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Delicias de cangrejo.- Del Compi Nomecreoná.



Últimamente, por distintos motivos, he asistido en varias ocasiones a eso que llamamos “Lunch” o “cóctel”, que es ese acto medio-informal, generalmente a última hora de la tarde; que se organiza después de algún evento de cierta categoría y donde se come y bebe de pie y en pequeños corrillos, o la gente deambula de un lado para otro simulando interés por los cuadros mientras mira de reojo cuando sale la próxima bandeja de canapés.

Los canapés, esas ínfimas obras de arte culinario; contrarias a cualquier concepto racional de nutrición, pero normalmente de sabores, texturas y aspectos sumamente agradables y atrayentes.

Ni que decir tiene, que todos conocemos las bondades de las alcachofas con langostino sobre base de pan tierno almibarado; los dátiles rellenos de queso con finas hierbas; los volovanes de trucha ahumada con salsa de mandarina o los regalitos de chocolate con zarzamora y pié de limón, si nos pasamos a lo dulce…

Pero con todo lo que tienen de atrayente estos delicados condumios, a mi lo que me de verdad me encanta de estas galas gastronómicas es la fauna diversa y divertida que en ellas se congrega y su forma de actuar.

En general y ya con la bebida en la mano; el personal va ocupando posiciones como si de la parrilla de salida de un gran premio se tratara, esperando la aparición de lo-as hermoso-as muchacho-as uniformado-as y cargados de las bandejas del refrigerio; la verdad es que estoy seguro que hay gente que se prepara concienzudamente desde días antes suprimiendo la ingesta de alimento, actitud tendente a desocupar el necesario espacio que al poco tiempo rebosará de tartaletas de queso fresco con caviar y croquetas de anchoas al cava.

Es un espectáculo garantizado ver a una señora pasada de kilos y de años para el vestido que luce... repasar con gula la bandeja, al tiempo que coge no uno, ni dos, sino tres de esas delicias, naturalmente pringándose tan delicadas manos. O ver como alguno persigue insistentemente con la mirada y a veces con las piernas, a alguna de las camareras sin que medie actitud libidinosa alguna, más que el deseo de hacerse con un par de delicias de cangrejo con bonito del norte.

También espectacular es la facilidad con que se abandona la más trascendental de las conversaciones por una ínfima colección de rollitos de jamón con melón.

U observar como estos trabajadores de la bandeja, atentos y serviciales, son rodeados y desvalijados por algo parecido a una caterva de pirañas pero mucho más eficiente.

Y algo inenarrable es la cara de esa señora de la que hablaba antes, tras la ingesta de dos o tres docenas de tan deliciosas pitanzas; cuando contesta al amable ofrecimiento de la muchacha uniformada de turno con un... “no, no, gracias…” alto y fuerte, para que todos se enteren… ”!claro so foca, si te has comido treinta y seis, que los he contado yo…¡”

En fin, yo les aconsejo que en estas ocasiones mantengan las formas, sean elegantes, disfruten del espectáculo y coman al final, cuando ya nadie lo hace; siempre sobran y con la excusa de llegar tarde, seguro que pasas a la cocina y tienes a tu disposición bandejas y bandejas repletas y a seis o siete bellos-as muchachos-as que estarán encantados de atenderte sin prisas.


Texto de La_columna agregado el 11-05-2004.
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