Un sillón casi destruido por los años,
una montaña de discos desparramados por el piso,
en otro rincón, libros y partituras, la cama deshecha
quien sabe desde cuando, un mate frío,
el cuadro de Picasso "La mujer Azul" de espalda ignorándome.
Faltaría tener un espejo para ver mi cara, para verme,
para saber si quedo bien en mi cuarto, en mi mundo,
para saber si quedo bien en algún lugar, aunque más no sea en un lugar.
La guitarra junto con mis libros, mis libros en el piso,
sus relatos en mi alma, en esa pequeña cajita de sentimientos que llevo siempre conmigo.
tres metros por tres metros donde escondo mi vida,
si estas paredes hablasen, yo, me quedaría mudo para oírlas.
|