Pido gotas mojadas de rocío madrugador, al alba,
para que las escurra sobre tu rostro angélico;
chispas empapadas de llovizna persistente,
a las nubes, para que mojen tu pelo negro;
tardes frescas de primavera florida, al ocaso,
para que las admiren tus ojos, Afrodita;
hojas maduras de otoño plomizo, al viento,
para que las transporte hacia tus hombros morenos;
luces refulgentes de luna llena, a la luna,
para que alumbren tu cuerpo en reposo;
colores puros de pacto perpetuo del Génesis,
al arco iris, para que resalten tu figura,
morena del Cantar de los cantares;
copos esponjosos de nieve inmaculada,
a la cordillera, para que rocen tu lírico andar;
rayos amarillos de luz resplandeciente, al sol,
para que iluminen tu día entero;
viajes celestiales de cometas centúricos, a Cronos,
para que los contemples extasiada;
desplazamientos insólitos de estrellas fugaces,
a la noche, para que hagan realidad
tus deseos más deseados.
¡Eso pido!
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