Entre los muchos detalles de estos días también recibí el tuyo y tengo que decirte que me sorprendió sobremanera. Y no por sus efectos musicales, cromatismo, adornos, animación, arte y degustación. Que tú nunca necesitaste de genialidades virtuales para hacerte presente. Ni hortero, ni freak, bonachón, emo, espiritualero, distante y clonizado fue tu regalo de Navidad. Nada de jamones, botellas de cava, esoterismos, calendarios ni bufandas. Y bastó sólo destaparlo para saber que era tuyo. Como siempre: atrevido, personal, directo, insinuante.
Me llamo Consumix Hamid. Vivo en un lugar apartado de Afganistán donde aún no tenemos luz eléctrica. Y tu regalo en cuestión: una Moulinex, la primera batidora de varilla con cuatro cuchillas capaz de picar carne, triturar el más duro pedernal de nuestro suelo, o convertir en picadillo el fuego de nuestro corazón milenario.
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