PARA EL FESTIVAL DEL BARRIO YUNGAY DESDE MEXICO
CRONICA DE LA NOCHE DE UN ONCE DE DICIEMBRE.
Desde hace seis años vivo en un barrio al norte de la Ciudad de México, que para mayores referencias se encuentra muy cerca de la Basílica construida en honor a la Virgen de Guadalupe. Realmente ahí se encuentran dos basílicas : la antigua, construida con motivo de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego en la época de la Colonia y a la cual yo visitaba de la mano de mi madre hace muchos años. Recuerdo a un lado del altar una habitación con decenas de exvotos, como se le llama a las pequeñas pinturas naif , en donde la feligresía deja constancia de enfermos que sanaron, pasajeros de autos y barcos que sobrevivieron , y en general gente que gracias a la intervención del Virgen de Guadalupe se curó o salió bien librado de un problema. La nueva basílica es una enorme construcción diseñada por uno de los mejores arquitectos de México: Pedro Ramírez Vázquez. La Virgen de Guadalupe es uno de los elementos más importantes que forjaron la identidad de México, baste decir que el Cura Miguel Hidalgo se lanzó a la Guerra de Independencia en 1810 con un estandarte de la Virgen como bandera, seguido de una chusma armada con palos y machetes.
En México es conocido el culto que se le rinde a la Virgen Morena, pero si bien esto lo supe desde siempre, ahora que vivo tan cerca de las basílicas me doy cuenta del fenómeno que se viven los días próximos al 12 de diciembre y el propio 12. Por la Calzada de Guadalupe, que así se llama la avenida que desemboca en la enorme plaza donde están los templos, existe un corredor central para uso de los peregrinos. Pues bien, por ahí arriban vecinos de cientos de barrios de la Ciudad con bandas de música, danzantes , banderas y banderines, algunos lanzando cohetes al cielo. Por la avenida circulan camiones de pasajeros y transporte adornados con flores, e invariablemente al frente una imagen de la Virgen de Guadalupe.
Pero cuando me di cuenta en su cabal dimensión de este fenómeno, fue un once de diciembre y la madrugada del 12, de hace cinco años. Estando en la oficina, recibí la llamada de una amiga que me comunicaba la muerte del hijo de un amigo mutuo. Un joven de escasos 25 años. Su velatorio se estaba llevando a cabo en una funeraria de la Ciudad de Tulancingo, una pequeña ciudad ubicada a hora y media aproximadamente de la Ciudad de México. Salí de la oficina, pasé por mi esposa y enfilamos hacia las Pirámides de Teotihuacán. En el camino encontramos la desviación para Tulancingo. Una vez que llegamos, buscamos el velatorio y ahí nos encontramos con amigos de mi doliente amigo. Al parecer, el joven que había estudiado antropología, se había mojado un día lluvioso y no había tomado las mínimas precauciones, de tal suerte que días después, cuando se sintió mal, había llegado al médico con una pulmonía avanzada. Una hora más tarde llegó mi amigo al cual le di el pésame. Un sacerdote ofició una misa y propuso que alguno de los presentes dijese algunas palabras. El único que se ofreció fue precisamente mi amigo, quien se refirió a las caminatas que él y su hijo hacían por el campo. Mientras hablaba todos los presentes teníamos un nudo en la garganta. Terminada la misa, estuvimos unos momentos más y nos despedimos, pues había que trabajar horas más tarde, pues ya era la madrugada del 12 de diciembre.
Tomamos el camino de regreso. Mi esposa no quiso tomar el volante, ella se sentía más próxima al sueño que yo. Con una coca al alcance de mi mano enfilé hacia la Ciudad de México y muchos kilómetros antes de llegar, comenzamos a ver que por la orilla de la carretera caminaban peregrinos. Conforme nos acercábamos mas a la capital la fila se volvía continua, era un hilo interminable de personas que descendían en la noche. Nunca me había imaginado a tantos peregrinos caminando en la madrugada para visitar a la Virgen de Guadalupe en su día. Así arribamos a la Ciudad de México, transitando junto a aquel cordón humano, lleno de devoción y de gratitud a su benefactora. Recordé una película documental filmada hace muchos años que debe estar guardada en algún archivo cinematográfico “El Pueblo que camina” que trata precisamente de este fenómeno. Y esto es precisamente lo que sucede días antes al doce de diciembre y la madrugada del mismo 12: un pueblo camina, desde muchos lugares de mi país, un pueblo camina, camina desde cientos de años para saludar a nuestra Virgen Morena. Reciban un abrazo solidario de sus hermanos de México.
|