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Inicio / Cuenteros Locales / jesedanielchamorrov / EL perro de los blancos ojos

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Es de mayor entretención, en vez de andar peleando con la gente (o con los semáforos, o los choclos, o los sancochos), mirar al espejo como la puerta que es al otro lado. Uno la mira sonriente, porque sabe de la magia, de la ilusión, de los cronopios y los famas y las esperanzas que viven en aquel mundo, y sabe uno cómo se ve el reflejo, cómo se ve esa cara triste, en la imagen de un conejo, de un burro, o de otra puerta, pero que lleva ésta, en vez de a un mundo genial, a uno gris y monótono, como uno. Como siempre se envidia a los demás, en este caso a los cronopios y esperanzas, allá flotan, danzan (sonríen también), escuchan música a todo volumen, y bailan al ritmo del festival, aplauden, se besan, se abrazan, entre ellos y con otros, con los dicórnios, con los canguros, con los globitos azules, y los ángeles del mismo color, contentos, ¿Cómo se puede evitar envidiar tal escena?.

Hoy miro pa' dentro curioseando, ciertamente aburrido por uno de tantos días "normales", aburrido y despeinado (como siempre), con toda la pereza en los ojos, ojerosos. Y adentro me invitan con tan amistoso tono que golpeo mi cabeza contra ese espejo para poder entrar. Imposible, que pena. En frente un perro, es al parecer mi reflejo de hoy. Se presenta indiferente al furor que lo precede (a sus espaldas, la serpentina y la sarta de sonrisas unidas por la cadena de manos, felices). El está serio, muy serio. Y aunque parecería normal en otras circunstancias (pues a veces los perros son serios y decentes) hoy me extraña muchísimo ver tal actitud. Apenas jadea, pero por cansancio, al parecer anduve corriendo. ¿Qué raza? ni idea, pero se ve runa, callejero, chandoso el infeliz, después de todo es mi reflejo. Está ahí sentado, sin mover la cola ni los ojos, solo mirándome tan serio, y yo me pregunto porqué soy así. Quisiera preguntárselo, pero no se hablar perro. A sus espaldas bailan los cronopios, con su típica actitud de irreverentes. Y cuando menos lo espero, como siempre, cuando menos lo espera uno, se pone a hablar, hablar y hablar, eso sí, sin dejar de estar serio, sin empezar a mover la cola, sin mover un poquito los ojos. ¿Qué hablará? ni idea, no hablo perro. Yo solo ladro, como perro enojado, mientras él da su discurso, seguramente filosófico, metafísico, o al menos eso podría pensar del que está del otro lado, pero este parece ser decepcionante.

Siempre es así con estos "cuerdos", ¿pero qué carajos hace allá un cuerdo? tan poco fantástico el descarado, y se atreve a poner cara seria durante el festival. Yo ladro casi contento, yo ladro y salto frente al espejo, tratando de pegarle lo loco a ese perro serio, desgraciado. Pero es tan infructuoso mi intento que logra enojarme, lo logra por un momento y me hace pensar que no me importa, que se joda ese perro serio, que haga lo que se le de la gana.
Tan serio, descarado... tan simple, tan gris (es su color, como ya se habrá notado) y se sienta ahí sin mover la cola (ni a eso se digna, a mover la cola al ritmo del aplauso y la música) y mirándome con cara de tener razón.

Y como si no bastara, me doy cuenta de su inocencia, así es, inocencia, una inocencia nada infantil (pues esa al menos tiene su fantasía) si no una inocencia de ignorancia plena, de no saber lo que es bueno y lo que es malo. Pero no se me malinterprete, no es una inocencia para descubrir nuevas cosas, nuevos mundos, es más bien arrogante, y quiere seguir ignorando lo que él debería saber verdad. Y es que es gracioso verlo inocente a tales asuntos, aun cuando está en ese mundo tan loco. Yo le sonrío, y ladrando le digo: "perrito anaranjado, ¿qué le pasa en esos ojos tan quietos? ¿por qué tan serio su semblante, por qué tan quieta la cola larga?... dígame que esconde, que es lo que tanto quiere callar. Y porqué porqué, dígame por favor porqué, esconder esa inocencia, esa otra, la bacana, no la que muestra, tan ignorante, tan arrogante" (mi frente arrugada en la duda. Los ojos preguntan, los ojos responden). Los ojos quietos, bien quietos, y la cara seria, bien seria. Pero los ojos se aclaran como los de los hombres, y de repente, se yergue en dos patas, mientras saca pecho y vuelve en puños las patas. Ahí si sonríe, que patético.—Que perro tan tonto—pienso—pero pobrecito el perro, atrapado en un mundo mágico, deseando estar en éste tan frio... aun así, ¡qué tonto!— Yo, ¡con todo gusto!. Me siento. Saco la lengua y empiezo a jadear de contento, y aunque mis ojos pierden ese toque humano, se ve más alma que antes, por la gran felicidad, En un segundo está al revés. ¡qué cosas las que le regala a uno la vida! Y me importa nada el futuro del perro, el sabrá por qué se condena. Yo a bailar y aplaudir, en el festival de los cronopios.

Texto agregado el 01-12-2008, y leído por 193 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-12-02 13:32:22 Me gusto encontrarte.Mis***** alasblancas
2008-12-02 04:39:53 Sabes, yo creo que (es una opinión de alguien "no versado en estos temas") la grandeza de un escritor está en la capacidad de amplificar una idea, cualquiera, por sencilla que fuere, y exprimirla como naranja, deleitando al lector con ese jugo de ideas e imágenes que el simple mortal no es capaz de extraer. Tienes ese don. Mérito tuyo? No lo se. Pienso que el talento no es mérito de uno, es algo aleatorio, como el haber nacido en México o en Australia. Pero el que lo tiene, lo tiene. Y lo tienes. 5* ZEPOL
 
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