RITA HAYWORTH, EL INVENTO DE UNA POESÍA CONTRA EL VIDRIO CON ACEITUNAS Y UN MOSCATO.
(Cuento corto)
DANIEL O. JOBBEL
Showcase Cinemas, algún día de la semana.
Te dije Rinaldi, acá no pasa nada. Pero vos duro, eh!.. El horóscopo del celuloide no anuncia más nada. Está de capa caída. Se acaba. Tobogán y clic. Ni el viejo zorro lo salva. No más vuelta de perrillas. Ya no hay un calendario como antes: con porrón y un sanwichito (en el Sol de Mayo) me pasaba tres al hilo. ¿Ahora? Una es mucho. Y si te la dan completa. ¡Que parca viejo! ¿Aguantá?... No entendés Rinaldi, vos eh. Mirá; el que parece definido a pasarla tumba es el de los lupines. Trajo todo el stock para repartir hasta con el acomodador.
Hablando del de la linterna, donde se habrá metido. Cuando lo veas pasale una lucarda, bueno un peso Rinaldi. Un peso. Siempre corrigiéndome vos eh!... Dale. Dale el sope. Así vemos el programa… Como te iba diciendo, hay que hacer historia. Usar el bocho, salame. De eso me valgo. Shh….¡Bueno!, si todavía no apagaron las luces.
Mitos, como te iba diciendo, mitos, digo, no sé. Dejando de lado al Pato Lucas (¿otra vez con esa?). Cuando digo mitos son el gran Carl Gable; la diosa Rita Hayworth.(¿?) Salíamos del cine y mi primo decía que le gustaba Rita Hayworth más que ninguna otra artista. Era capaz de abandonar sus conquistas por la Hayworth. Digo, que le habrá visto a esa mina, no sé. Mi primo tiene trece años más que yo, por eso le gustan las viejas. Más pulposa, rotunda, carnal, era la Sofí. ¿Y que mi tío Jaime si fuera artista se tiraría con la Loren en la película Prêt-à-Porter, de Robert Altman? Dalo por hecho. Estaba pelotudo por ella. Más en esa escena del destape con el Chelo Mastroiani. Pero con todo respeto, ¡eh!. Calientapavas mi tío Jaime. Sin embargo para mi primo la Hayworth es única. A mí no me entusiasma, va digo, pero dicen que es Diosa. A veces ponía cara de mala, era una cara bonita, interesante, pero hacía siempre traiciones. No era una gran artista. Era la beldad que seducía a incautos como mi primo. "Y decime primo que partes te gustaron". "¡Las de Rita Hayworth!" ¡Qué lo tiró mi primo, ché! Pareciera que los eligiera cómplices para hablar toda la cena de ella y de esa cinta ¿Que me contás? Claro, era otra época. El café, el diario y el boleto del bondi valían diez centavos -"o diez guitas", como se decía-, la platea salía 60 centavos y el palco 80. El Sol de Mayo era mi cine. Un cine reo donde podías fumar, atornillarte en la butaca, a gritar cualquier cosa y hasta comerte un familiar de mortadela y queso con un moscato. Rinaldi, los atorrantes del Sol de Mayo no nos cansamos de recordar aquellos mágicos días de lluvia, ideales para la chupina, no laburar, armar un filito, comer aceitunas y escupir el carozo, inventar una poesía contra el vidrio de un bar y hasta el mate con tortas fritas. Caigo en eso de los abuelos, al decir que lo de antes es diez veces mejor. Otros tiempos. Venir ahora aquí, a ver las butacas vacías. Sí hasta la Stone esta, ‘Sharon’ ¿no?...Una desconocida. La de ‘Bajos instintos’, encima parte dos, pagó para verse. Que pierna largas, barbeta, que carita. Como me ratonea, esa sabés.¡Qué Rita Hayworth ni ocho cuartos...!
Volviendo al tema, me acuerdo en la última época apareció el trasnoche. "Había tipos que cuando aparecía una mina como Rita Hayworth que estaba buena se masturbaban ahí nomás. Su público era heterogéneo: pobres y acomodados, chupineros, rateros, algún “chiquilín de bachín”, ortivas, levantadores de juego y, sobre todo, laburantes. Se podía asistir correctamente vestido o en pantalón pijama, chancletas y camiseta sin mangas, como yo los he visto, Rinaldi. ¡La vieja y querendona camiseta sin manga!, escuchaste. La del finado minguito, te acordás. Me la juego que vos nunca. Bien empilchadito. Cate, cate, usted: saquito y corbata siempre. Querés pororó, compramos eh… ¿Qué la corte? Conmigo no te vas aburrir. Sigo a saber, y esto me lo contó el flaco Zinni: “el Abasto cerraba los jueves y los sábados a la tarde. Venían todos. Nosostros hacíamos el aguante, cafecito por medio, en el viejo Olaf, que no me acuerdo como e llamaba antes, hasta reunirnos todos. O en el Saigo y rájabamos luego para allá. Imposible olvidar el colectivo 78 (ahora 147). Viniendo por 27 de Febrero doblaba por Corrientes y al llegar a Pellegrini un guarda zumbón y petiso anunciaba a los gritos: «¡Facultad!», y algunos fulanos se hacían los filósofos de la escuela de los cínicos en la antigua Grecia, así casi se quedaba solo, con muy pocos pasajeros”. Y como el mercado… Qué querés Rinaldi, cigarros, pororó, que corno, estás incomodo, ¡bueno!, si todavía no empieza… Déjate de joder.
Decía el Sol de Mayo era un ámbito eminentemente de hombres , mientras las mujeres iban al Esmeralda, que estaba en Pellegrini al 1300, donde ahora hay una galería, viste, Rinaldi, al lado de la pizzería Universal (o la de Bondino), que servía "la común y la picante", íbamos con "El Nolo" Cozzi, a veces algún bolaina traía alguna pasguata, pero la llevaba arriba a los palcos, de chamullo en chamuyo y ahí la masacraba a besos…El que laburaba de langa era el Luis. Hablando en serio. Sí el Luis, bobo. Rinaldi no me vas a decir que no conocés al Luis. Sí, picapiedra, ese el de la verdulería. Preguntale a Cozzi sino. Ese sí que la vendía linda. ¡Nooo..! A la sandía, no. A la bragueta. Rinaldi. Algunas minitas morían por él…”Shh” ¿Silencio?. Hablando en serio. Tres de comboy -como las llamaban los muchachos de entonces-, y se podía disfrutar con unos imperdibles familiares de mortadela y queso, maníes, con una Bidú cola… La última en El Sol… ese domingo, ese, me acuerdo bien, 26 de junio del 77, cuando proyectó "El investigador privado", con Fred Willanson, bueno yo lo digo así ché, como se escribe, se poco inglés, vieja; hasta las lágrimas cuando cerró, ¿Qué la corte?….Buen, dale el peso, así vemos el programa.
Volviendo al Luis. Tenía cada minita y se la bancaba. Lo de él era chamuyo, el broli de la calle, y el cafecito. Práctico, lejos de un teorema de Pitágoras o una ley de ese Arquímedes. Práctico. Recio, como pretendía pasarla bien y soñar durante unas horas con un cowboy invencible dueño de una mina infernal -digamos Gary Cooper y Ava Gardner-, olvidándose de los sueldos miserables, del colesterol de la vieja y de la escasez de querosén". Así era el Luis. Aunque demasiado baboso para mi gusto con las lindas. Quizás altanero, pero iba a los seguro, chamuyo, “por favor taxi”. Apretón y telo. No más. También los quilombitos. En ‘Cocodrilos’ se masacró a una que tela debo. Eran días del ‘rozariazo’ viste, días de atmósfera rara. Espesa. Con el ocre del olor a muerte y el lagrimeo por los gases. El estudiante Bello había caído entre las balas policiales en la Melipal, y el loco Luis haciéndole el aguante a los naranjazos en la puerta de Augustus, rasguñando la memoria, creo que salió ileso de milagro, lo salvó un fotógrafo que lo cagaran a palos, cuando los milicos lo tenían en el suelo. Días de la pesada. Lo noqueaba el alcohol. Y él, viejo, cuando se armaba algún despelote, ¿cómo se dice?, apercá pibe, apercá y cros a la mandíbula. Un Dios el gringo.
¿Sabés? El boxeo le gustaba. ‘El que te dije’ era de ir al estadio ‘Norte’ en Alberdi. Se hacía un lugarcito. Incluso me decía: “no te dejés que te apuren, y menos que se metan con tu vieja” Yo era medio quedado, pero el gringo siempre me hizo el aguante. Los pantalones se le caían y constantemente tenía que bajar los brazos para levantárselos. En eso momentos aprovechaba el sparring para meterle el jab de derecha y la combinación con el golpe abierto de zurda. Pero consiguió agacharse y esquivar. Oía la exclamación de todo el estadio cada vez que pasaban las piñas sobre su cabeza. Como el Gran Loche, viste. Armaba la guardia pero sentía como se le deslizaban los cortos, bajaba inconcientemente los brazos, el otro le tiraba un jab y el derechazo que ahora era duro, abajo al costado, le hacía efecto en el hígado. Un día tiró a un ‘grone’ del cole de la 102. Le puso una quema en la trucha que el muñecote no sabía donde estaba parado. Un hostiazo que te la ‘voglio dire’. Al rato salimos como cuete, porque se nos venían el viejo y los ocho hermanos. ‘El que te dije’ se anotaba en todos los envites. En esos entreveros con referí de por medio, en el ‘Norte’, hacía pinta y sombra, guante como se dice, y ahí estaba el que te jedi. A veces cobraba como loco, pero algún guante metía. Lo que me gusta del cine es el sonido de las cachetadas y como se dan… ¿viste? Suenan como a madera. Y la ‘parda’, va la rubia, porque son todas rubias las ‘yonis’. Excepto la peliroja, Rita Hayworth. Sí, Rinaldi, las yanquis quise decir. Ni se mosquean, fría, jeta de hielo, la guacha, lagrimita y ni un corno. No se les mueve ni un jopo. Me acuerdo que en una chupina del Belgrano, una tarde de lluvia, del primer piso del Sol de Mayo llovían generosamente frutas y verduras del mercado, puchos encendidos y fluidos varios, después de la biaba ‘Alan Ladd’ ni un pelo. Todos contentos. El que derrochaba arrogancia era el ‘Wayne’ ese. No se jodía. Apercá, pibe, apercá y gancho al hígado. Flojito lo dejaba, mientras que el malo se doblaba como papel, le partía una silla en la espalda del quía. La silla quedaba hecha añicos. Maderitas por todos los rincones. El otro día probé con darle una en el balero al Agustin, porque me cargó con eso de bostero, pero fijate no se rompió. No sé si las de los ‘yoni’ son mala calidad, o qué, pero que no se rompió, no se rompió ¿Vos te acordás de Ringo no perdona? Que Spaghetti ese. Le puso el Gema ese tres piñas a un yoni que te la debo. Se vino abajo como calzón de puta. Gancho, cross, sacaba distancia, aproach corto y ni el sombrero se le caía. Ni que comparar con las de ahora. Poné la oreja a esto. Mirá como uno se ensarta, al principio me pareció que el rubio le iba a hacer pelea. Se la daba de guapo. Y como guapo surtió. Hasta que ‘Ringo’ le alargó la derecha, le entró con la zurda y le barajó una piña para alquilar balcones. Voló, ¿viste?, como planean los yonis, arriba de una mesa y la desarmó. ¡Que rollo! Y boyo. Me qustaría ver ese western otra vez. Eh, melonazo. Rinaldi. No te duermas. A mi no, ¡eh!... A dormir a casa. Vamos ¡eh!
Uy, Rinaldi, por favor… Pedile la guita al de la linterna que encontré un programita debajo de la butaca. Es de ayer pero sirve. A ver… a ver. Es simple la cosa. Ni doblete siquiera. Puta, carajo. Estos Shopping son de terror. ¿Cómo manya lupines el ‘coso’ aquel? Se va a empachar. Y no me pidas que le tire el cuerito. Ese. El de la tercera. Derechito acá. Al lado del balero de la gorda. Está de la nuca. Y esto es el cuento de nunca empezar. ®
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