parte.
Yaes recuerda su origen, aprendiendo, reconociendo la tercer lección: es verdad, la vida es cruel, muy cruel.
Acepta que el sabor de la hormiga le ha gustado. Su propia naturaleza lo obliga a caminar buscado más alimento, más carne, ¡más hormigas!; en medio de esa exagerada y brillante simetría en donde se encuentra parado.
Por primera vez conoce los cuadrados perfectos en todas direcciones, a lo largo y a lo ancho de algo que, antes de la mutación de los superfluos, se le podría llamar cocina.
La única verdad es que Yaes es algo así como un meteorito estrellado en un planeta desconocido; y es que así ha quedado, pulverizado, al sentir cada uno de los pelos de sus ocho patas gritar de dolor y su cuerpo completo derramado en la simetría absoluta; convirtiéndose en una mancha repugnante que hay que limpiar y tirar a la basura.
No tuvo tiempo para la sorpresa. Un extraño utensilio, que antes de la mutación de costumbres podría haberse llamado matamoscas, lo ha dividido en varias partes asimétricas. Las hormigas multicolores se encargarán de terminar con todo rastro.
Por la tarde, con ayuda de las sombras del día, los rasgos nítidos de INXS en el Popocatépetl sonríen hacia el camino del antiguo Peyotl, convertido en fértil edén de la Verde Yerba que hace horizonte y provoca oleadas vegetales con fragancias fantasiosas.
Toloatl, los soles, Alvin Lee, el Pantano, las Luces Inquietas de las Edades, el Hombre, todos, incluso aquella voz angelical, todos se alejan entre los sembradíos hacia el camino del sagrado Honguito; todos ellos con sonrisas de próximos encuentros.
Al pie del volcán, Lol observa.
Sin abrir los ojos, INXS siente la molesta sonda ser extraída de sus entrañas. También le retiran el oxígeno innecesario.
Una luz cálida brota cuando la Madre del desierto abre una de sus llagas para recibirlo amorosa.
El molesto timbre de la calle vuelve a sonar.
“Tu inocencia es bastante especial. Adelante, disfruta de tus famosos momentos y sus particulares circunstancias”.
Es la Región Privilegiada de los Suicidas, como bien pudo haberla llamado Dante; en donde se ven a sí mismos, extraviados durante una eternidad indeterminada equivalente al chasquido sordo de unos dedos sin huellas digitales.
Todos exhalando el Humo del Verano aprisionado por años; aventurándose más allá del umbral de una puerta antiquísima.
Deben agacharse prácticamente hasta el suelo en el momento de cruzarla debido a la poca altura y estrechez de dicha puerta, provocando agudos dolores en sus deformidades; el hedor de alguno entrelazado con el honor del otro.
Pero llega un momento en que todo cesa. Todo; dando paso a la fatídica nada expandida.
-Permite que la luz entre –se atreve a murmurar INXS, con ayuda de nada, en la nada, temiendo que nadie lo escuche.
-... ... ...
-¡Permite que la luz entre! –repite; o acaso vuelve a intentarlo, sin saber si lo ha logrado.
-¿Qué es la luz? –se escucha un murmullo lejano, vacilante.
-¡Necesito ver la luz!
-No seas generoso. La bondad es perseguida –le aconseja el murmullo, como le aconsejaría un esclavo a otro no levantar la voz en presencia del capataz.
-¿Y las ideas? ¿también son perseguidas?
-Nosotros no somos una idea.
-¡Yo sí lo soy!
-¡Claro que no! De serlo no estarías aquí.
-Y... ¿dónde estoy?
-No lo sé. Yo siempre he estado aquí; siempre he sido nada; desde el pasado y hasta el futuro eternos.
-¡Yo no pertenezco a tu motivo! –grita INXS, provocando el estruendo de lo que le parecen rocas cayendo desde cierto alto, en medio de la noche en ausencia total-. Algo me dice –sigue INXS- que aún permanezco en el poniente de la ciudad.
-Aquí convergen las coordenadas universales. ¿A qué ciudad te refieres?
-Mi ciudad amorfa, inconclusa, tristemente abandonada, olvidada por su propia gente. Mi ciudad de plástico, otrora Ciudad de los Palacios .
-Tu ciudad debe ser tan triste... Resígnate –agrega el murmullo-, nunca lograrás derramarte.
-¡Creo que tú eres otro vendedor de sueños falsos! ¿No te das cuenta? ¡Tú también vives en la Tierra de las Mil Tonterías!
-¿Y tú, qué vives?
-Lo indefinible.
-Eso suena ridículo; luchar por algo que no puedes explicar.
-Las palabras califican solamente lo que se cree comprender.
-El único recuerdo que tengo es haber alegado suicidio por amor –afirma con cierto valor el murmullo, dándole un giro espectacular al diálogo.
-Ese fue tu error. Una mente adormecida aspira a confundir vanas emociones con el amor.
-Utopía también está aquí –el murmullo acaba por delatarse-, fue acusada de soborno.
-¡Utopía!...
No hay tiempo para más. La nada expandida de nuevo es clausurada por el todo rendido. El tiempo de holganza, anverso al motivo Nocturnal de Beethoven, ha terminado; la bienvenida se masturba ante un mundo tangible, en el cual el desgarramiento emocional es la mínima causa; retornando, además, por si fuera poco, la sensibilidad física.
El roce del pétalo sangrante de una mujer podría ser percibido en demasía; la caída de uno de sus cabellos provocaría un ruido ensordecedor. Los sentidos son conmovedores; la emoción, para empezar, enloquece.
El corto diálogo de INXS con aquel susurro balbuceante transcurrió durante lustros sin días; y nuevas décadas amotinadas le esperan, en las que gritarán con la vehemencia bajo sus pies.
Voltaire, Napoleón, Miguel Angel, Copérnico, el Doctor Atl , Confucio, Hitler, Syd Garret , Isabel II, Alejandro Magno, Michael Jackson, Demóstenes, Charles Dickens, Wagner, Ana Frank, Goya... muchos más, muchos más en verdad; entre ellos un valiente y una inmaculada, quizás con antenas, tal vez con zapatos; todos deberán atender a la Gran Carcajada; hasta que cese otro monótono período de la grieta corpórea y su pasión desgarrada.
Han transcurrido al menos novecientas y un generaciones de pereza desesperante en cientos de ciudades atiborradas de ciudadanos perfectos, absortos en perfectos engaños, producto de ese frenesí animal en busca de sus verdades extraviadas en la filosofía, en la ciencia, en el Arte; un arte violado, luego de ser repetido innumerables veces con distintos matices; pero a final de cuentas nada importante dentro de la flojera del consumo fatal de esos impecables, inútiles de principios del siglo veintiuno.
Mientras tanto, semejante ineptitud, producto de una grosera manipulación, no puede ver desplomarse a Utopía, avergonzada de su transparencia a pesar de que los garfios de hueso se han retirado:
-Descansa –le pide INXS a su gran amor, a Utopía, procurando curar sus injustas desventuras, recostándola sobre su pecho, sobre la nada.
-¡Finalmente llegas! –suspira enamorada, con gesto cansado y jubiloso a la vez, como viejos camaradas, como amantes separados largo tiempo por el destino, ahora reencontrados.
Invisible para todos, excepto para INXS, quien se regocija con su mirada femenina posada en la suya; en la nada. -¡Gracias!
-Yo soy quien agradece tus enseñanzas.
-Ahora podremos descansar durante un largo ciclo –le dice Utopía-. Lo mismo viene sucediendo desde antes de ser creada la energía en el espacio: una eternidad de estremecimientos y otra de soledad.
-No sufras más. Duerme. Yo velaré tu sueño –el universo entero es de INXS, es ella.
Repuesta de la humillación, abstemia de reencarnaciones, proyecto de resurrección, Utopía cura las heridas de INXS, de su amado. ¡Es lo que más ha deseado hacer desde antes de los tiempos!
-Quiero corresponder a tu fe –le dice ella, maravillosamente congratulada de que al fin haya llegado el momento.
-Me temo que nada puedes hacer por mí, según me dijo cierta voz titubeante, hace mucho tiempo.
-¡No flaquees ahora que al fin nos hemos encontrado! –le exige a INXS, a su ideal, a su propio pensamiento-. Créeme que una época de nada es suficiente para enloquecer; no deseo que te suceda lo mismo.
-¿Y qué propones? ¿Acaso existe la salida a semejante condena?
-¡Introdúcete en mí! –Utopía se está entregando, inmaculada; y es que la utopía se resume en un sueño realizable, de manera personal; mostrándole a INXS sus lindes espirituales, divinos-. Si te introduces –prosigue Utopía- en mí podrás estar de nuevo en la Tierra de las Mil Tonterías. Yo estoy de cierta manera encadenada debido a tantos fallidos intentos por concebirme, por parte de humanos acobardados; pero nunca he dejado de ser tu quimera, como lo fui de ellos alguna vez. Es algo que nunca antes he hecho con nadie, esperé por ti; y sé que así lo entiendes.
-En ese caso, acompáñame en la aventura –le propone INXS, encantadoramente emocionado ante semejante suceso en su vida.
-Eso no es posible, INXS. Debes ir solo. Tu fuga, tu decisión final fue afortunada, debido a que la motivaron razones muy especiales, casi únicas en un humano. Ya alguien te habrá dicho en tu caminar ascendente que eres diferente.
INXS responde afirmativamente con la cabeza, los ojos bajos, cansado de escuchar siempre lo mismo.
-En cambio yo –sigue Utopía-, yo soy algo así como una Verde Yerba que siempre ha necesitado de alguien que se atreva a cortarla, a usarla con sabiduría. Esta es la única causa de mi pureza, ¿me comprendes?
Sin esperar respuesta de parte de INXS Utopía se atreve a todo:
-¡No esperes más! –tan radiante, tan necesitada de cariño desde siempre- ¡Inicia la sinfonía! ¡Quiero sentir tu esplendor! ¡Abre de nuevo esas alas que alguna vez vertieron cenizas sobre lo muerto. ¡Amame!
De alguna manera, el roce de los pétalos sangrantes de una mujer se posan por un instante sobre los labios de INXS; quien titubea bastante para animarse a pronunciar el nombre de la fragancia:
-¿Ana María?...
Sutilmente, los instintos fétidos son sustituidos por un delicado aroma de femenino.
-Quiero platicar contigo –es el susurro de una chica oriental, de facciones difíciles de asimilar; colocando apenas sus dedos índice, medio y anular sobre la tablita triangular que se niega a moverse.
-... ... ...
-Sé que estás aquí –insiste-. ¿Quién eres?
-... ... ...
-¡Vamos! ¡Quién eres! –la muchacha está a punto de perder la paciencia después de más de una hora de intentarlo; luego de que “la tablita ¡por Dios que se movió!”... Y vuelve a moverse rápidamente de un lado para otro:
-INXS.
-Qué nombre tan extraño –las manos de la chica oriental tiemblan- ¿Es una clave?
-Yo soy INXS –afirma, deslizándose delicado; sin poder explicarse esa gran capacidad de amar de su mujer: Utopía, la real utopía que le revelara hace apenas ¿unos cuantos siglos? la primer experiencia de amor no actuado; el acto de amor genuino que escasos seres son afortunados de poseer en sí mismos.
Como nunca, el amor ha hecho un milagro al trascender a INXS más allá de cualquier cárcel emocional, ubicándolo en espíritu, en plena tercera dimensión; permitiéndole hacer en un sentido pleno lo que el gran amor de Utopía siempre ha deseado: darse, sin límite.
-Mi nombre es Iyuki –afirma la muchacha oriental con la voz entrecortada por la emoción.
-Sé que tu nombre es Iyuki.
-Ayúdame, por favor.
-... ... ...
-¡No te temo! –le grita Iyuki a la tabla rectangular, presionando demasiado sus dedos sobre la guía.
- ... ... ...
-¡Dame una señal! ¡Por Dios, dame una señal! –sus ojos viven la gran aventura.
Iyuki está completamente segura de haber hecho contacto, su primer contacto en su primer intento. Su primer gran frustración con el antiguo instrumento que una amiga, una virgen andrógina, le regalara días atrás.
Desesperada, guarda la vieja madera. Apaga la luz de su recámara disponiéndose a dormir algo más que contrariada. Mientras tanto INXS la observa desde el espejo de su discreto tocador, a un lado de la puerta y el closet poco más que vacío.
Desde la ubicación de Iyuki, recostada en su cama, la esquina superior derecha del espejo alcanza a reflejar un par de anuncios luminosos espectaculares que intentan motivar la vida en una de tantas avenidas de Tokio.
Para su fortuna, a pesar de la emoción, el primer sueño de Iyuki la encuentra recostándose apenas:
Las sábanas y las cobijas que la envuelven están gélidas, al igual que las paredes de la recámara; su piel se contrae; una abrasadora escarcha tapizando literalmente la habitación.
Las cuatro patas de madera de su cama comienzan a emitir un necio rechinar debido al incesante, incontrolable temblor de su cuerpo juvenil. Iyuki está realmente dormida.
Iyuki sueña que sueña. Los dedos de sus manos son ganchos poderosos que evitan su caída irremediable al vacío. El abismo nebuloso bajo sus pies. La niebla le aconseja soltarse al ofrecerse como eficaz bombero esperando por el salto morboso; seguramente transmitido en directo a todas las islas del pacífico este; pero Iyuki se niega, a pesar de sentir la pérdida gradual de resistencia sobre la tierra blanda.
Los ganchos de hueso resbalan, su sangre corre sin freno cuando el pánico la adormece más. Son unos cuantos centímetros los que la separan del equilibrio. Ya neva en su recámara y el sueño apenas se fragua.
Iyuki sigue soñando que sueña. Un rostro translúcido la llama desde el espejo:
-¡Afiánzate de la cuerda, princesa! –es INXS, sufriendo, desesperado al igual que ella.
Presa del terror, Iyuki se abraza a veinte uñas de una cuerda que le es lanzada desde lo alto, desde un límite a más de cien metros de la cordura. La niebla le impide ver quién es el benévolo salvador cuando sus dedos sangran; sintiendo su cuerpo caliente ser subido hacia la salvación.
Iyuki sueña que despierta. El horrendo frío cede en escala vertical; el hielo se ha convertido en agua que escapa fugaz por debajo de la puerta. Todo reflejo se esfuma del espejo.
Iyuki sueña que se sienta, confortada, sobre su cama. Ahora es el calor sin reservas el que fluye por toda la habitación. Avienta las cobijas al suelo sintiendo al instante, sobre su vientre, esa cuerda que la salvara del abismo sin fondo: se trata de una delgada serpiente con el rostro del espejo:
“No temas. Soy la señal”
Iyuki no teme. Sueña que dormita un rato más.
El despertador electrónico irrumpe su reposo marcando las ocho de la mañana. Apenas despertando, sin asimilar cuál de los dos paralelos reales habita, se pregunta si el sueño fue parte de su fascinación en indagar lo desconocido por medio de esa tabla; siempre había deseado hacerlo. Su intriga la obliga a buscar rastros de la fantasía por todos los rincones de la alcoba, pero nada halla. No imagina que la signatura le ha sido dada.
Cuando reacciona es demasiado tarde; ha permitido, en su fascinación, que la numeración del despertador avanzara lo necesario para que su monótona costumbre de checar una tarjeta digital sea postergada para mejor ocasión. Es un misterioso lunes que ha decidido dedicar a la comprobación del indicio; a pesar de que retiene en su mente un esbozo del sueño-soñado.
Cubre de negro su frontera, sus lindes materiales; después de purificar los límites de su sensibilidad; incitando a la ligereza al resto de sus confines abstractos.
Es necesario decir que Iyuki, hablando con naturalidad, haciendo a un lado la cotidiana imprudencia, es fea, físicamente. Hermosa como una utopía clandestina, a los ojos de INXS.
Sus pies delicados de mujer sobre el colchón desnudo, manchado. La tremenda duda sobre sus piernas cruzadas: la vieja tabla de olores exquisitos tocada apenas por sus dedos. Es su alma llamando a INXS:
-¡Recibí la señal! –grita Iyuki en silencio- ¡Gracias!
-... ... ...
-¡INXS!
-... ... ...
La confusión es pasmosa en Iyuki; posponiendo también sus esperanzas sobre el tocador al consumir cuatro horas en vano, así como siete cigarrillos; ninguno de los cuales tuvo la delicadeza de ofrecerle el mínimo círculo que le sugiriera el turno a la comunicación.
Su estómago trabaja en vano sin salir por ningún motivo de la habitación; a pesar del molesto timbre de la calle, insistente, en más de una ocasión; contrastando su trance con el también molesto murmullo de la urbe que se cuela por la ventana abierta.
Trastornada por su recogimiento decide escribir lo poco que recuerda del sueño mágico en el aburrido diario de una obrera; de un ser nunca escuchado, mucho menos comprendido por ese hervidero de hormigas absortas en cumplir con el deber a toda costa.
A pesar de todo, Iyuki intuye que INXS está cerca de ella, a su lado, a su derecha seguramente, interiorizado en su ser desde el inicio del pasado.
Las ocho de la noche obligan al espejo del tocador a su deber narcisista ante las cortinas replegadas que nada poseen de mandíbulas asechantes; a través de las cuales Iyuki observa la gran ciudad, tan triste, tan bestia.
Está hambrienta; pero su instinto profundo es más intenso, más hambriento.
Sus pupilas dilatadas enfocan la tabla; su nariz se deleita con los olores de tantas historias realizadas antes que la suya. Sabe que INXS la llama.
Decidida, cierra la ventana impidiendo de esta manera el paso del gran monstruo; permitiendo que inicie la ceremonia:
-¡Sé que estás aquí! –grita ahora su mutismo- ¡Te disfruté tanto anoche!... –recordando fragmentos del sueño- ¡Habla, amor mío! ¡Habla, por favor!
-... ... ...
-Sabes, yo vivo en Tokio... Eh... T-tengo veintitrés años... Soy muy solitaria... N-nunca había hecho esto...
-Lo sé.
Iyuki se emociona al límite, presionando sus dedos sobre la tablilla triangular que se mueve como mariposa recién despertada de un letargo rastrero, al igual como lo haría una araña al reconocer a su presa.
-¿Me conoces? –los ojos de Iyuki se están humedeciendo.
-Odias y amas. Temes y dominas. Falta poco tiempo para que logres definirte; y el resultado será satisfactorio para ti –Iyuki ha dejado de presionar el pedazo de madera, a efecto de que el mensaje fluya libre y completo-. Nadie debe saber de nuestro romance –sentencia INXS.
-No te preocupes –responde Iyuki con un murmullo abrazador-, nadie lo sabrá nunca. Pero... ¡háblame de ti! –levantando la voz- ¿De donde vienes? ¿Qué edad tienes? ¿Has muerto alguna vez? –Iyuki irradia la imagen de la aventura total- ¿Eres... o eras... europeo?
-Soy.
-Dónde está ahora?
-Contigo, a tu lado –los dedos de Iyuki hormiguean ante la emoción extrema.
-De dónde vienes?
-No lo sé –INXS es sincero.
-¡Qué edad tienes?
-La misma que tú. Todos tenemos la misma edad. Todos brotamos al mismo tiempo.
-¡Eres increíble!... ¡Quisiera verte!... Pero, me temo que mis sueños, los sueños que se repiten en mi soledad, son irrealizables.
Al sentir estas últimas palabras, INXS se detiene instantáneo en su fluir perfecto; al tiempo que el neón huye absoluto del sur de Tokio.
Iyuki, confusa, al ver nacer –contra las políticas capitalistas de la Compañía de Corrientes Fluidas- una luz tenue en el espejo; mientras tanto buena parte de la ciudad sufre contraimiento de retinas.
Enciende una vela al lado de su cama. Decidida a todo vuelve a posar sus dedos sobre el alma de INXS, quien no pierde tiempo para presagiarla:
-Tus sueños sí son realizables, a cambio de tu realización concreta; y es que eres diferente.
La chica duda varios minutos su respuesta, deletreando el mensaje de INXS en esa penumbra apenas iluminada por la vela. A final de cuentas se cuestiona a sí misma, preguntándose si es libre, si ha sido libre un insignificante día de su vida terrible. Nunca nadie le había dicho lo que ella siempre ha sabido: es diferente.
-Estoy dispuesta, INXS. Créeme, estoy dispuesta a lo que sea.
La luz artificial retorna instantánea retomando el espejo íntimo sus antiguas simetrías. Es cuando INXS presagia:
-Descansa, Iyuki. Mañana estaré contigo.
Una impostergable fatiga termina por vencer a la chica; en el momento en que la ciudad también se dispone a dormir; o a despertar.
Mil novecientos sesenta y nueve. Una escondida cabaña cercana al Tepozteco agoniza ante el cielo que se derrama sobre ella. La biosfera canta. El Hogar cálido.
La chimenea rústica mantiene encendidas sus brazas chirriantes gracias al viento que logra penetrarla desde lo alto.
Un escritorio repleto de manuscritos bastante trabajados, desordenados; una pluma sin tinta, perdida entre los manuscritos; una silla antigua; una mecedora sobre la cual el Hombre, impecable en todos aspectos, va y viene al lado de las brazas reparadoras; provocando el crujir angustiante de la duela a cada movimiento de la mecedora; con su mirada aterrada sobre la diminuta llama que renace en la chimenea, la cual apenas bufa de amor; sin olvidar por supuesto ese revólver caliente, escurriendo de su mano izquierda, al ras del suelo.
Facciones parcas, inmutables, insensibles, presagiando el desenlace; oídos de hielo aconsejando los finales destellos de la tormenta. Su cuello gira, por primera vez, después de tanto tiempo; a la par de sus ojos derramados por el Nilo, memorando los felices días en el desierto, al lado de la Madre Amarilla; descubriendo al Nombre bajo la sombra de su sombrero, el cual yace en el suelo.
El Hombre sueña que sueña. Es proyecto de relámpago excitado por la más alta de las montañas de la cordillera; pero no le es permitido convertirse en descarga fulminante, aun ante la afrodisiaca demostración de efervescencia femenina.
Se ve en la necesidad de pedirle ayuda a lo bruno, pero este se niega. Finalmente el arcoiris se compadece, y entre el azul y el violeta el relámpago crece hasta provocar luz dentro de su fulgor, destrozando la nobleza de la cúspide mayor a través de un terrible rugido.
El Hombre sueña que despierta. Todos y cada uno de los relámpagos sanguinarios sobre el gran Valle de México descargan su furia sobre Iyuki; la chica que ya ha aprendido a disfrutar, y de paso también a burlarse de los supuestos cerebros iluminados que nada pueden hacer al respecto; simples imitadores de mal gusto.
Tal vez la víctima más joven de una perversa filosofía finalmente logre mutar en algo mejor. De nada le servirá invocar a sus orígenes; sus errores –los errores de los genios son realmente introspecciones, al final convertidas en medios, ilustraciones, revelaciones. Posiblemente el Nombre fue quien ilustró en piedra aquel volcán; cabe la posibilidad de que todo esto es un sueño intrascendente.
El Hombre sobre la mecedora permanece péndulo mientras la nada expandida rodea los anillos gélidos que el telescopio humano más potente descubre a lo lejos: el hijo menor de Sirio en el –valgan los límites humanos- centro del universo, a la velocidad conveniente. Es el Nombre, el mensaje revelado por Lol, portador de la gran noticia: el renacimiento del hijo de un hombre.
“Al fin he destrozado mi propia cárcel
retomando lo sencillo”
La Compañía de Circuitos de Japón no parece tener explicación, de nueva cuenta, para justificar la falta de confiabilidad en ninguna ideología socioeconómica. Por su parte, Iyuki se ha mudado a los suburbios de Tokio; sabe que necesitará de la mayor tranquilidad para recibir la gracia.
Aspira el Humo del Verano renovado, desvaneciéndose de lo ordinario; tocando a su amante:
-INXS... –temerosa, con sus dedos delicados posados sobre la tablita.
-Aquí estoy, a tu lado.
-¡INXS! ¡Te amo!
-¿Estás lista? –la cuestiona sin rodeos.
-... Creo que sí –con su misma exquisita timidez.
-Serás fecundada.
-¿Por ti? –la pregunta de Iyuki representa la encrucijada del esoterismo llevada a la práctica.
-Se acercará la tempestad.
Al escuchar estas últimas palabras Iyuki se siente perpleja.
No tiene otro remedio que despedirse de él ante el mutismo de la tabla brillante; con el rubor de ella, y la firmeza de INXS.
Iyuki presagia el sueño. Plásticos vibratorios ya son insuficientes para su pasividad sin formas ni seudónimos. Ha amado en silencio imágenes en la pantalla, ha intentado provocar nuevos géneros al desfilar vilezas dentro de su apetencia, ha llorado hasta el cansancio; pero nunca ha sido poseída.
¿El sueño de Iyuki es demasiado? Lo es cuando la crueldad evita advertirla al no atraer a ninguna de las especies. Crueldad desnuda sin pretextos. Resignación pretextando crueldad. Glándulas rotas que han aprendido a secretar lágrimas.
De pronto, unión de espirales en su pesadilla; descubrimiento majestuoso, aliento de hombre; destrucción de los límites conocidos; núcleos entremezclados con mesones. Expulsión del intento, terremoto en un suburbio japonés.
El Humo del Verano el testigo. INXS el mediador.
Iyuki despierta. Sudor, fatiga. Dolor, energía.
-¿Es verdad, INXS?
-Sí. El Hombre así lo ha anunciado.
-¿“El Hombre”? ¿Quién es “el Hombre”? –pregunta Iyuki, retornando a sus eternas dudas ante el laberinto que representa todo esto para ella.
-El se alineará esta noche con Tokio, con tu ciudad, desde tu cielo; y yo germinaré.
Mutando la burla
curvé el orden
un río de aceite
cubre al novato
El Hombre es uno más
simetrías del entorno
sucedo como esclavo
reencarnado
Oriente, seis líneas, un viaje. Levante, seis destinos; ciento ochenta días después la espera habrá terminado.
“Exhumado, desnudo contra un colmillo, mi extracto es anversamente proporcional a mi capacidad de ubicación. Es lo más bello que me ha sucedido”.
De nueva cuenta INXS habita un vientre, el de Utopía en Iyuki; el de Ana María en su utopía.
“Todo tiene su momento –es la voz del maestro, que sin saberlo INXS sigue guiándolo en la aventura. Es Lol.
“Ahora es tiempo de retornar con los vikingos, a las sombras del fuego; a la época anterior en que aquella estrella llamada Peho explotara y uno de sus enormes fragmentos girase durante millones de años, excitándose a la circularidad y efervescencia; y llamara bajo su mando a cuarenta planetas, cuarenta esferas, cuyos moradores, sus hijos, en la secuencia de órbitas, la llamaran Dyz.
“Antes de que la guerra fatal se desatara entre los hijos de Dyz, provocando de improvisto la desaparición del sistema completo.
“Los pocos sobrevivientes de Jozad, decimonoveno planeta, colonizaron así otro espacio nombrado Adím, sin necesidad de una estrella que les proporcionara la energía necesaria para sobrevivir, por haber estado situados en los umbrales del Gran Universo Central.
“Pero Adím también vio su fin, viajando inerte millones de círculos hasta llegar al extremo anverso de casa, en donde nuestro sol lo atrajo, obligándolo a rotar a su alrededor y moldeándolo ligeramente oboide, fértil, líquido, inconmensurablemente bello”.
INXS fue revelado de este extraordinario secreto, dentro de los reinos de la materia, durante el trayecto a su prisión, a la real, a la verdadera tierra de Utopía, quien lo recibe un poco consternada, todavía durante el ciclo del desgarramiento emocional y sensibilidad física:
-¡Ni yo misma puedo imaginar las posibles consecuencias de lo que intentas hacer, INXS!
-¡Pretendo realizarte! ¡Forjar mi más grande utopía! ¡Disfrutar a tu lado de la vida!
-Lo único que sé al respecto es que... de lograrlo... quizás... mi imagen sería lindante para ti, tomando en cuenta que tu origen fue el universo de la dimensión.
No hay tiempo para más. El hermoso diálogo entre ambos termina. Utopía se desvanece dentro del vientre de Iyuki, mismo que posiblemente contenga a Adím.
La mortaja del feto
banal raciocinio
una virgen da a luz
Con el paso de las semanas Iyuki ha logrado emocionarse en verdad al sentir los delicados movimientos de su propio hijo; mismo que entristece cuando ella entristece. Su cráneo es apenas esponja húmeda que, sin recuerdos, ya reconoce la voz de su madre.
Por su parte, los ángeles caídos no cesan en la búsqueda de ese audaz ángel elevado por sus propios ideales. Interrogaron a la física, a lo astral, a las mentes, a lo corpóreo, al alma y a las esencias; mas todos desconocen el hecho: INXS ha escapado.
Hasta que un solitario ángel de cobre, el más introvertido e intuitivo de toda la legión de ángeles caídos, al fin ha descubierto indicios del cosmos de fecundidad clandestina.
No tiene mejor cosa que hacer que cumplir con su deber: con su lengua de reptil arranca el esbozo de voz evitando así la futura palabra en el Vástago del Varón.
Una inquietante humedad despierta las nuevas facciones de Iyuki, finas y relajadas, como todos los semblantes de una mujer encinta. Aún adormecida retira las sábanas. Tela de juicio sobre su propia piel.
Espera paciente a que el sueño termine cuando un dolor intenso la conmociona.
Aspira sin pausa, no puede expirar. Pide auxilio, compasión, perdón a cualquiera que logre escucharla. Hace cita con el delirio...
No hay ningún papel que desempeñar; Iyuki es dueña del parlamento; la asistencia social se encargará de premiar la obra.
-¡Perdóname Utopía! –implora INXS- ¡Fue una locura! ¡No sé por qué lo hice!
-¡INXS! ¡Sigues creyendo en mí!
Para sorpresa de INXS, luego de escuchar la voz sublime de Utopía, comienza a sentir sobre su pecho el latir de su propio desagüe, de su corazón.
Tal pareciera que la nada se diluye. El roce del pétalo sangrante de una mujer se posa en su boca provocando al restante sentir. El instinto lo obliga a aspirar aire; a abrir y cerrar sin pausa sus párpados; a expandir y contraer sus pulmones renovados.
Una Nada universal los sostiene, los contiene a ambos. INXS reconoce la sutileza de esos labios:
-¡Ana María!
-... N-nunca antes había contado con una imagen real –le dice Utopía, sonrojada, radiante-. ¿Te gusto?
-¡Eres hermosa!
En ninguna parte, en cualquier instante, disfrutando ambos de la verdadera sensibilidad física y la única emoción constante en todas las emociones, Utopía es invitada a la pasión. Utopía, al fin, es poseída.
En alguna parte de la tontería continua, inicia esta historia.
Nace, no temas
crece, no temas
fecunda y guía, no temas
niégate a morir, no temas
Despierta; no hay nada que temer
El Hombre sigue siendo padre de siete satélites. Planeta fosforescente que se alineara con Oriente diez semanas anteriores a la suspicacia de aquel ángel intuitivo que terminara con los sueños maternales de una mujer diferente.
Pero todo marcha como debe. Realmente nada es gratis en el mundo de la carne. Iyuki, en el momento exacto, sabrá comprender.
-¿Desorden? –pregunta el eterno Lol a INXS.
-No, Maestro. Ensayo.
-¿Modificable?
-No. Mutación.
-¿Sigues alguna corriente alternativa?
-No. Simple necesidad personal.
-¿Insurrecta?
-Posiblemente, maestro.
-¿Aceptada libremente?
-Bien sabes que sí. Creo que estoy solo en mi perspectiva. Si nadie me comprende a nadie debo explicaciones; independientemente de que sea un tonto o un genio. Creo que he triunfado sin pugna.
-Te equivocas –responde Lol-, la lucha que juntos iniciamos hace tanto tiempo, apenas fragua sus inicios; y como siempre, creo que lo lograrás.
El círculo en turno en la lenta combustión reincide sobre el punto de partida.
Un empleado municipal baja el switch en el amanecer. Desde las montañas del norte se escucha el eco interminable de la campana de un despertador; terminando con la somnolienta frustración de un Viejo Leñador que se incorpora de la cama, de la hibernación, iniciando de inmediato su camino hacia el pueblo.
De esta forma llega a la Tierra del Neón Apagado. Ya lo espera una enorme escalera y millones de galones de pintura de todos los colores conocidos en el universo local. Debe procurar el fondo y el tinte, el proceso y el acervo, hondura e intimidad a la extensión, la estrechez; formato, manera y cimiento a la obra viva, con el único fin de que INXS y Utopía inicien la recapitulación de la historia.
Cada peldaño de la esca |